Hacemos preguntas porque no tenemos más que hacer

Mariana Ortiz reseña El color favorito (Gris Tormenta, 2023) de Valeria Tentoni, escritora y periodista argentina.

Texto de 25/09/23

Mariana Ortiz reseña El color favorito (Gris Tormenta, 2023) de Valeria Tentoni, escritora y periodista argentina.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Si una entrevista está hecha de preguntas, las preguntas tal vez tengan otra materia prima, una que más bien viene desde lo más hondo y genuino de nuestra imaginación. Con estas —elijo creer— se busca algo que va más allá de la respuesta, de cualquier respuesta en realidad. Así, lo que preguntamos es un puente que lleva a un lugar más íntimo, a construir la confianza entre dos interlocutores que pueden tener mucho o nada en común. Tal vez esa fue la motivación de Valeria Tentoni para aceptar la propuesta de los editores de Gris Tormenta, Mauricio Sánchez y Jacobo Zanella, para escribir un ensayo personal sobre las entrevistas literarias.

A lo largo de las 136 páginas de El color favorito (2023), la autora desmenuza no solo cómo se formula una pregunta, sino por qué preguntamos lo que preguntamos; es decir, nada menos que las razones de nuestra curiosidad, de dónde viene esa motivación por preguntar y, quizá lo más interesante, qué es lo que se nos revela, no con la respuesta, sino ya desde la pregunta. Tentoni misma lo menciona: “Hace treinta años que escribo y todavía no aprendí a preguntar, pero los signos de interrogación no son un decorado, sino un umbral”. Así, este libro es una revisita a todas aquellas veces en las que, frente a uno u otro personaje y ante la duda cruel o la curiosidad infantil, hacemos preguntas porque no nos queda otra cosa más que hacer.

Valeria Tentoni hace suyo este recorrido a través de los aprendizajes de una alumna frente a quien declara su maestro: un profesor cuyo nombre nunca se revela en el libro, como si la escritura reclamara a priori las preguntas del lector (¿quién es?, ¿lo conozco?, ¿será famoso?, ¿qué tipo de escritor es?, ¿lo he leído?). Si los ensayos personales conllevan, desde su definición, una franqueza despiadada, el libro de Tentoni traza capas de intimidad sincera que se van develando a través de ciertos interrogatorios que va aprendiendo a hacer. Su ensayismo es menos escandaloso que su poesía; por ello, sus preguntas tienden a la musicalidad, al ritmo contagioso, sin que ello le reste potencia a su curiosidad.

Foto: Eduardo Tentoni

Es así que el título del libro cobra sentido. Ese “color favorito” refiere a una pregunta en específico; una que, además, tiende a incluirse dentro del catálogo de preguntas menores, como si existiera tal cosa. Bien lo dice la autora: “Y a los mejores momentos rara vez se llega con preguntas largas, sarmentosas, de lucimiento. No. Esas son las preguntas que espantas, las que anulan. Las que dejan a quien responde con las manos atadas, sin más opción que asentir. Así, por ejemplo, en vez de preguntar ‘¿cuál es el color más hermoso que viste en tu vida?’, quizá sería mejor preguntar, simplemente, ‘¿cuál es tu color favorito?’”.

Al libro —que tiene una portada de un ligero color verde acuoso— lo alimenta la labor de Valeria Tentoni como pensadora, quien ha realizado durante años entrevistas literarias para el blog de la editorial argentina Eterna Cadencia. En ellas indaga sobre el oficio de escritor, el de editor, cómo las editoriales independientes han consolidado robustos catálogos que nada le piden a los grandes grupos. A diferencia de las entrevistas convencionales, las de Tentoni son tan filosas que agrietan la seriedad, e incluso rompen la sobriedad que rodea a la formalidad.

Cabe mencionar el prólogo de Daniel Saldaña París que, en forma de misiva entre amigos lejanos, inaugura una conversación entre dos fantasmas, entre dos personas que existen pero que no se pueden ver, que no se palpan: los separa una distancia irremediable. Por eso el prólogo también es una especie de carta para Saldaña mismo, en el que se ve orillado solo a plantear preguntas cuya respuesta llegará más tarde que temprano: “Pocas veces siento tantas ganas de escribir —para mí mismo— como después de leerte”.


Conforme las hojas van pasando, el lector también se convierte en un interrogador de la autora. En el contexto literario —o incluso editorial— actual, El color favorito es relevante porque la escritura en primera persona provoca una cuestión profunda en quienes leen y al mismo tiempo en quienes escriben; una cuestión lleva a otra y esa llevará a otra tan distinta como singular: ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿cuál es el límite de la curiosidad?, ¿en dónde se terminan las ganas de decir?, ¿qué mundo es el que está afuera?, ¿cuándo dejaremos, finalmente, de escribir? Las preguntas, al parecer, nunca cesan. EP

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