El multilingüismo en la vida cotidiana

¿Por qué crecemos asumiendo que lo normal es hablar sólo una lengua? El lingüista Renato García González reflexiona sobre el multilingüismo y las causas por las que las sociedades han tendido a volverse monolingües.

Texto de 17/11/22

¿Por qué crecemos asumiendo que lo normal es hablar sólo una lengua? El lingüista Renato García González reflexiona sobre el multilingüismo y las causas por las que las sociedades han tendido a volverse monolingües.

En entregas anteriores hemos mencionado que la facultad humana para desarrollar gramáticas es una condición inherente a todos los miembros de la especie humana y que esa capacidad, en la medida que se manifiesta en lenguas y dialectos particulares, es la base de la variación misma de las lenguas. Las lenguas varían de manera natural conforme las usamos en la vida cotidiana. 

De un tiempo a la fecha se ha atestiguado la proliferación de escuelas y modelos educativos bilingües, también se han publicado artículos de divulgación y de ciencia popular en los que se ponen de relieve los beneficios del bilingüismo. De la misma forma, se han publicado artículos de investigación científica en los que se evalúan las ventajas cognitivas del bilingüismo. En esta ocasión me gustaría reflexionar, precisamente, sobre el bilingüismo y sobre cómo o por qué una gran cantidad de personas somos monolingües y/o monodialectales. 

Para comenzar me gustaría plantear el problema de qué significa ser bilingüe. En una definición clásica del lingüista norteamericano Leonard Bloomfield (1933), una persona es bilingüe cuando tiene “un dominio de dos o más lenguas igual que el de un nativo”.1 Usualmente se cree que una persona es bilingüe cuando conoce simultáneamente un gran diccionario de palabras, cuando tiene plenamente internalizadas todas las reglas sintácticas y cuando pronuncia de la misma forma que una persona nativa. En otras palabras, una persona bilingüe sería indistinguible de un hablante nativo. El sociolingüista Uriel Weinreich, en 1953, propuso que el bilingüismo es “…la práctica de utilizar dos lenguas de forma alternativa (…) y a las personas implicadas bilingües”.2 Esta definición no nos dice nada acerca de cómo puede ser el uso alternativo de las dos lenguas. 

Resulta sorprendente que en la actualidad la caracterización más común del bilingüe y del bilingüismo sea muy parecida a la definición de Bloomfield. Sin entrar en más detalles, diré que una caracterización en esos términos sólo logra llevar a la estigmatización de las personas y comunidades bilingües, puesto que en las condiciones típicas son discernibles con respecto a los hablantes nativos monolingües. 

Ahora bien, muchas personas en algún punto de su escolarización o de su vida, han tenido que tomar cursos de una segunda lengua o de lenguas extranjeras. En las escuelas del sistema nacional mexicano, esto típicamente quiere decir que tuvimos cursos y clases de inglés. Usualmente, en los contextos urbanos, para poder ser bilingües hay que tomar cursos de una segunda lengua. Es decir, parece que crecemos de manera normal como personas monolingües y que se tiene que hacer algo de trabajo extra para ser bilingües. Las razones para ello son diversas: por cuestiones escolares, laborales o, en algunos casos, simplemente por gusto. 

“…parece que crecemos de manera normal como personas monolingües y que se tiene que hacer algo de trabajo extra para ser bilingües”.

Una realidad de este país, un tanto relegada en los mencionados contextos urbanos, es el hecho de que la mayoría de las personas hablantes de lenguas originarias, típicamente son, también, hablantes de español. Es decir, son bilingües, entre la lengua de su comunidad y el español. Usualmente estas personas son bilingües por necesidad, puesto que en México la mayoría de la educación se ofrece en español, así como la salud y la justicia, por lo que en la mayoría de los casos no les queda de otra

Diversos estudios han demostrado que los sujetos bilingües suelen tener ciertas ventajas cognitivas con respecto a sujetos monolingües en condiciones semejantes. Del mismo modo, estudios recientes han demostrado que el cerebro humano no distingue cuando habla una lengua o cuando habla otra en situaciones en las que tiene que cambiar de lenguas en la vida cotidiana. En cierto sentido, parece ser que los cerebros humanos están hechos para manejar/procesar más de una lengua o, si lo planteamos de otra forma, parece que los cerebros humanos no distinguen entre lenguas. ¡¿Cómo?! Pareciera ser que, dado que 1) los cerebros de la especie humana pueden manejar más de una lengua sin problemas, y 2) visto que todas las lenguas varían con el paso del tiempo o dependiendo la región en la que se hablen, es plausible suponer que el multilingüismo —y no el monolingüismo— es el estado natural con respecto a la cantidad de lenguas que deberían poseer los humanos. 

Si lo anterior fuera cierto, entonces ¿por qué actualmente en el caso habitual las personas tienden a ser monolingües y sólo en casos no-tan-habituales, multilingües (casos como en familias en las que los padres hablan lenguas diferentes o casos de familias dislocadas en lugares en las que la lengua de la población general es diferente). La lingüista mixe Yásnaya Aguilar ya ha explicado en múltiples artículos que en México la diversidad lingüística tuvo un gran declive a partir de la implantación del Estado moderno. Lo mismo podría decirse de otros países en los que existe una lengua dominante, como muchos de América Latina o incluso en países de Europa, como Francia, donde la lengua francesa se impuso sobre otras lenguas regionales como el bretón o el occitano, o en España, donde actualmente todavía hay pugnas por el uso de las lenguas que fueron prohibidas durante el franquismo.

“Disfrazadas de identidad nacional se implantan una serie de creencias y prácticas cuyo objetivo es, en última instancia, ejercer el control”.

El Estado moderno, aunado a las dinámicas capitalistas y patriarcales, tiene una fuerte tendencia a la homogeinización de su población. Disfrazadas de identidad nacional se implantan una serie de creencias y prácticas cuyo objetivo es, en última instancia, ejercer el control. La idea de que una nación debe identificarse con una lengua es el más claro ejemplo de este ejercicio del poder.

El español en México se ha convertido a lo largo del tiempo en la lengua de la mayoría de la población, puesto que de facto, todos los derechos que garantiza este Estado se ofrecen en español. El monolingüismo, así entendido, parece ser una comodidad administrativa o un requerimiento de la burocracia estatal; parece estar en contra de las tendencias naturales de la especie humana. En algunas comunidades amazónicas, históricamente, se ha practicado la exogamia lingüística; es decir, las alianzas matrimoniales se buscan en otras comunidades, con lenguas diferentes, por lo que, en los hechos, las poblaciones son multilingües.

El multilingüismo (y el multidialectalismo) parecen estar fuertemente favorecidos por la cognición humana, tanto en el hecho de que siempre habrá diversidad lingüística y dialectal como porque todas las lenguas cambian entre hablantes y entre comunidades. El monolingüismo es, en ese sentido, una situación anómala —y no al contrario— provocada en buena medida, por una situación artificial, como los Estados modernos o los nacionalismos. Sirva esto para detenernos a pensar en lo maravilloso que sería hablar de manera natural no sólo dos, sino tres o cuatro lenguas, sin que nos demos cuenta, sin que signifique esfuerzo extra. EP


  1. Bloomfield, Leonard, 1933, Language. New York: Henry Holt. []
  2. Weinreich, Uriel. (1953). Languages in Contact. The Hague: Mouton. []
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