Acompañar a quien acompaña: Personas que caminan con infancias en contextos adversos

¿Quién sostiene a las personas que caminan con infancias en contextos adversos? Nadia López García habla sobre las personas que acompañan a contracorriente, desde sus propios recursos, posibilidades y limitaciones. 

Texto de 11/07/22

¿Quién sostiene a las personas que caminan con infancias en contextos adversos? Nadia López García habla sobre las personas que acompañan a contracorriente, desde sus propios recursos, posibilidades y limitaciones. 

Desde hace mucho tiempo nuestro país dejó de ser un espacio seguro y amable para las infancias y su tránsito por esta vida. Desde el norte hasta el sur de nuestro territorio, según UNICEF, se calcula que 6 de cada 10 niñas y niños han vivido experiencias violentas de distinta índole. Esta y otras cifras reflejan el doloroso y aterrador panorama de vulneración de derechos y violencia hacia las infancias y adolescencias en nuestro país. Sin embargo, en medio de este panorama, hay personas honestas, valientes y solidarias que deciden acompañarles para hacer un poco más habitable su paso por este mundo. 

En México, decidir acompañar a infancias y adolescencias desde procesos creativos, culturales y artísticos, basados en la dignidad, horizontalidad y ternura, es uno de los actos más revolucionarios que existen: se trata de una posición política y ética ante la vida. Sin embargo, por mucho tiempo no se le ha dado la importancia y apoyo merecido; incluso, desde distintos espacios se ha desdeñado el trabajo con infancias. Muchas de las personas que acompañamos con palabras, canciones, historias, dibujos, silencios, miradas, libros, cuidados, poemas a las infancias, las acompañamos a contracorriente, desde nuestros propios recursos, posibilidades y, también, limitaciones. 

Desde hace varios años decidí acompañar a infancias en procesos de migración y/o desplazamiento, mucho debido a mi propia historia migratoria cuando era niña. Mediante talleres buscamos transfigurar la pérdida y el impacto del tránsito a través del arte para metaforizar y simbolizar la experiencia y reconstruirla. En este recorrido he tenido la oportunidad de conocer a muchas y muy valiosas personas que también decidieron acompañar física y simbólicamente a infancias en contextos adversos; he podido escuchar decenas y decenas de experiencias, sentires e incluso pesares de este trabajo tan necesario y a veces tan olvidado.

Recuerdo mucho a Azucena, una maravillosa tallerista y mediadora de lectura a quien tuve la fortuna de conocer hace varios años en el trabajo que desarrolla con infancias en la frontera sur de nuestro país; una frontera muy cruda y cruel con las personas que la transitan y más con la niñez, donde lamentablemente se viven experiencias muy violentas de forma constante. Mamá Chuche, como le dicen de cariño, hasta la fecha, abre su casa, su sala y su patio para invitar a niñas y niños que transitan por ahí a escuchar una historia, a contar un sueño, a tomar un atole calientito con pan y a tener por un momento un espacio seguro y tranquilo para platicar, para reír y también para llorar. Recuerdo que Azucena me contaba que a veces gran parte de sus ingresos se iba en comprar colores, hojas, libros y todo aquello que ofrecía en su espacio de lectura; “a veces prefiero comprar material para los niños que los zapatos que me hacen falta”: decía, mientras llevaba su caja con materiales para compartir en la calle o en algunos albergues de Chiapas. Pienso en Azucena y en el trabajo que realiza prácticamente sola, con sus propios recursos y con todo el cariño y respeto hacia las infancias con las que camina, infancias que pocos quieren mirar. Así como Azucena, podría nombrar a muchas y muchos talleristas, mediadores de lectura, narradores, cuidadores, que comparten su tiempo, vida y recursos con distintas infancias, sin ninguna pretensión más que posibilitar espacios reales, horizontales, cariñosos y dignos para que niñas y niños puedan estar en un lugar seguro, cálido, gozoso.

“Recuerdo que Azucena me contaba que a veces gran parte de sus ingresos se iba en comprar colores, hojas, libros y todo aquello que ofrecía en su espacio de lectura”.

Quiero nombrar a don Chuy, uno de mis más grandes maestros de vida. Cuando lo conocí, en la Sierra Sur de Oaxaca, me impresionó la dignidad con la que tejía y construía diálogos con las infancias. Él era un maestro de educación indígena ya retirado, que recibía una pensión muy pequeña con la que apenas y salía al mes y aun así destinaba recursos para comprar libros, colores, cartulinas y hojas para las infancias que se acercaban por las tardes a la cancha del pueblo a jugar, a cantar y crear historias. Recuerdo que el maestro Chuy me contaba que hacía eso porque a muchos niños los ponían a trabajar después de clases y ellos querían jugar y crear sus historietas; también lo hacía porque estaba llegando al pueblo mucha gente para llevárselos a rayar amapola: “Una vez que entran de rayadores, muchos se meten a todo ese mundo de la droga y ya después pierden la vida bien jovencitos; acá no les puedo ofrecer mucho, sólo algunos colores, libros, dulces y que sepan que les comparto mi tiempo y lo poco o mucho que tengo, que sepan que los escucho con atención y que para mí sus vidas e historias son valiosas, sus sueños son valiosos”: decía mientras recogíamos los materiales de la cancha. Algunas semanas después terminó mi interinato en esa comunidad y dejé de ver al maestro Chu. Tiempo después volví a la comunidad y lo busqué: ya no estaba en la cancha. Al preguntar por él me dijeron que se fue de ahí, porque algunas personas ya lo molestaban mucho; esas palabras sacudieron mi corazón. Después de buscarle di con él, platicamos largo rato y entre lágrimas me dijo que dejó de compartir con los niños porque un día llegaron a la cancha unos hombres, lo siguieron a su casa y lo amenazaron; “necesitamos niños que vayan a rayar”: fue lo último que escuchó antes de sentir el golpe en su cabeza.

En ese momento me hice más consciente de que a muchas personas que acompañamos a infancias en contextos adversos, nadie nos acompaña. En nuestro país, la mayoría de personas que sostienen, acompañan, miran, escuchan y dialogan dignamente con las infancias y adolescencias, a través del arte, no tienen un sueldo bien remunerado por lo que hacen; a veces ni sueldo tienen, no tienen seguridad social ni prestaciones de ley. Muchas lo hacemos desde un trabajo totalmente voluntario y sin esperar ninguna remuneración a cambio; lo hacemos porque creemos en la creación de espacios seguros para la memoria y el juego, para la palabra y el silencio, para los sueños y los pensamientos; lo hacemos con poco o nulo apoyo de las instituciones y a veces a pesar de las instituciones. 

Las personas que acompañan infancias y adolescencias en procesos artísticos y culturales en este país están haciendo una revolución. La revolución de acompañar digna, cariñosa y solidariamente a otras y otros en este viaje por el mundo, por el camino, por la vida. Sin embargo, son las que menos tienen protección y acompañamiento, ya sea que trabajen de forma independiente o para alguna institución. Por ello, muchas decidimos acompañarnos entre nosotras, sostenemos con palabras y a veces con silencios, nos donamos material y acervos para seguir trabajando. 

¿Por qué no hay una Encuesta Nacional de Cultura Infantil en nuestro país? ¿Quiénes son y en dónde están las personas que acompañan infancias desde el arte y la cultura en nuestro territorio? ¿Por qué la mayoría del acompañamiento que se realiza a infancias en contextos adversos no recibe ningún pago? ¿Quién nos acompaña metodológica, jurídica y psicoemocionalmente a quienes acompañamos a infancias y adolescencias en nuestro país? 

“¿Quiénes son y en dónde están las personas que acompañan infancias desde el arte y la cultura en nuestro territorio?”

Qué importante es acompañar cariñosa, honesta y respetuosamente a quien acompaña a infancias y adolescencias en cualquier territorio. A las personas que trabajan con infancias y he tenido la gran fortuna de conocer les recomiendo lo siguiente: hagamos red, hagamos comunidad, sostengámonos unas a otras, envolvámonos en palabras y cuidémonos entre nosotras. Hacer un mapa de ubicación de las compañeras y compañeros que se dedican a acompañar infancias es importante por muchas razones, ahora mencionaré tres: 

1.- Para sostenernos emocionalmente. Muchas de las personas que trabajamos desde el arte y la cultura con infancias y adolescencias en contextos adversos, sabemos que indudablemente y por más preparación que tengamos, también nos dolemos, nos deprimimos, nos decaemos, nos estresamos y nos cansamos. Por ello, es necesario tener una red para poder hablar, para poder socializar las experiencias y transfigurarlas. En mi caso, tengo amigas con las que cada cierto tiempo nos reunimos a platicar sobre lo que nos duele, sobre el poco o nulo apoyo que recibimos en alguna gestión, sobre tal o cual grupo que estamos acompañando y que sentimos que la experiencia nos está rebasando; nos envolvemos con palabras, nos escuchamos, fortalecemos y buscamos rutas de solución y apoyo para poder seguir. 

2.- Para sostenernos metodológicamente. Como menciona Paulo Freire, nadie sabe todo, pero tampoco nadie ignora todo, entre todas y todos aprendemos colectivamente. A pesar de que hay algunas instituciones que ofrecen cursos y seminarios de preparación para quien trabaja con infancias y adolescencias desde el arte, los espacios siguen siendo limitados y no todas y todos tienen la posibilidad y condiciones para poder tomar la preparación. Por ello, hemos visto la necesidad de sistematizar y compartir de cara a cara y de forma directa nuestras experiencias, acervos, herramientas, metodologías de acompañamiento. Es indispensable poder compartir experiencias con el grupo cercano. 

3.- Para sostenernos seguramente. Todo nuestro país es un campo minado, incluso aquellos lugares apartados que considerábamos como seguros ya no lo son; día con día me llegan noticias y mensajes de compañeras y compañeros sobre el panorama de inseguridad que están viviendo. Nos cuentan sobre balaceras que se desatan en las plazas donde están trabajando, sobre el narco y la inseguridad, sobre los conflictos agrarios con mineras donde las infancias también son violentadas y donde ellas y ellos como mediadores y talleristas culturales, también, son perseguidos, golpeados y amenazados por querer construir espacios de paz en medio de esos territorios. Por ello, es indispensable hacer esta red, cuidarnos y sostenernos entre nosotras y nosotros, generar directorios de aliadas y aliados, planes y protocolos de seguridad acordes al contexto propio. 

Acompañar a quien acompaña es un asunto urgente, podemos hacerlo desde distintos espacios y maneras. Lo importante es generar una red que sostenga a las tantas personas que acompañan infancias que están transitando por territorios y situaciones adversas, hacerles saber que no están solas en este trabajo tan necesario con la niñez. EP

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