Los muchos destinos (Guerra y paz, de Lev Tolstói)

Pável Granados viaja en la historia de Guerra y paz para descubrir, junto con él, cómo podríamos vivir la historia que hoy vivimos, qué personajes podemos ser.

Texto de 26/02/21

Pável Granados viaja en la historia de Guerra y paz para descubrir, junto con él, cómo podríamos vivir la historia que hoy vivimos, qué personajes podemos ser.

No soy nadie para decir nada en torno a Guerra y paz, además no tengo tiempo. Y precisamente por eso, por la falta de tiempo, es que debo apurarme si quiero dejar unas cuantas palabras escritas. Por ejemplo: que las grandes novelas ejercen sobre mí una extraña fascinación; antes de leerlas me preparo para pasar una parte de mi tiempo en compañía de personas que no me percibirán, pero las cuales me dejarán estar junto a ellas de manera fantasmal. El grado de desnudez e intimidad que me permitan depende de su autor. Y como mis opiniones finalmente no importan, puedo decir lo que quiera.

Por ejemplo, que Guerra y paz comienza con el ventarrón inmenso de la Historia y termina con el leve soplo que apaga la vela para que duerma en su alcoba el pequeño hijo del príncipe Andrey (¡gran decepción narrativa!). Es lo contrario del “efecto mariposa”, pues Napoleón invade Rusia y, años más tarde, Tolstoi ojea inermes páginas de Historia que rememoran los acontecimientos. Allá, lejos, sobrevolando los muchos destinos de los personajes, se escucha la voz del novelista discutiendo su idea de los acontecimientos históricos con los eruditos franceses, afectos a las grandes frases que, por desgracia, aclaran muy poco.

“Así, pueden ver por lo menos, a lo lejos, a Napoleón. ¡Y resulta que no tiene nada de extraordinario!”

Los personajes de esta obra logran franquear el máximo obstáculo para los personajes de la ficción: contemplar y mezclarse con los personajes históricos. Así, pueden ver por lo menos, a lo lejos, a Napoleón. ¡Y resulta que no tiene nada de extraordinario! ¿Cómo explicar entonces una época a partir de este personaje que a veces exhala mediocridad? También exhala realidad, pero en eso se parece mucho a los personajes de la novela. Pocas veces podría uno estar seguro de lograr tocar a un personaje de ficción como se puede decir de éstos que cruzan por Guerra y paz. Tolstoi recorrió la Historia con sus lecturas, yo recorro la trama con la memoria, y voy recordando pasajes emotivos, sorprendentes. Igualmente, recorro la gama de recursos del autor: ¡no se agotan jamás! A veces recurre a las cartas, en ocasiones a la ironía despiadada. Como su crónica de la representación de una ópera, relatada desde los ojos de una muchacha aburrida: unos cantantes caminan para un lado, luego otros para el otro, uno canta junto a otro, luego solo y al final cantan todos juntos. El maravilloso hastío de una muchacha que espera que termine todo eso para poder ver al hombre que ha comenzado a amar. O aquella noche de Navidad en que los jóvenes hacen grupo aparte para hablar de la vida, del misterio de la muerte… y que responden cuando llega un adulto a molestar: “No nos interrumpas, ¡estamos filosofando!” Hay varios secretos de la literatura y de la vida en estas páginas, pero por desgracia no tomé nota. Al fin y al cabo todas esas ideas de la juventud que nos iban a servir como armamento para la vida terminan desgastados o guardados en un cajón, cuando no quedan en ridículo en el momento en que se tienen que poner a prueba en la realidad.

“Al fin y al cabo todas esas ideas de la juventud que nos iban a servir como armamento para la vida terminan desgastados o guardados en un cajón, cuando no quedan en ridículo en el momento en que se tienen que poner a prueba en la realidad.”

De todas las subtramas que se cuentan aquí, de todos los niveles de conocimiento (la Historia, la Filosofía, la naturaleza), hay una persistente que comienza en la primera página y continúa por entre los peligros y la desilusión: es la vida de Pierre Bezujov. Él, antes de heredar una de las grandes fortunas de Rusia, no es más que un oficial frívolo, al cual terminar por educar las grandes catástrofes de su tiempo. Es apresado por los franceses durante la toma de Moscú, pero decide ocultar su identidad, lo que significa que desciende para ver la vida desde el sufrimiento y la destrucción. Como descender implica conocimiento, pero también purificación, Pierre logra mirar de frente el horror de la realidad y logra la sabiduría para regresar con su familia para intentar vivir reconciliado con el destino. Es lo que intentamos hacer nosotros ahora, mirarnos en la imagen aterrada que nos devuelve el mundo. Mientras tanto, él continúa su paso, indiferente a las epopeyas que lleva siglos inspirando. EP


Lev Tolstói. Guerra y paz / Voiná i mir (1869), versión directa del ruso y notas, Irene y Laura Andresco, 2ª reimp. Madrid, Alianza Editorial, 2018.

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