Escribir es construirse una casa: Sopa de tortuga falsa, de Nadia Escalante

“La poesía hace posible arañar la experiencia del otro”, dice José Castillo al respecto de los poemas de Nadia Escalante, que en este espacio invita a conocer.

Texto de 28/08/20

“La poesía hace posible arañar la experiencia del otro”, dice José Castillo al respecto de los poemas de Nadia Escalante, que en este espacio invita a conocer.



I.- Asomarse

Cada espacio de una casa tiene un hábitat propio. El clima, la flora y la fauna varían de una pieza a otra según el ritmo y la disposición de quienes la habitamos. Tal vez la sala, por ejemplo, sea un lugar favorable para conejos blancos con reloj en mano, mientras que hay criaturas que sólo pueden vivir en la luz crepuscular que se filtra en la habitación un domingo por la tarde. Escribo esto porque la lectura de Sopa de tortuga falsa, de Nadia Escalante, me hizo pensar en qué tan estrecha —y a veces imperceptible— es la relación que establecemos con los espacios en los que nos movemos y en cómo en medio de ese vínculo se encuentra ese arquitecto caprichoso que llamamos lenguaje.

Si pensamos en la casa como un ecosistema, las ventanas y sobre todo las puertas son las que permiten el equilibrio y salvaguardan una geografía personal; pueden ser un límite pero también un puente. En el primer apartado de su poemario, Nadia Escalante construye una metáfora a partir de la figura de unas puertas, en la que alude, entre otras muchas significaciones, a lo difícil, por no decir imposible, que resulta el acto de comunicación entre seres humanos. 

Necesitas a otro para abrir puertas.

Necesitas una puerta entre tú y otro

para hablar cada quien desde su lado.

Ya decía Ricoeur que “lo experimentado por una persona no puede ser transferido íntegramente a alguien más. Mi experiencia no puede convertirse directamente en tu experiencia […]”. La comunicación nunca es la misma porque mudamos de piel todo el tiempo: una puerta pudo abrirse en un momento determinado pero “las cerraduras cambian”. No queda otra opción que intentar el diálogo desde la lengua que nos enseñó hablar la habitación en la que nos encontramos:

Tú frente a la puerta cerrada.

Tú 

Encerrado afuera.

Sin saber cómo entrar.

En las frases cortas,

en la parataxis,

en los punto y seguido,

dando vueltas: 

Atrapados en nosotros mismos, intentamos con poco éxito hacer de nuestros espacios personales un lugar común, una experiencia compartida que anule lo que también Ricoeur llamaba “la soledad fundamental de cada ser humano”. Soledad que suele conducir a la frustración: ahí donde la comunicación es inútil suele hacer nido la violencia como una víbora que constriñe y asfixia. “Tiraste la puerta y entonces/algo de ti/ se volvió puerta para siempre”.

Los poemas de este apartado son breves, lacónicos. Son como un tartamudeo limpio que, paradójicamente, comunica con precisión las dificultades, los matices, todo aquello que sucede cuando tratamos de relacionarnos con los demás. Si el lenguaje es incapaz de dar cuenta de nuestras habitaciones personales, de ponerle nombre a la luz que entra por las ventanas; si todo acto de comunicación es un acto de traducción donde siempre se pierde o se distorsiona… ¿es posible una real intimidad con alguien más?

“La poesía hace posible arañar la experiencia del otro, intuir al menos los recovecos claroscuros de una vivencia que no es ni será nunca nuestra.”

La autora apuesta por responder. Encontrar las llaves que abran las cerraduras puede conseguirse a través del lenguaje expansivo de la literatura: “El poema es el modo más sintético/de averiguar qué hay del otro lado/de una puerta cerrada”. Es ahí donde ocurre el milagro, completaría Ricoeur. La poesía hace posible arañar la experiencia del otro, intuir al menos los recovecos claroscuros de una vivencia que no es ni será nunca nuestra. Quizá únicamente así, mediante la imaginación, podemos tener lo que George Steiner llama “una negociación entre soledades”. 

II.- Habitar

Los siguientes apartados del libro continúan por diversos caminos. “Fish and chips” es un poema en prosa que relata un instante en el que dos personas se encuentran comiendo. Mientras ellos conversan, la voz que nos habla va refiriendo diversos aspectos de la realidad que normalmente pasan inadvertidos: texturas, olores, recuerdos, sensaciones sin relación aparente con lo que está sucediendo, incluso preguntas que no tienen lugar en el terreno de lo “normal”. La voz divaga y se pregunta por la vida del pez que en ese momento se está comiendo, imagina la sangre en los cuchillos de la cocina, la antigua cotidianeidad de las papas bajo tierra pero que ahora crujen en su boca; es decir, esoque se encuentra detrás del telón de un instante determinado, y que por lo mismo no solemos percibir porque “El ahora es un plato muy sencillo”. En este sentido, la plasticidad del poema recuerda mucho a las estampas de Girondo en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, donde toda la sensualidad de un momento es recreada por una hiperconsciencia. Nadia Escalante da un paso más allá e integra, sin diferenciar mucho entre ellos, la infancia, la imaginación y la memoria. 

“El azúcar ha inundado la sangre de mi madre” es un poema poderoso en el que se aborda de manera muy sutil e inteligente el tema de la abnegación maternal, “…esa dulzura involuntaria/ que ha fermentado la alegría de otros, pero no la tuya”.  Mientras el texto avanza, la posibilidad de una maternidad distinta a la que impone el patriarcado se hace patente en la imagen de una niña que intenta cruzar un puente. La madre, desde la orilla, le alienta y hace trizas el miedo de su hija a través de la risa.

Poemas como “Una lección de locura” o “La cómoda” tocan el tema de las relaciones amorosas. En el primero se reflexiona en torno al matrimonio (“me casé […] con un hombre al que había conocido tres meses antes/ y al que desconocí un mes después”); en el segundo, una pareja decide comprar un mueble y colocarlo junto a la puerta del cuarto. La cómoda funciona como sinécdoque y muestra no sólo el paso implacable del tiempo sino también sus consecuencias. Es como si la ropa con la que se van llenando los cajones despojara a los amantes de algo, como si en ella se vertiera la piel usada:

Y los dos frente a ella,

vestidos del olor de la madera

cada noche, cada día,

el otro frente al uno,

ya no fueron el otro y el uno:

dos muebles impenetrables,

consumieron

aquello que habían depositado

cada uno

en el otro.

“Poética” es también un poema que habla de las relaciones amorosas pero en relación con la escritura. ¿Qué sucede con aquello que vivimos y que termina en una hoja de papel? ¿Es la misma experiencia? ¿Qué le pasa a la vida cuando queremos volverla literatura?

Y no quiero escribir

sobre la luz que entra por la ventana

que compartimos

ni palabras que intenten

definirte, disfrazarte de una imagen

para conmover a otros, convencerlos

de la irrealidad de lo real.

III.-Mudarse 

Sopa de tortuga falsaes un libro que va cambiando como un camaleón a lo largo de sus páginas. Si bien no aspira a la unidad temática, lo cierto es que se pueden encontrar algunos rasgos que se comparten entre los poemas. Por ejemplo, la sensación de extrañeza producida por el mero hecho de estar vivo, el papel que juegan la imaginación y la memoria —esas gemelas juguetonas— en la manera de relacionarnos con el mundo, la idea de que eso que llamamos realidad objetiva es muy pobre cuando nuestra percepción se encuentra anestesiada por la cotidianeidad. Hay incluso un apartado —titulado Sombras— en el que se agrupan algunos poemas de “corte social” en los que se habla de la violencia en México (hay una referencia explícita a los muertos de Acteal), la vida de plástico impuesta por el capital o las formas en las que nos venden recetarios para conseguir felicidad instantánea en nuestras “ciudades de alta definición”.

“Sopa de tortuga falsa es un libro que va cambiando como un camaleón a lo largo de sus páginas. Si bien no aspira a la unidad temática, lo cierto es que se pueden encontrar algunos rasgos que se comparten entre los poemas.”

También hay una serie de poemas que juegan con el ser y el parecer, las apariencias o la puesta en duda del carácter veraz de la realidad. Es aquí donde Nadia Escalante recupera el relato de la tortuga falsa que Lewis Carroll cuenta en el capítulo IX de Alicia en el país de las maravillasLa tortuga se encuentra con Alicia y le dice que le va a contar su historia, cosa que por cierto nunca hace del todo porque los sollozos la abruman: una profunda tristeza la consume. Cuando Alicia le pregunta al Grifo por qué la tortuga se ve tan desdichada aquél contesta: “Todo es imaginación suya; ninguna pena le aqueja”. 

Según el sitioBritish Food: A history,la sopa de tortuga falsa es un platillo victoriano que fue creado a raíz de que la sopa de tortuga original era demasiado cara. La mock turtle souppuede prepararse con jamón, vísceras, sesos, cabeza de ternera y otros ingredientes. De hecho, en las ilustraciones que John Tennielhizo para la primera edición del libro de Lewis Carroll, la tortuga representada está compuesta por partes de distintos animales. De aquí entonces que la autora construya su libro a partir de retazos de viviendas, imágenes o memorias que —lo tiene claro—en el papel terminan siendo siempre otra cosa. No sin cierta ironía nos presenta su poemario como una falsa sopa, de la misma forma que se escriben poemas en señal de luto por las palabras que no se dijeron a tiempo. Así, en “Ladrón malo, ladrón bueno” vemos a una persona que se la pasa mintiendo a lo largo del día:

Daba nombres y apellidos falsos

en la lavandería, las encuestas callejeras,

los boletos de autobús entre ciudades,

inventaba historias para los taxistas […]

Pero al llegar el fin de semana, acude a visitar a su abuelo de noventa años con el fin de contarle la verdad. El asunto es que el anciano ya no puede reconocerla. Otros poemas abordan asuntos similares con ciertas variaciones, por ejemplo, la idea de que mirar el pasado propio tiene como consecuencia encontrarse con una persona que ya no se es, como si la identidad fuera en realidad un baile de máscaras cuyo ritmo es dictado por el paso del tiempo, como si nos preguntásemos: ¿qué es lo que queda de nosotros después de tantas mudanzas? Porque ahí vamos caminando, de despojo en despojo, como “caracoles de lenguaje” que sólo llevan a cuestas algunas cajas, la nostalgia y una serie de papeles olvidados. A veces es suficiente:

“Escribir es construirse una casa una vez y otra”.

EP



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