Quien escribe tiene consciencia del mundo: entrevista con Brenda Navarro

En una entrevista con Mariana Ortiz, Brenda Navarro habla sobre su novela más reciente Ceniza en la boca (Sexto Piso, 2022), el trabajo doméstico en el cine y la literatura, la amistad, la meritocracia y Twitter.

Texto de 12/05/22

En una entrevista con Mariana Ortiz, Brenda Navarro habla sobre su novela más reciente Ceniza en la boca (Sexto Piso, 2022), el trabajo doméstico en el cine y la literatura, la amistad, la meritocracia y Twitter.

La novela más reciente de la escritora Brenda Navarro, Ceniza en la boca, es una exploración del dolor en distintos momentos de la vida de un migrante, de una familia, de una mujer adolescente y de una madre. A raíz del suicidio de Diego, hermano de la narradora, la historia retrata cómo es la vida cuando se migra y las múltiples violencias que atraviesan a aquellos que son vistos como los otros, los diferentes. Además, en esta novela, la escritora imagina un México que solo es posible visitar a través de recuerdos en donde la pobreza y la violencia no son realidades tajantes, sino escenarios muy poco probables. 

Mariana Ortiz (MO): Ceniza en la boca es una imagen muy poderosa, ¿cómo nació esa imagen en tu mente? 

Brenda Navarro (BN): Creo que el título es, como con Casas vacías, una metáfora de lo que sucede en el libro; tiene que ver con este sabor a muerte que recorre toda la novela, pero también con esta sensación de que tenemos que digerir el dolor para poder procesarlo. Me parecía que era importante la ceniza no solamente de muerte, sino que este sabor que te va dejando el polvo, que te va dejando la vida, tiene que pasar a fuerza por el estómago. El estómago es muy inteligente y digiere las emociones; me parecía lo más natural posible llegar a esa metáfora de “no hay dolor que no tengamos que procesar, si no es mediante lo digestivo”.

MO: Y ese dolor se manifiesta en diferentes temas en la novela…

BN: Tiene que ver con el viaje del héroe, pero para mí es el viaje de la antiheroína. No es una heroína que busque la gloria o el éxito; es una heroína que trata de aferrarse a todo eso que la ha configurado, ese viaje interior, pero también físico de diferentes ciudades, en el que se va dando cuenta de lo duro que es el mundo y de cómo tiene que insertarse en él. 

MO: ¿Quién es tu personaje favorito?

BN: Qué buena pregunta. Yo creo que Diego porque no lo conocemos, porque es un enigma y porque me gustó mucho construir sus silencios. Creo que es un personaje lleno de silencios y no es poca cosa al escribir, ¿sabes? Lograr que te diga más allá de lo que necesita decir el personaje me parece muy interesante. No lo conozco y así lo quiero mucho porque me ayudó a trabajar en los silencios que, como escritora, quería tratar.

MO: Algo que retratas de manera muy interesante es el trabajo doméstico. ¿Qué crees que sea lo más importante de representar historias como la de las primas? 

BN: Cuando yo empiezo a escribir la historia no pienso “voy a hablar de este tema en particular” o “voy a hacer que esta reivindicación social pase por medio de la novela”, sino que las personajes lo van pidiendo. Ella [la narradora] llega a Barcelona para querer independizarse de su familia; de lo que se tiene que dar cuenta es de que nadie es realmente independiente, de que tiene que generar redes sociales y de que nunca son las redes que una espera. 

“…la amistad es así; la amistad no es ese espacio seguro donde te puedas sentir bien todo el tiempo, sino que las verdaderas amistades te hacen sentir incómoda porque te dicen las verdades, porque te quieren incluir en su mundo, y tú no necesariamente quieres mimetizarte.”

Hay que dejar de romantizar que el futuro siempre va a ser mejor; con las herramientas o con las amigas o con el espacio en el que te desenvuelves, puedes generar amistad. Para mí, la segunda parte, la de Barcelona, habla de eso con el personaje de Gloria, la adulta mayor a la que cuida, pero también con las primas. Tienen encontronazos entre ellas mismas: la amistad es así; la amistad no es ese espacio seguro donde te puedas sentir bien todo el tiempo, sino que las verdaderas amistades te hacen sentir incómoda porque te dicen las verdades, porque te quieren incluir en su mundo, y tú no necesariamente quieres mimetizarte. Esa es la gran experiencia de la amistad. 

Como con Laura, a pesar de la relación de poder, y con las primas: podemos estar viviendo las mismas situaciones y las mismas opresiones, pero eso no significa que seamos iguales. Ella [la narradora] lo dice después: “tú me pides que yo sea activa políticamente, pero lo que yo te estoy ofreciendo es este refugio de ser amigas y de estar juntas, porque no me interesan tus luchas, sin embargo, las respeto”. Un poco por rebeldía porque, finalmente, ella no es una adulta: es una chica rebelde que no quiere estar en el mundo que se le presenta y no quiere circunscribirse a “como eres migrante y eres trabajadora, tienes que ser política activamente”. Estas contradicciones me parecían importantes, pero nunca las pensé en términos de “voy a hacer una denuncia”, aunque no me molesta en absoluto. 

Me parece bien que discutamos el trabajo doméstico, en México está muy mal valorado. Las personas que emplean a trabajadoras domésticas piensan que con darles un aguinaldo ya están siendo buenas personas; no es cierto, no están respetando sus derechos laborales. Tenemos que empezar a hablar de eso porque el trabajo doméstico cuesta muchísimo dinero, sobre todo, cuando no lo hace una mujer.

MO: ¿Qué piensas de las obras como Roma (Alfonso Cuarón), La camarista (Lila Avilés) o el libro Su cuerpo dejarán de Alejandra Eme Vázquez, y la representación que hacen del trabajo doméstico? ¿Difieren esas representaciones?

BN: Yo creo que hay tantas formas de hacer el trabajo doméstico como historias mismas. De Roma, lo que siempre he pensado es que, además de que tiene una gran fotografía y me encanta la dirección, lo que pasó ahí es que estamos viendo la visión del niño; entonces la romantización que se puede hacer del trabajo doméstico proviene de una romantización burguesa y me parece que está bien. Él [Alfonso Cuarón] tiene todo el derecho de hablarlo, pero a mí sí que me hacía falta conocer realmente la historia de ella y creo que ya se están haciendo trabajos al respecto. Hay cineastas superinteresantes en ese sentido; de hecho estoy pensando en una película que no es de trabajo doméstico, pero que sí habla del cuidado: El nudo mixteco de Ángeles Cruz. Conocer esta otra parte me parece súper importante; sin embargo, creo que está bien que haya muchas versiones de lo mismo y que el espectador o las espectadoras decidan lo que está bien y lo que está mal.

Por otro lado, yo prologué Su cuerpo dejarán. Siento que le han quitado su valor literario como ensayo y lo han dejado como “literatura de mujeres”. Esto me parece pésimo para quienes lo etiquetan porque se están perdiendo de un gran ensayo. Creo que si estamos empezando a hablar de trabajos domésticos dentro de las disciplinas artísticas, estaría buenísimo —esto es algo que pienso un montón— que trabajadoras domésticas o trabajadoras de la limpieza pudieran tener las herramientas y los espacios para contar sus propias historias. Eso sería lo ideal.

MO: Y en esa misma categoría que mencionabas, “literatura de mujeres”, también se han incluido a los libros que hablan de maternidad. Tú lo haces en Ceniza en la boca, ya sea a través de Diego y la relación con su madre, o de la hermana que deja de ser hermana para convertirse en un sustituto de madre, pero también en Casas vacías. ¿Sentías que hacía falta otro tipo de maternidad en la literatura? ¿Qué ángulos crees que no se han tocado en la literatura contemporánea que aborda ese tema en específico?

BN: Con Casas vacías —y esto no lo pensé de forma consciente—, creo que estaba buscando una novela que hablara de este tipo de conflictos en general y no la encontraba. Yo hago eso un poco en mi vida: cuando no me dan algo, pues lo hago yo. Pero, en realidad, a mí me sorprendió mucho la recepción en tanto que como yo tengo esa visión, yo creía que muchas personas en el ámbito literario también la tenían. Si yo platico con gente que no está dentro de este ámbito, podemos hablar de que estas maternidades pasan, claro que nos interpela, claro que esto nos conflictúa. Es justo en medio de lo literario donde me dicen: “esto es nuevo”. Entonces yo me pregunto: ¿qué es lo que realmente están pensando? Lo pienso como una pregunta legítima, no recriminadora. Yo creí que estábamos en el mismo canal, se supone que somos las mentes más brillantes. Quien escribe tiene consciencia del mundo. Pero ¿qué es lo que a ellos les interpela? Porque a mí me interpelan estos temas y me siguen interpelando muchos otros que parecen que son como “nuevos”. Más bien, quienes necesitan adentrarse en esos mundos son las personas dentro del ámbito de la cultura, salir a otros espacios que les pueden enseñar un montón de cosas.

Acabo de decir en una entrevista que todo ya está dicho, y lo sostengo. Yo creo que lo que nos falta es la habilidad para que quieran seguir leyéndonos; también creo que como ya está dicho, todo está por decirse. Lo que debería suceder es que no lo debemos decir las mismas personas, sino que debe haber una ventana para que muchas más creadoras, en todas las disciplinas, puedan expresarse. Creo que, más bien, lo que falta es el acceso de la cultura de las disciplinas a mucha más gente para poder conocer más cosas, no necesariamente que quienes ya lo estamos haciendo lo digamos, sino que pudieran entrar nuevas voces.

Foto: Barry Domínguez / Fotogrammas

MO: Escribiste esta novela en España, ¿ahí cómo es el acceso a la cultura? ¿Cuáles son las diferencias que encuentras con México?

BN: La verdad es que no lo sé y lo digo sinceramente. Entiendo que la industria editorial en España sí tiene un apoyo específico, pero veo que este libro (Ceniza en la boca) tiene el sello de la Secretaría de Cultura y del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. Realmente no estoy segura de cuál sea la diferencia porque, aunque cada vez hago más trabajo profesional como escritora, no es la escritura lo que me da de comer. Y como no es lo que me da de comer, tengo la libertad de no preocuparme por si va a gustar o no, o si está dentro de lo que se necesita, o de lo que los jurados creen que se debe de hablar. Yo hablo de lo que me interesa porque afortunadamente, hasta ahora, no dependo de mi trabajo como escritora. 

“Me parece que más que reconocimiento, más que premios, más que becas, más que fondos, debería haber muchísimo más presupuesto para que más gente pudiera tener las herramientas de expresión artística”.

Me parece que más que reconocimiento, más que premios, más que becas, más que fondos, debería haber muchísimo más presupuesto para que más gente pudiera tener las herramientas de expresión artística. Las artes son para todas las personas, no solo para un grupo. Aunque claro, todo es muy subjetivo, sobre todo cuando necesitas vivir de esto. También es cierto que los artistas en general, no hablo solo de literatura, no tienen un mercado como tal en México; es difícil y es duro. Esto me pasa más en España, lo hablo desde un lugar muy privilegiado, pero ahí, estamos hablando de la posibilidad de una renta básica universal. Lo que quiere decir que todas las personas podemos tener un ingreso básico para poder sobrevivir. Sé que estoy hablando de otra realidad, pero yo apelaría más a pelear por ese tipo de ingreso, para que todas las personas tuviéramos una vida digna, a dejar que ciertos grupos, en los que me incluyo yo, tuviéramos el privilegio. Yo creo en la redistribución en todos los sentidos.

MO: La novela es muy clara en una especie de denuncia ante la discriminación contra el migrante, ¿cómo se manifiesta la condición de migrante en tu vida como escritora?

BN: Yo creo que me da esto que dicen las feministas: el privilegio de tener el conocimiento sitiado. Entiendo mi realidad del país de origen y la realidad del país en el que estoy desarrollándome; eso claro que te da una gran ventaja porque conoces muchas más perspectivas, se hace el mundo mucho más complejo. Hay grandes matices, yo te acabo de decir que te hablo desde un país en el que se habla de una renta básica, pero España es el país menos privilegiado en Europa y somos un país —y me incluyo como tal— que es la playa de Europa. No tenemos una perspectiva de desarrollo y eso es muy triste en muchos sentidos, entonces hablo de un privilegio —aquí [en México] se siente como un privilegio—, pero la realidad allá varía mucho. Esas complejidades, esos matices, a mí me han ayudado a configurarme como una nueva persona porque ya no puedo pensar que las cosas son blancas y negras, sino que entiendo que hay una intersección de situaciones que hacen la vida compleja. Qué mejor herramienta que eso para la literatura.

MO: El otro día vi que alguien te criticó en Twitter por “hacerle el juego a la meritocracia”, pero ¿cómo se llega al Financial Times

BN: Te voy a contar cómo llegué yo al Financial Times: a mí me publicaron en Reino Unido con muy bajo impacto, hay que decirlo. Empty Houses no ha tenido un impacto real ahí, pero hay lectoras que, como se hizo aquí en México, cuando leyeron Casas vacías, les gustó, se entusiasmaron, empezaron a compartirlo y el libro le llegó a la periodista del Financial Times. Ella personalmente me escribió por Instagram y me dijo que estaba interesada en hacer algo conmigo y con otras escritoras. Yo le dije “vale”, ¿sabes? Fue una cosa circunstancial, sinceramente.

“Una no puede cargar con toda esta lógica de mercado porque una también tiene que llenar el refrigerador, pero además una tiene el derecho de ejercer lo que le gusta en la vida”.

Yo entiendo la crítica, y la apoyo. Por supuesto que no estamos todas las que deberíamos de estar. Pero sí hay una simplificación porque —y esto lo acabo de decir hace poco— cuando tú asumes que el trabajo de escritura es un trabajo promocional en el que hay que dar entrevistas, en el que hay que hacer un montón de chamba, ya no es bonito. La primera impresión que yo tuve al respecto de la crítica fue que aquí se nota que no conocemos cuál es la verdadera labor de lo editorial en la que nosotros [los autores] solo somos un engranaje para que la industria editorial siga existiendo. Una no puede cargar con toda esta lógica de mercado porque una también tiene que llenar el refrigerador, pero además una tiene el derecho de ejercer lo que le gusta en la vida. Yo sé que es un privilegio, y yo defiendo mucho que sigamos abriendo espacios, pero no me atrevería ahora mismo a decir que cualquier persona que está en los medios de comunicación es porque está sostenida por una estructura. No es tan así. 

Entiendo la crítica, la asumo y la defendería para que llegaran las escritoras al Financial Times, que es una nota más también. No nos cambia la vida llegar al Financial Times. A mí me ha cambiado más la vida conversar con lectoras en México y que me publiquen en México, que una nota. EP

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