Exclusivo en línea: La huella porfiriana en Coyoacán

Fundada el 13 de octubre de 1890, la Colonia del Carmen lleva el orgullo porfiriano en su nombre, pues fue bautizada en honor a la famosa esposa del general Díaz, Carmen Romero Rubio. Quizá resulte un poco difícil de creer, pero es probable que este nombramiento no haya sido un capricho del presidente, sino un gesto del personaje a quien le debemos la creación de la colonia: Segismundo Wolff, un comerciante alemán asentado en México desde 1866.

Texto de 28/02/20

Fundada el 13 de octubre de 1890, la Colonia del Carmen lleva el orgullo porfiriano en su nombre, pues fue bautizada en honor a la famosa esposa del general Díaz, Carmen Romero Rubio. Quizá resulte un poco difícil de creer, pero es probable que este nombramiento no haya sido un capricho del presidente, sino un gesto del personaje a quien le debemos la creación de la colonia: Segismundo Wolff, un comerciante alemán asentado en México desde 1866.

Al caminar del Parque Centenario y la Plaza Hidalgo hacia el tradicional mercado de Coyoacán, uno de pronto es sorprendido por construcciones de ladrillo aparente e influencias neogóticas que poco tienen que ver con el entorno colonial del Coyoacán de los atrios arbolados e iglesias barrocas. Hemos dejado atrás los accidentados callejones de traza aún medieval para adentrarnos en una retícula de amplias calles y lisas banquetas. La calle de Cuauhtémoc se convierte así en un umbral que nos permite atravesar trescientos años de virreinato y casi un siglo del México independiente. Si no fuera por el penetrante olor a café quemado de El Jarocho y el ajetreo de los puestos ambulantes, la imagen de la iglesia presbiteriana Getsemaní y el Instituto Juárez podría parecer una postal de alguna ciudad del norte de Europa; esto no es accidental, es lo poco que ha quedado de la huella porfiriana —y, a su vez, del legado alemán y estadounidense— en Coyoacán.

Fundada el 13 de octubre de 1890, la Colonia del Carmen lleva el orgullo porfiriano en su nombre, pues fue bautizada en honor a la famosa esposa del general Díaz, Carmen Romero Rubio. Quizá resulte un poco difícil de creer, pero es probable que este nombramiento no haya sido un capricho del presidente, sino un gesto del personaje a quien le debemos la creación de la colonia: Segismundo Wolff, un comerciante alemán asentado en México desde 1866. Gracias a una profusa investigación por parte de Juan Alberto Díaz Wiechers, sabemos que Wolff nació en Hannover en 1849 y emigró al Nuevo Mundo a la edad de 18 años. Tras una breve estancia en Cuba, llegó al Puerto de Veracruz – posiblemente para integrarse a la compañía Watermeyer – y finalmente se estableció en la Ciudad de México, donde fundaría diversas compañías, entre ellas el cajón de ropa “Al Puerto de Barcelona” en el numero 6 del antiguo Portal de las Flores; es decir, en pleno Zócalo. La historia de aquel cajón está íntimamente ligada a la del Carmen, pues fue a partir de su venta que Wolff pudo adquirir los terrenos de la Hacienda de San Pedro y así fue como, en 1886, “Al Puerto de Barcelona” se convirtió en “Al Puerto de Marsella”, Wolff pasó de ser comerciante a corredor, y los terrenos de la hacienda comenzarían su transformación a moderna colonia.

Fraccionada en los primeros años del siglo XX, el proyecto de Wolff abarcaba alrededor de 300 mil metros cuadrados, los cuales – como se puede confirmar en un documento de la colección particular de Alfonso Estrada y publicado por el portal Centro de Coyoacán – son la extensión de las calles que aún existen hoy en día en la colonia y que conservan su nomenclatura original. De aquella traza también se preserva el parque que el propio Wolff imaginó para su colonia, hoy conocido como “La Fragata” y durante años apodado Plaza Segismundo Wolff; originalmente proyectado como una especie de Alameda, con un trazo a manera de asterisco, su diseño y vocación han sido completamente transformados, pero su historia aún hace eco entre las calles que lo rodean, pues fue planeado para llevar el nombre Plaza Carmen Romero Rubio de Díaz.  

A pesar de las transformaciones que ha sufrido desde su fundación, la Colonia del Carmen es un gran ejemplo del ímpetu modernizador de Porfirio Díaz, pues sigue los estrictos cánones urbanísticos de las grandes urbes europeas decimonónicas, inspirados en la París del Barón de Haussman o el Ringstrasse de Viena. Su desarrollo fue paralelo a otras colonias del porfiriato pero, a diferencia de sus hermanas más famosas, como la Juárez o la Roma, no pudo recuperarse tan rápidamente de los estragos económicos de la Revolución. Su lejanía a lo que en ese entonces era la Ciudad de México – ahora Centro Histórico – pudo haber contribuido a su lenta urbanización y, como consecuencia, al eclecticismo de su arquitectura (en algunas calles más afortunado que en otras). A pesar de esto, aún quedan algunos ejemplos interesantes de arquitectura porfiriana.

Uno de ellos es la ya mencionada capilla presbiteriana Margaret Whittaker McMurtrie, cuya construcción comenzó en 1903 y que está también íntimamente ligada a la historia de la del Carmen. Sus orígenes se remontan a 1897, cuando se instaló el Colegio y Seminario Teológico Presbiteriano en los terrenos de la recién fundada colonia, en lo que ahora conocemos como la escuela Instituto Juárez. Este edificio fue construido por los propios presbiterarianos entre 1904 y 1907, coincidiendo con la creación de la capilla. De acuerdo con Iván San Martín, uno de sus impulsores fue el secretario de Misiones al Exterior de Estados Unidos, quien convenció a su tía, Clara McMurtrie, de donar los fondos necesarios para su creación; lo único que pidió a cambio por su generosidad fue que la capilla llevase el nombre de su madre. El arquitecto encargado de la obra fue Maximilian von Mitzel, también vecino de la del Carmen y quien dejó huella en otro pueblo emblemático del sur de la ciudad, pues en 1898 construyó el Mercado de la Paz en el centro histórico de Tlalpan. Como la capilla presbiteriana de la de Carmen, este mercado representa la llegada de nuevas corrientes arquitectónicas a México a través de la migración de estadounidenses, británicos, franceses y alemanes durante el porfiriato.

Otro alemán que en esos años construyó su casa en los lotes de Segismundo Wolff, y dejó un importante legado arquitectónico y artístico en la Colonia del Carmen, fue Guillermo Kahlo… pero ese es tema para otra historia. EP

NOTA: Para conocer más de Coyoacán y ver otros textos de Veka Duncan, puedes entrar a https://www.amigoscoyoacan.com/

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