La literatura mexicana está pasando un momento muy bonito: Entrevista con Juan Pablo Villalobos

El escritor Juan Pablo Villalobos platicó con Este País sobre su más reciente novela Peluquería y letras, editada por Anagrama.

Texto de 19/08/22

El escritor Juan Pablo Villalobos platicó con Este País sobre su más reciente novela Peluquería y letras, editada por Anagrama.

Juan Pablo Villalobos nació en México en 1973 y vive en Barcelona desde 2003. En Anagrama ha publicado todas sus novelas, traducidas en más de quince países. En su novela más reciente, Peluquería y letras, despliega su característico humor inteligente, su perspicacia de observador, su capacidad para descubrir lo extraño en lo cotidiano. Y escribe una novela a la luz de la alegría, la ternura o el optimismo. Una novela sobre el amor, la vida familiar, el dinero, el éxito profesional, la rutina, el futuro, la salud y el sentido y la utilidad de la literatura en tiempos de resentimiento y odio.

Este País (EP): En esta ocasión vienes a México presentando Peluquería y letras, editado por Anagrama, y quisiera empezar con esta pregunta: ¿se puede escribir siendo feliz? 

Juan Pablo Villalobos (JPV): De eso se trata el libro, es una exploración de las posibilidades narrativas que tiene determinado relato de la felicidad. Y un cuestionamiento de cómo se cuenta la felicidad en los cuentos infantiles, por ejemplo, o los relatos religiosos. O de cómo los relatos del éxito profesional, del éxito en el amor, entienden la felicidad como un lugar al que hay que llegar, una conquista donde hay que vencer una serie de obstáculos para llegar allí. Hay una idea de que la felicidad es un estado al que hay que llegar, al que hay que aspirar, al que hay que esforzarse para llegar y que una vez que se llega ahí ya se acabó ya no hay nada que contar. La idea del libro es que, a partir de ahí, hay que empezar a contar algo, o hay que ver qué se puede contar.

“Aunque no pase nada, siempre están pasando cosas, solo en lo aparente no están sucediendo cosas y desde el punto de vista político, la estabilidad es el relato del conservadurismo, ¿quien quiere que las cosas no cambien?”

EP: Pareciera entonces que en la novela la estabilidad es una constante y que tiene sus consecuencias. ¿Cuáles son esas consecuencias de una estabilidad aparentemente feliz?

JPV: Bueno, en términos narrativos suele decirse que la estabilidad es un estado en el que ya no sucede nada; justamente la estabilidad quiere decir “no hay grandes cambios, no hay grandes accidentes, nada se altera, nada en lo fundamental se altera”, por lo tanto, como que no valdría la pena contarlo, pero es mentira. Aunque no pase nada, siempre están pasando cosas, solo en lo aparente no están sucediendo cosas y desde el punto de vista político, la estabilidad es el relato del conservadurismo, ¿quien quiere que las cosas no cambien? Los que están muy a gusto o felices, los que tienen todos los privilegios, que nada cambie, por que si cambia a lo mejor resulta que pierdo mis privilegios; entonces ahí empieza un cierto relato de entender la estabilidad como algo que tiene que defenderse, y a partir de ahí uno se pone a la defensiva efectivamente y uno puede ser incluso violento para defender ese espacio con tal de que nadie intervenga, nadie rompa, porque en el fondo nos reconocemos frágiles, vulnerables, en el fondo sabemos que esa estabilidad no es permanente, es precaria, está siendo amenazada permanentemente; ahí viene un relato paranoico, que es el relato de conservadurismo, el conservadurismos siempre ve enemigos por todos lados.

EP: ¿La vida de un escritor es estable? 

JPV: No. La vida de un escritor ya desde el punto de vista económico es o precaria o es multitasking, como se dice ahora. Yo después de muchos años he llegado a una situación, como lo digo en la novela, de cierta tranquilidad económica, pero que implica muchísimo trabajo, pero de verdad mucho: multiempleo, dos clases en tres diferentes universidades, tengo talleres, tengo derechos de autor, trabajo adaptaciones de guiones, trabajo en mil cosas y llegar ahí es un privilegio. En el fondo digo “podría tener un trabajo, y estar más tranquilo, menos cansado”; desde ese punto de vista, hay siempre una precariedad, hay siempre una amenaza, y yo creo que el escritor siempre tiene que intentar sentirse no infeliz pero sí incomodo, inquieto, y es un poco lo que hago en Peluquería y letras; es decir, llega un momento en el que digo, está todo bien, y esto fue lo que me sucedió hace unos años, de pronto dije, empecé a decirle a amigos, a gente cercana: “es la primera vez en mi vida en la que pienso, si ya nada cambia por mí así está bien”. Como que había vivido toda mi vida siempre buscando algo más, inconforme con ciertas circunstancias, esto no me gusta, quiero otra cosa, y de pronto se acomodaron, llegué a un sitio que no sé si era la felicidad, pero al menos era la comodidad, y con cierta tranquilidad y cierta satisfacción dedico mi tiempo a hacer las cosas que me gustan; sí, estoy muy cansado y tengo mucho trabajo, pero hago lo que quiero, llego muerto de dar clases, pero estoy hablando de literatura, estoy hablando de cine, estoy hablando de arte, son las cosas que me gustan, es mi vida, es lo que yo quería hacer. De pronto me descubrí repitiéndole a amigos: “es la primera vez en mi vida en la que mi pensamiento es este, es como si todo se va a quedar así, ya me parece muy bien”, hasta que un día me doy cuenta que ese es el inicio del conservadurismo, es el momento en el que te vuelves conservador, y pensé ¡ay güey!, en lugar de ocultarlo yo veía una posibilidad de explorar ese conflicto y bueno, éste es ahora mi lugar, qué hago con él. 

“…me parece que hay algo complicado desde el punto de vista, más que de la literatura, de la sociología de la literatura, como cuál es el lugar que ocupa un escritor en la sociedad, qué función cumple”.

EP: Es muy fuerte cuando uno empieza a pensar en la figura del escritor como todas estas figuras que ya están como canonizadas, que ya no se pueden criticar. ¿Cómo es esta contraposición con el escritor que tú eres y con estas figuras ya consagradas? 

JPV: A mí lo que me parece problemático de esa idea de la consagración o del prestigio es que a partir de ahí surge la autoridad; es decir, el escritor visto como una autoridad, intelectual y moral, por eso opina de todo y por eso escribe como pomposamente sus análisis de la realidad, y me parece que hay algo complicado desde el punto de vista, más que de la literatura, de la sociología de la literatura, como cuál es el lugar que ocupa un escritor en la sociedad, qué función cumple. La manera en que yo entiendo la literatura, el escritor más que ser una autoridad, más que ser una estatua, es como un intermediario, como alguien que sabe observar, sabe escuchar, sabe dialogar y canaliza todo lo que está sucediendo a su alrededor y es capaz de transformarlo en literatura, pero no porque es algo que suceda dentro de mí; es algo que sucede en mí, sí, pero en mi contacto con el mundo, no aislado. 

EP: ¿Eres de los que separa la obra del autor? ¿Se puede lograr eso?

JPV: No, no se puede. Eso no quiere decir que el narrador sea lo mismo que el autor, pero es imposible, es absurdo. Para mí esa discusión está superada, desde la arte, desde la literatura, desde el cine; eso no quiere decir que narrador, autor, personaje, sean lo mismo, pero sí quiere decir que el autor es responsable de lo que escribe; responsable quiere decir ser consciente de las implicaciones simbólicas de lo que cuenta en sus libros, cómo es que está simbolizando a su sociedad, ahí hay una responsabilidad. Si yo cuento una novela situada en mi ciudad, en mi país y hablo de los problemas sociales, conflictos, crisis que suceden, soy responsable de la manera en que estoy simbolizando esa sociedad y de lo que estoy diciendo, de cómo estoy interpretando esa realidad, entonces yo contribuyo a ciertos discursos, contribuyo con esa literatura a ciertos mensajes que luego pueden ser utilizados políticamente, hay una responsabilidad ahí. 

EP: Peluquería y letras es una especie de juego con estas voces de narrador, autor, un escritor en la novela, un escritor por fuera. ¿Qué tan complicado fue jugar con esa idea de autoficción para lograr este ejercicio humorístico? Porque además en la novela te ríes y te ríes a carcajadas.

JPV: Es, digamos, un ejercicio que empieza con la autoparodia, más que autobiográfico es un juego que parte de mis circunstancias personales reales, del escritor que vive en Barcelona, que tiene dos hijos, que está casado con una brasileña, todo esto es real, pero que no lo utiliza para construir una posición de autoridad, o de prestigio, sino para empezar a reírse de sí mismo y a partir de ahí cuestionar quién es y desde qué lugar está contando la historia y qué posibilidades tiene de transformar su realidad inmediata en literatura.

EP: ¿Cómo te sentías tú al momento de estarte viendo en el espejo que es la literatura, y en particular, esta novela?

JPV: Tengo que decir que fue muy divertido escribir Peluquería y letras, la disfruté mucho. Siempre hay una parte un tanto tortuosa de la escritura que tiene que ver con la inseguridad, con las dudas, pero hay un momento en el que la escritura fluye y estás convencido de que eso es lo que quieres escribir y ahí, para mí, la escritura se vuelve la manera más sofisticada y acabada de la plenitud. Me siento pleno cuando estoy escribiendo. En el caso de esta novela la disfrutaba muchísimo, me reía escribiendo, había ciertos guiños, bromas que hay en la novela que también algunas de esas bromas son muy íntimas, algunas cosas que solo entienden mis amigos, que solo entienden la gente más cercana, que un lector “normal” que no me conoce se perderá algunas cosas, pero tampoco importan, están dentro de la concepción del personaje; pero fue un proceso bastante gozoso la escritura de esta novela. 

EP: Llevas muchísimos años viviendo fuera de México, ¿cuál es tu relación ahora con este país, con el mundo literario de este país? ¿Qué estás leyendo?

JPV: Yo trato de que mi relación con México no sea distante, no sea nostálgica. Trato de que mi relación con México viva en el presente, y por eso está simbolizada en el restaurante mexicano, no quiero llorar porque no puedo comer tacos como hace el personaje, que quiere un taco de cochinita y piensa en todos los tacos que no se ha comido por haberse ido. Esa nostalgia me parece peligrosa, quiero vivir México en el presente que significa mantener las amistades, mantener el contacto, mantenerme informado, leer y no solo leer a los autores que siempre me han gustado, y releer. 

En los últimos tiempos releí a Inés Arredondo, ha sido como un redescubrimiento, y ahora me compré justo la poesía de Rosario Castellanos, que pasó tiempo que no la había leído y quería releerla; me he comprado los cuentos de Amparo Dávila para releerlos. Hay toda una necesidad de revisitar cosas, pero en el presente, no porque “quiero recordarme de cuando estudiaba letras en la Universidad Veracruzana y yo leía eso”. Luego leo mucha literatura mexicana contemporánea, mucha, mucha, y trato de estar al tanto de los jóvenes, de los autores nuevos, me interesa mucho lo que se está publicando ahora, leo cada vez más poesía, ensayo, me gusta mucho, digamos, lo que se está haciendo en ciertos géneros como híbridos, entre la crónica, el ensayo, la memoria. 

“Hay muchas cosas, yo creo que la literatura mexicana está pasando un momento muy bonito. Es muy diversa, está explorando sus límites, se está abriendo, creo que se está ensanchando la posibilidad”.

En la presentación de Peluquería y letras invité a Yolanda Segura, que me encanta; me gusta mucho Sara Uribe, Carla Faesler, Verónica Gerber, me vienen de pronto así a la cabeza autoras que me parece que también están experimentando con los formatos, cuestionando qué es una novela, lo qué es un poema; Paula Abramo tiene un libro lindísimo de poesía sobre su familia brasileña que también lo he leído un poco en clave porque tengo familia en Brasil. Hay muchas cosas, yo creo que la literatura mexicana está pasando un momento muy bonito. Es muy diversa, está explorando sus límites, se está abriendo, creo que se está ensanchando la posibilidad. Creo que está pasando algo bueno y es que en lugar de ir reduciendo qué es la literatura mexicana que quizá en ciertos momentos hay discursos que vienen desde la academia o desde el marketing editorial, que nos dicen que la literatura mexicana es la narconovela o es la novela histórica, o es la novela que reinterpreta la historia política de México. De pronto hay una diversidad de narrativas y de poesías y de formatos distintos que empiezan a cuestionar qué es lo mexicano. De pronto me parece que hay más posibilidades de entender cosas mucho más heterogéneas como literatura mexicana. EP

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