¿Por qué la diversidad lingüística nos une más de lo que nos separa?

En este texto, el lingüista Renato García González aborda el tema de la variación lingüística y explica por qué es el testamento más contundente de aquello que nos hace humanos.

Texto de 27/06/22

En este texto, el lingüista Renato García González aborda el tema de la variación lingüística y explica por qué es el testamento más contundente de aquello que nos hace humanos.

Para cualquier observador atento es obvio que una de las constantes en las lenguas humanas es que, efectivamente, hay una gran diversidad. Este hecho es tan obvio que la mayoría de las veces pasa completamente desapercibido –como la mayoría de las cosas obvias– y, en mi opinión, no nos sorprende tanto como debería. A los lingüistas les interesa explicar qué provoca y de dónde viene toda esa variación. 

Antes de sumergirnos en el tema de este artículo, pongamos un poco de tierra común entre nosotros. Primero, asumamos que la lengua es, al mismo tiempo, una capacidad mental propia de nuestra especie y un objeto cultural de los grupos humanos. Esta dualidad se puede atestiguar por el hecho de que no hay grupo humano que carezca de un sistema lingüístico. Por tanto, todos los miembros de la especie humana deben tener un cerebro listo para desarrollar sistemas lingüísticos y gramaticales. Si bien la forma en la que esta capacidad ha llegado a nuestra especie es todavía motivo de fuertes debates, el hecho es que actualmente todos los miembros de la especie humana tienen la capacidad de desarrollar cualquier lengua natural sin esfuerzo y sin enseñanza explícita en la infancia (otro hecho que no nos sorprende tanto como debería); es decir, todas las lenguas que existen actualmente, son aprendibles por todos los humanos. 

“…todas las lenguas que existen actualmente, son aprendibles por todos los humanos”. 

Segundo, lo anterior sugiere que, en el fondo, todas las lenguas deben tener algo en común. No abundaré en qué puede ser ese algo, puesto que también sigue siendo motivo de debate, pero para los fines que queremos exponer aquí, asumamos que así es.

Entonces, si la capacidad lingüística tiene la misma base mental y ésta se pone de manifiesto donde hay grupos humanos, ¿por qué no hablamos la misma lengua todos los miembros de la especie humana?1 Parte de la respuesta la podemos encontrar en algo mencionado en la entrega anterior: existe un proceso de creación de palabras –lexicalización– en el que arbitrariamente se relaciona una forma de expresión con un contenido. La observación importante aquí es que esta relación es arbitraria; esto es, la forma de la expresión no está motivada por el contenido que expresa. Entonces si pensamos en un concepto bastante común en las comunidades humanas como casa, también podemos reparar en que en distintas lenguas el mismo concepto recibe formas distintas: house en inglés, casa en español, calli en náhuatl; o dentro de la misma lengua dos palabras pueden tener el mismo referente, como aguacate que en México designa a un tipo de fruto y palta que designa al mismo fruto en algunas partes de Sudamérica, o maíz y choclo. 

Si la arbitrariedad entre la forma de expresión y el contenido no fuera suficiente, los lingüistas también han notado que cada vez que un infante aprende su lengua materna, tiende a aprenderla de maneras ligeramente diferentes con respecto a la lengua de las personas que la rodean.2 Por ejemplo, quien escribe es originario de la ciudad de Puebla, donde tenemos por platillo emblemático el Chile en nogada (que sí, aquí lo hacemos obligatoriamente capeado). Mientras crecía, yo había hecho para mi interior una fusión de la preposición en con el sustantivo nogada y esto había provocado que en mi mente existieran los chiles enogada. Posiblemente, enogada estaba analizando en mi gramática particular como un adjetivo o un sustantivo, de modo que la estructura resultante era diferente a la de otras personas. Sin entrar en más detalles, un familiar me hizo énfasis en que en y nogada eran dos palabras diferentes, por lo que el análisis que yo había internalizado inicialmente tuvo que reacomodarse para terminar pareciéndose al de las personas que me rodeaban. 

Foto por el autor: Lona publicitaria de Chiles enogada en la Ciudad de Puebla

De manera crucial, este análisis de en y nogada como una misma palabra enogada, no ha sido exclusivo de mí, sino que éste se ha repetido incontables veces en diferentes hablantes, de modo que incluso se ha plasmado por escrito. 

Aunado a las propiedades mencionadas, que pertenecen a cómo son las lenguas y a cómo funciona el sistema cognitivo de la especie humana, también tenemos que pensar en otra fuente de variación que viene de la separación de los grupos humanos. Si yo no hubiera tenido a ese familiar que me hizo darme cuenta de que enogada tenía que analizarse como dos palabras separadas, posiblemente en mi gramática todavía existiría como un adjetivo o un sustantivo; por tanto, en la medida en que las lenguas se aprenden de maneras ligeramente distintas cada vez, y en la medida en que los individuos y los grupos humanos se separan unos de otros, las posibilidades de que las lenguas comiencen a parecerse cada vez menos aumentan con el tiempo. 

Me gustaría enfatizar, brevemente, el rol del familiar que corrige al niño que dice enogada. Cuando estas correcciones son lo suficientemente significativas (insistentes o fuertes), entonces el resultado es el cambio en el análisis inicial del niño; si no, como muchas correcciones al proceso de aprendizaje infantil, simplemente es ignorado. La cuestión aquí es ¿qué cuenta como corrección significativa?

“Existen formas de presión como la educación formal, que sancionan como mala o incorrecta la natural variación de las lenguas humanas, y que incluso condicionan el acceso a la movilidad social o garantizan el fracaso escolar”.

En sociedades como la nuestra, en la que existen estructuras e instituciones sociales de regulación del comportamiento, la lengua también es objeto de regulación. Existen formas de presión como la educación formal, que sancionan como mala o incorrecta la natural variación de las lenguas humanas, y que incluso condicionan el acceso a la movilidad social o garantizan el fracaso escolar,3 a partir de las formas diferentes de hablar. Como mencionamos en otro artículo: cuando algo se sanciona como correcto o incorrecto, casi siempre se hace desde una posición de poder, o desde posturas que buscan perpetuar el poder concentrado en algunos grupos. 

Las lenguas varían naturalmente no sólo en la forma en la que se organizan, sino también en los sonidos que utilizan para las formas de expresión. Incluso, las lenguas varían en si utilizan por completo sonidos o no, como en el caso de las lenguas de señas, que no están basadas en emisiones orales. 
Así, la variedad de lenguas humanas y la variedad dentro de una misma lengua son el testamento más contundente de aquello que nos hace humanos: son resultado, precisamente, de aquella capacidad que compartimos sin importar de dónde seamos o qué color de piel tengamos. La variación lingüística es tan natural como las lenguas mismas, por lo que más allá de juzgar las formas distintas de hablar o de pronunciar una lengua, deberíamos celebrar que esa diversidad nos une.  EP


  1. En un famoso experimento mental, Noam Chomsky sugirió considerar la posibilidad de que la Tierra recibe la visita de un extraterrestre. Si este extraterrestre hipotético viajara por nuestro planeta y visitara diferentes grupos humanos, tendría bases suficientes para concluir que todos los humanos hablamos humano, puesto que, en términos generales, para él, estaríamos haciendo lo mismo: abrir la boca y emitir sonidos de manera alternativa. Hauser, Chomsky y Fitch, The Faculty of Language: What Is It, Who Has It, and How Did It Evolve?, Science, 2002. []
  2. Para algunos, incluso, se debería hablar de que la lengua que se aprende es una diferente a la de la generación anterior, pero que, bajo ciertas condiciones, es moldeable como afirma van Gelderen (2011). []
  3. Tal y como Labov lo plantea en Language in the Inner City: Studies in the Black English Vernacular (1972) y en su testimonio en el Senado estadounidense en 1997. []
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