Siempre me han interesado mucho las voces narrativas: Entrevista con Jorge Alberto Gudiño

En el libro «Historia de las cosas perdidas», editado por Alfaguara, se pone en entredicho qué tanto conocemos a los otros, de qué somos capaces para conseguir lo que deseamos y cómo, finalmente, lo que desechamos también habla de nosotros.

Texto de 29/07/22

En el libro «Historia de las cosas perdidas», editado por Alfaguara, se pone en entredicho qué tanto conocemos a los otros, de qué somos capaces para conseguir lo que deseamos y cómo, finalmente, lo que desechamos también habla de nosotros.

Tiempo de lectura: 9 minutos

La historia de nuestras vidas no sólo es la de las cosas que hemos perdido, también es la de esas pocas que decidimos conservar y que, al final, dejan de tener sentido para cualquiera que no sea quien ya no está. En Este País hablamos con el autor de «Historia de las cosas perdidas», Jorge Alberto Gudiño, sobre algunos de los temas que toca esta novela.

Este País (EP): «Historia de las cosas perdidas» es una novela que nació en la pandemia y gran parte de la escritura sucedió mientras estábamos confinados. ¿Cómo fue escribir en medio de una crisis sanitaria en medio de una emergencia no solo nacional sino internacional? ¿Qué retos tuviste?

Jorge Alberto (JA): En realidad, toda la novela la escribí en la pandemia. Empecé a mediados de 2020 y el principal reto —aunque esto suene como un problema menor— estaba en casa, aquí nos confinamos a partir de marzo de 2020, cuando nos dieron la noticia que los niños no regresaban a clase después de semana santa. De pronto, yo que estaba acostumbrado al menos a estar solo tres o cuatro mañanas en mi casa por la mañana, de pronto me vi invadido por todas las videoconferencias que teníamos que hacer al mismo tiempo, porque tenía yo que recursar segundo y quinto de primaria y había cosas que francamente no recordaba muy bien. Cuando por fin conseguía hacerme un tiempo para ya empezar a escribir algo, de pronto: “oye, papá” y me rompía toda la concentración. Si bien muy al principio, antes de casarme incluso, yo escribía de noche, pronto me convertí en un escritor diurno y ahora con la pandemia uno de los primeros cambios que tuve que hacer fue volver a escribir más hacia la noche, al menos cuando los niños ya estaban dormidos.

EP: Me imagino que había noches en las que dormías dos horas… 

JA: Sí, pero eso es algo que pasa y no era tan grave porque ya no había que trasladarse, no había que hacer algunas otras cosas; lo que me quedó en claro muy desde el principio, es que en aun cuando la novela sucede en la Ciudad de México, en estos días, no quería que hubiera pandemia en la novela, porque no estaba yo preparado y hasta donde entiendo todavía no ha habido una novela de pandemia o una novela verdaderamente  de pandemia. No quería enfrentar mi capacidad narrativa con los siete mil millones de testimonios que se nos han ido apareciendo en estos dos años. En tanto es pandemia, prácticamente todos tenemos historias, para bien, para mal, con mayor y con menor intensidad, y la idea de hacer una novela que tenga algo extra que decir a todos estos testimonios que hemos podido leer en estos últimos dos años, era algo demasiado complejo o era algo que sonaba a una labor titánica que yo no quería intentar. La novela podríamos decir que sucede en 2019 o 2022, sin pandemia.

EP: Y hablando del diseño de una historia que omite en parte a la pandemia, ¿cómo fue diseñar la historia de Roger? ¿Qué tanto te identificas con él?

JA: Primero te voy a contestar lo segundo: nada, detesto a Roger, es el protagonista de la novela, pero me cae muy mal; eso me pasa con la mayoría de mis personajes, la mayoría de mis protagonistas me caen mal y creo que es una de las cosas que me lleva a escribirlos un poco. Sin embargo, a diferencia de otros, éste me cae mal más por las cosas que no hace, que por las cosas que verdaderamente hace. El protagonista de mi serie policiaca, el excomandante Zuzunaga, me cae mal porque además es peligroso y es una mala persona, está dispuesto a hacer casi cualquier cosa para su beneficio y me da un poco de miedo, yo no sería su amigo, pero él sí hace algo. Roger en realidad no hace mucho, es tremendamente indolente, mustio, me cae mal por otras razones; entonces es alguien con quien no me identifico, pero esto tiene que ver con la otra parte de la pregunta que se relacionaba con la manera en la que lo construí.

“No sé por qué a mí me da por ponerme restricciones a la hora de escribir novelas de las que luego me arrepiento profundamente, sobre todo por la dificultad que entrañan…”

No sé por qué a mí me da por ponerme restricciones a la hora de escribir novelas de las que luego me arrepiento profundamente, sobre todo por la dificultad que entrañan, y este caso no fue la excepción: yo quería tener un protagonista que, al menos durante la primera mitad de la novela fuera un protagonista tangencial; es decir, estamos acostumbrados a que de pronto aparezca el protagonista, le suceda algo y lo tenga que resolver, eso así en términos demasiado básicos. Y sucede que a Roger no le pasa nada, le sucede a gente cercana a él, y a partir de lo que le pasa a gente cercana a él, va interviniendo de manera coincidental o superficial, o muy secundaria; es un protagonista, que al menos en la primera parte de la novela, podría considerarse un personaje secundario, pero poco a poco se va transformando y se va convirtiendo en un personaje que va adquiriendo mayor peso y evidentemente va integrándose a la historia hasta que se apropia de ella, y nos damos cuenta que es un protagonista que —como los protagonistas que me gustan— es falible, débil, es un poco oscuro.

EP: Además es muy interesante porque a lo largo del libro, tratas de no describir esta confrontación que tenemos los humanos, qué tanto somos nuestro deseo, o qué tanto somos lo que desechamos. ¿De dónde vino ese impulso por hablar de esas cosas que nos confrontan con nosotros mismos? ¿Eso fue lo que este libro significó para ti, algún tipo de confrontación con algún sentimiento que traías o fue algo que salió natural?

JA: Normalmente mis novelas son el responder a una inquietud que tengo, es la forma que tengo de indagar o de intentar responder dudas y preguntas. No siempre me funciona, pero es una manera de profundizar en temas desde la perspectiva de planteársela a unos personajes. Entonces, me llamaba la atención esto que mencionas: tenía yo la inquietud de qué hace uno cuando se enfrenta a la idea que tiene de sí mismo, qué hace uno cuando tiene que actualizar la idea de sí mismo, qué hace uno cuando se enfrenta con la idea de la posible mediocridad propia. Eso fue un poco lo que me instigó a hacer este largo argumento que corre de manera paralela con la novela; tiene que ver con un discurso que consistentemente repetía Andy que uno siempre hace lo mejor que puede, y ese “hacer lo mejor que se puede” tiene que ver con la respuesta a esta idea de la mediocridad por una parte; y por la otra, también tiene que ver el asunto de que en realidad es injusto calificar la mediocridad como aquello que está en medio del camino. Me parece que, en realidad, la idea es más bien esta confrontación con lo que uno es, es decir, lo que uno termina aceptando, uno está en el lugar en donde le toca estar y lo interesante es ver como actuamos en consecuencia. 

“Normalmente mis novelas son el responder a una inquietud que tengo, es la forma que tengo de indagar o de intentar responder dudas y preguntas”.

Si algún día descubro que soy el peor escritor del mundo, lo interesante será no abandonar la escritura, sino saber qué hago con ese descubrimiento. Básicamente ese, más o menos, es mi proceso de aproximación al tema en términos discursivos. 

EP: Uno de los ejes que está desde el principio es el miedo; el miedo de los personajes, el miedo de las situaciones en la que uno se va envolviendo. ¿Cómo crees que se maneja el miedo en los seres humanos? ¿Es una sola cosa o son varias? ¿Qué es el miedo a final de cuentas?

JA: Es un montón de cosas. Sí trabajé el miedo acá, pero lo trabajé todavía más en una novela mía que se llama «Después del miedo», que en realidad lo que me interesaba no era el miedo sino lo que sucedía después del miedo. En ese libro, el título no fue tan original en ese sentido porque lo describe por completo. Pero el miedo es un montón de cosas: tiene que ver con la anticipación, porque el miedo es como una respuesta anticipada, primero a un nivel muy animal a algo que suponemos puede salir mal o no; de ahí, hay todo un constructo en torno al miedo, es decir, yo tengo miedo —esto no es cierto, pero bueno, perdón por el ejemplo absurdo— a que los marcianos vengan y colonicen la Tierra, ¿porque tendría yo un miedo así? No solo es un miedo súper irracional (muchos miedos son irracionales) sino que también es un miedo improbable, y que además, en el remotísimo caso de que los marcianos llegaran a colonizar la Tierra, en una de esas nos va mejor, ¿no? No tenemos idea en realidad, entonces me parece que desde un miedo así de ridículo a un miedo más tangible como transitar por esta ciudad o por determinadas zonas del país, pues hay un montón de elementos que tienen que ver con la anticipación y que tienen que ver con esa incapacidad de nosotros de racionalizarlo todo. Hay ocasiones en que tenemos miedo pese a la racionalidad, porque el peligro es real, es concreto y es inminente, pero tener miedo de una araña que está a dos metros de nosotros es en parte un miedo irracional, la podemos evadir y la podemos vencer de muchísimas maneras. Es como este juego, este equilibrio entre la anticipación —nos imaginamos lo peor— y eso hace que se bloquee parte de nuestra racionalidad y dejamos de tener soluciones para eso. A veces no las hay y el miedo es muy legítimo. Pero también en esas ocasiones hay quien no tiene miedo y hay quien lo sabe afrontar de determinadas formas, es curioso el asunto del miedo. 

EP: Esta reflexión viene no solamente de este libro, sino del que mencionaste apenas, como que hay algo que llama la atención a escritores y escritoras porque, como dices, el miedo se manifiesta de muchas formas y es interesante ver cuáles son los límites de esas formas.

JA: En Historia de las cosas perdidas en realidad hay mucho miedo a tomar decisiones para las cuales uno no está capacitado, la decisión que abre la novela, Roger no está capacitado para tomar esa decisión. Pero también hay mucho miedo a perder cosas que uno tiene, finalmente son personajes que tienen gran parte de su vida resuelta, que viven en una situación de confort, que no se tienen que preocupar por las cosas más básicas para la supervivencia, entonces el miedo radica en la posibilidad de perder algunas de ellas. 

EP: ¿Cómo fue que encontraste el título?

JA: No estoy muy seguro, los títulos a veces también me dan trabajo. En un primer momento, la historia solo de Roger, Andy, de Miss Jerry, de estos personajes que llevan la carga de la historia central, no es necesariamente la historia de las cosas perdidas, es la historia de muchas cosas que pierden, de relaciones que se pierden, de personas que se pierden, pero no de las cosas perdidas. Fue cuando empecé a incorporar otras viñetas y fragmentos de historias de otros personajes y a tratar el asunto de la basura que la convertí en una historia de las cosas perdidas, le quite el artículo al principio porque me funcionaba mejor y quedaba un título más armónico, más o menos así.

EP: Hablando de los personajes que a final de cuentas llevan la historia, ¿por qué decidiste utilizar distintas voces al momento de narrar? ¿Fue difícil encontrarlas o fue un proceso un poco más sencillo, en el sentido que la historia misma lo pedía?

JA: Siempre me han interesado mucho las voces narrativas, y es probablemente que en ese aspecto me he puesto más restricciones que luego lamento. Si pienso en la serie del excomandante Zuzunaga, cuando empecé a escribir «Tus dos muertos» dije la voy a escribir en segunda persona del presente porque nunca he leído una novela policiaca en segunda persona del presente, cuando ya estaba escribiendo la segunda dije pero qué hice, esto es dificilísimo, esto es una restricción que me impide ampliar el escenario del crimen, que me impide ver cosas que el detective no ve; en la tercera ya estaba enloqueciendo un poco, quizá por eso me di esta pausa antes de escribir la cuarta. Aquí, en cierto sentido, fue liberador si consideramos mi narrador anterior que era muy, muy exigente.

“Aquí, en cierto sentido, fue liberador si consideramos mi narrador anterior que era muy, muy exigente”.

Aquí planteé en, un primer nivel, un narrador en tercera persona sobre Roger, pero que además tenía este tono un tanto cáustico que le permitía burlarse un poco del propio Roger y luego, sobre ese, podía meter otros narradores para contar diferentes historias que se alejaran o se acercaran de diferente forma tanto para las «Historias de las muertes ridículas» como para «Historias de los desechos o de la basura». Eso me daba cierta libertad que me permitía buscar casi casi el narrador adecuado para la historia específica que me ataba muchísimo menos que los narradores de mis novelas anteriores.

EP: Me parece importante centrarme en el tema de la basura, en este peso que le das en la novela. Es interesante cómo planteas la recopilación de información a partir de la basura que uno genera y de eso, de todo lo que viene en el libro, quisiera preguntarte ¿cómo te imaginas el futuro, qué futuro es el que tú ves?

JA: Depende el día, y sobre todo, depende de mis esperanzas o de qué tan catastrofista o fatalista quiera ser. De pronto me dejo guiar por unos impulsos nihilistas, pues si me imagino el mundo apocalíptico, no va a haber agua, todo va a estar contaminado, etcétera; pero luego, como mis hijos son chiquitos, tengo que compensarlo con esperanza y suponer que poco a poco se irán encontrando soluciones tecnológicas y científicas a esos problemas. Me queda claro que de no conseguirse, el futuro no va a ser tan largo como lo pensamos. A veces creemos que el futuro de la humanidad está vinculado con el futuro del planeta, hay quienes todavía son más optimistas y piensan en viajes intergalácticos y cosas por el estilo —que está muy bien—, pero si no se resuelven estos problemas esto va terminar siendo un caos, evidentemente yo no querría que eso. Lo querría si solamente fuera un lector del asunto, porque esas historias siempre son más interesantes. Pero la cuestión es que mis hijos me hacen reflexionar y pensar con una esperanza mayor, ahí prefiero no tener malos augurios para la humanidad. EP

DOPSA, S.A. DE C.V