Libros: Su pobre perro

En Libros les traemos fragmentos de publicaciones elegidas por los editores de Este País. Antología de cuentos elegidos por la propia Lydia Davis que dará a conocer su valiosa obra narrativa a un mayor número de lectores mexicanos. La presente antología ofrece por primera vez una selección depurada de la prosa breve o flash fiction que Lydia Davis ha llevado a un nivel admirable de perfección estilística. Con una nueva traducción a cargo del escritor mexicano Mauricio Montiel Figueiras, conocedor tanto de la obra de Davis como de la narrativa estadounidense contemporánea, el volumen cuenta con una extensión de 264 páginas con un 20% de material inédito en español.

Texto de 05/02/20

En Libros les traemos fragmentos de publicaciones elegidas por los editores de Este País. Antología de cuentos elegidos por la propia Lydia Davis que dará a conocer su valiosa obra narrativa a un mayor número de lectores mexicanos. La presente antología ofrece por primera vez una selección depurada de la prosa breve o flash fiction que Lydia Davis ha llevado a un nivel admirable de perfección estilística. Con una nueva traducción a cargo del escritor mexicano Mauricio Montiel Figueiras, conocedor tanto de la obra de Davis como de la narrativa estadounidense contemporánea, el volumen cuenta con una extensión de 264 páginas con un 20% de material inédito en español.

Fragmento de Ciento cincuenta cuentos cortos, de Lydia Davis, ©2019, cortesía otorgada bajo el permiso de Editorial Almadía.

Ese perro enfadoso:

No lo quisieron y nos lo dieron.

Lo apartamos y le pegamos en la cabeza y lo amarramos.

Ladró, resolló, embistió. Se los devolvimos. Se lo quedaron un tiempo.

Entonces lo enviaron a un refugio de animales. Se le colocó en una jaula de concreto.

Llegaban visitantes y lo observaban. El perro se mantenía firme en el concreto sobre sus cuatro patas blancas y negras.

Nadie lo quiso.

Carecía de buenas cualidades. Pero él lo ignoraba.

Al refugio seguían llegando nuevos perros. Al cabo de un tiempo no les quedó espacio para albergarlo.

Lo llevaron a la sala de eutanasia para sacrificarlo.

Tuvo que rodear a los otros perros que estaban en el suelo.

Brincó y jaloneó. Lo asustaban los otros perros y el olor.

Le pusieron una inyección. Lo dejaron quedarse donde cayó y fueron a traer otro perro.

Siempre sacaban a todos los perros muertos a la vez, al final, para ahorrar tiempo. EP

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