Somos lo que decimos: Hablar como ordena el otro. Lenguas imperiales

Los imperialismos han tenido modus operandi semejantes. El romano invadió territorios europeos y con las armas doblegó a las comunidades autóctonas. Acto seguido, impuso a los pueblos derrotados un sistema fiscal, por un lado, y su lengua, por el otro. Con ésta fue posible aculturarlos en lo relativo a la religión, primera y prioritariamente, y con ella […]

Texto de 19/07/17

Los imperialismos han tenido modus operandi semejantes. El romano invadió territorios europeos y con las armas doblegó a las comunidades autóctonas. Acto seguido, impuso a los pueblos derrotados un sistema fiscal, por un lado, y su lengua, por el otro. Con ésta fue posible aculturarlos en lo relativo a la religión, primera y prioritariamente, y con ella […]



Somos lo que decimos: Hablar como ordena el otro. Lenguas imperiales

Los imperialismos han tenido modus operandi semejantes. El romano invadió territorios europeos y con las armas doblegó a las comunidades autóctonas. Acto seguido, impuso a los pueblos derrotados un sistema fiscal, por un lado, y su lengua, por el otro. Con ésta fue posible aculturarlos en lo relativo a la religión, primera y prioritariamente, y con ella valores, costumbres, tradiciones… o sea una visión del mundo. Los griegos, aunque vencidos, impregnaron con su portentosa cultura el latín. Nuestro idioma se nutrió originalmente de esas aportaciones. Luego de ocho siglos de dominación árabe, el español naciente asimiló cientos de palabras de la lengua invasora (almendra, alcohol, alberca, alacena, alcalde).1

Sobrevino después una calca de la imposición latina: el imperio español sometió a los pueblos de lo que hoy es América a sus requerimientos económicos y a la lengua castellana.2 Con ella llegó el catolicismo y su moral intrínseca. Expertos en mercadotecnia, los conquistadores sepultaron las pirámides bajo iglesias construidas con cascajo antes sagrado y, con lucidez, transformaron a la icónicamente blanca María en la morena Guadalupe.3

Durante el virreinato, la supremacía de la lengua española redujo el uso de lenguas indígenas.4 Actualmente, poco más de diez por ciento del total de la población mexicana es aborigen y sólo tres por ciento se comunica exclusivamente por medio de una lengua nativa. Sin ser un imperio, los mestizos casi hemos erradicado idiomas distintos del español, excepción hecha —claro está— del inglés. Ello a pesar de que se han creado institutos como el Nacional Indigenista y el Nacional de Lenguas Indígenas, que no han conseguido que en las escuelas para mestizos se imparta, ni como materia optativa, Etimologías Prehispánicas, por ejemplo.

En Oriente, una dinastía china llevó su escritura a Japón, la que hoy llamamos kanji, y corrientes de pensamiento como el taoísmo, entre otros elementos culturales.

Vendrían luego los imperialismos británico y francés en amplias zonas del mundo. El primero se extendió a lo que hoy es Estados Unidos, África central (Uganda, Kenia) y Asia, en especial la India. Francia, por su parte, también sojuzgó regiones de este último continente (Indochina, léase Vietnam), África del Norte (Argelia, Túnez), Occidental (Senegal, Costa de Marfil) y, en el Caribe, Haití. Esto explica por qué millones de personas se comunican diariamente en inglés o en francés sin que sean sus lenguas maternas y también —asunto hoy candente— el porqué de su migración masiva a las antiguas metrópolis imperiales.

Portugueses, holandeses y belgas, crueles esclavistas, tuvieron colonias “más modestas”: los primeros se agenciaron Brasil y algunas naciones “productoras” de mano de obra gratuita: Angola, Mozambique; los segundos, Surinam, en Sudamérica, y Sudáfrica, donde modificaron con anglicismos su propia lengua: así nació el afrikáans. El imperialismo de Bélgica martirizó al Congo.

Todos aquellos idiomas maternos, como nuestras lenguas indígenas, fueron relegados al habla informal. En varios territorios se impusieron el protestantismo o el catolicismo por encima del credo musulmán y de otros más locales.5 Los conflictos actuales en naciones como Nigeria o Pakistán son parte del tiradero que en todos aspectos dejaron los europeos. A cambio, las “honraron” con topónimos (New York, Nuevo León, Nouvelle-Orléans).

Después de la Segunda Guerra Mundial, Rusia inventó a la urss y al llamado “bloque socialista”, rebanada de pastel obtenida en el reparto de países que los aliados vencedores pactaron para el planeta. Trataron de establecer el ruso como lengua oficial de sus colonias, militarmente controladas por el Pacto de Varsovia. La imposición del idioma tuvo un éxito relativo en las escuelas, pero su trascendencia social fue nula. El movimiento de los pioneros era un catecismo cultural impuesto a sus satélites, incluida Cuba, a fin de militarizar y adoctrinar a la niñez y a la juventud, como antes se había intentado con los Boy Scouts y las juventudes hitlerianas. Rusia no pretendió inculcar a sus entenados ninguna religión (más bien decretó una prohibición religiosa) pero fracasó rotundamente, por ejemplo, en la católica Polonia. Precisamente la ideología y la lengua de Juan Pablo II contribuyeron, quién lo habría imaginado, a la caída del Muro de Berlín.6

También en el siglo xx se afianzó el imperio estadounidense. Sigue vigente. Salvo en casos aislados (como Afganistán o Siria) las armas ya no tienen tanto peso como los factores económicos, ni son el primer paso. Desde Wall Street se debilitan o se adquieren naciones, como en los juegos de mesa Turista Mundial y Monopoly. La lengua inglesa se impuso mundialmente como lingua franca, a veces secundada por el protestantismo: basta voltear a Oaxaca o Chiapas para comprobar el ascenso de sectas sostenidas por dólares. Culturalmente, la victoria de Estados Unidos ha sido aplastante: no sólo nosotros sino todo el mundo canta y baila su música,7 ingiere sus comidas chatarra, ve cine y series de televisión subtituladas o dobladas, se viste como ellos, le va a sus equipos deportivos, porta sus colores y vuelve prestigiosos los neologismos del inglés (el más reciente es pos(t)verdad, es decir post-truth).8

Lengua + religión = “¡Habla en cristiano!”, ordenaban con soberbia los castellanos autoritarios.  ~

NOTAS

1. También heredamos detalles arquitectónicos, sistemas hidráulicos, la talavera, el canto doliente…

2. Como se sabe, Filipinas tomó su nombre de Felipe II, quien impuso asimismo nombres y apellidos castizos.

3. No es alusión electoral.

4. La cantidad de nahuatlismos, sea por caso, en nuestra habla es ínfima.

5. No ocurrió el fenómeno contrario: que el cristianismo fuera suplantado por el islam.

6. Todavía hay poblaciones divididas por el idioma, como la belga, tironeada entre el flamenco y el francés; unas mucho más armónicas, como la cuatripartita Suiza, y otras, destacadamente Paraguay, donde conviven en concordia el guaraní y el español.

7. La guapachosa es nuestro último valladar.

8. La próxima entrega de “Somos lo que decimos” se enfocará en un tema derivado: los anglicismos en español.

* Imagen: La colonización o llegada de Hernán Cortés a Veracruz, Diego Rivera (Palacio Nacional).



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