Exclusivo en línea: Odas elementales, de Pablo Neruda

Reseña

Texto de 21/11/19

Reseña

Nada envejece tan rápido como una noticia. Eso ya lo sabemos, la vejez repentina de lo novedoso. La poesía (aunque no podría decirse que toda, ya que ése es otro misterio del arte) tiene la capacidad de amanecer nueva aun cuando sea antigua. En fin, estoy bordando lugares comunes, los cual tampoco es novedoso. Pero es que bordaré sobre las Odas elementales de Pablo Neruda, las cuales aparecieron originalmente en el diario El Nacional, de Caracas, en 1952. De ese modo, los lectores podían leer una columna hecha de poesía. De hecho, tienen la forma de una columna: versos cortos, agrupados en pilares. Ciertamente, algunos poetas tienen cosas urgentes que decir. Pero como la poesía tiene confianza en la construcción de un espíritu humano a largo plazo, tendrá que meter en su peculiar charcutería algunos asuntos. Sobre esto se ha dicho mucho: que la poesía está hecha de Historia, pero que la trasciende (Octavio Paz). Aunque, si esto fuera cierto, la poesía estaría fuera de la Historia, y es notorio que no toda la poesía ha trascendido la Historia. También se ha dicho que la Literatura muestra el mundo y que la Filosofía lo explica. En fin, no quiero hablar de eso. Mi tema ahora es la novedad. Eso es lo que comparten estas Odas, puestas en un contexto periodístico, con las noticias puestas en un diario. Si tuviéramos la curiosidad de volver al diario El Nacional de 1952, lo único que olería a nuevo sería la poesía de Neruda. Las noticias y su análisis mueren en el momento de arder, como un cerillo que alumbra con el fin de ayudar a comprender lo inmediato. Digamos que lo novedoso perenne descansa en estos versos, aun cuando (dije antes), en el momento de amontonar la realidad en dentro de versos duramente apretados, el poeta no sepa qué es lo que rápidamente caduca. Por otra parte: el tipo de poesía. En estos versos la naturaleza trabaja como un mecanismo de producción de belleza; una fábrica con obreros: los elementos, las fuerzas de la naturaleza. ¿Serán elementales porque buscan una esencia o porque hablan de los elementos del mundo? Vean por ejemplo: el Otoño es un modesto trabajador cuya labor consiste en sacar y regar hojas de todas las ramas del mundo, aquellas que la Primavera cosió de una sola vez. Un mundo laborioso, como el obrero que (probablemente) lee. Ciertamente, me gusta este mundo trabajador de Neruda, que nos despierta cada mañana para que volvamos a empezar desde cero, nuevamente a contar, que para eso nos levantamos todos los días: a trazar nuevamente el número uno para que sea borrado esa misma noche. Las estrellas, los años, los amigos, los volveremos a contar, a ver si no hemos perdido alguno. El mundo no duerme con el fin de producir asombro. Nos despertamos y ahí está: ésa es la verdadera noticia. EP

Pablo Neruda. Odas elementales (1954). Buenos Aires, Seix Barral, 2004.

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