Desinfektion 30

Traute, muy querida para la artista, con seguridad logró mantenerse por largo rato, mientras Lotte pintaba de tamaño natural un cuerpo fuerte, ejercitado, el de una mujer moderna, cuando ellas decidieron no ceder los terrenos ganados durante la Primera Guerra.

Texto de 29/04/20

Traute, muy querida para la artista, con seguridad logró mantenerse por largo rato, mientras Lotte pintaba de tamaño natural un cuerpo fuerte, ejercitado, el de una mujer moderna, cuando ellas decidieron no ceder los terrenos ganados durante la Primera Guerra.

Llené una bandeja mediana de talavera. A un lado del ventanal, azules añil, ocres, rojos indio y verdes enebro parpadeaban entre agua y sol. El agua no siempre fue líquido confiable. En Europa, por ejemplo, según nos cuenta Sara F. Matthews-Grieco en su escrito El cuerpo, apariencia y sexualidad, durante los siglos XVI y XVII lavarse diario dejó de ser costumbre. La razón: el agua se convirtió en un medio de contagio de peste bubónica y sífilis, sobre todo en instalaciones públicas como baños con piletas y tabernas (sitios habituados para la prostitución de por sí con poca asepsia). La bañera, objeto enunciante de sensualidad al sumergirse en ella para permitir al cuerpo el abandono ante los sueños, bajo humedad y aromas de flor, desapareció en los hogares. El agua era peligrosa. Emitía vapores y suavizaba la piel; de tal suerte, los poros eran la compuerta abierta para cualquier enfermedad.

Fui lento hacia abajo, el dolor de un tendón de la pierna izquierda no me ayudó a acercarme al piso con velocidad. Una rodilla temblorosa apenas apoyada en la superficie, la otra apuntando al techo. Quise frotar con una esponja enjabonada mi torso, alguna parte de él, la que fuera, mirar las gotas en caída con fuerza mínima, mientras aparecía el cosquilleo de su recorrido potenciado por aire en calma. Quise intentarlo como lo hizo en 1930 Traute Rose, atleta quien posó de esa manera (y muchas otras) para la pintora alemana Lotte Laserstein.

¿Cuánto tiempo habrá estado Rose en pausa? Yo no aguanté semejante postura, me resistí a perder el equilibrio durante un intervalo penosamente breve. Traute, muy querida para la artista, con seguridad logró mantenerse por largo rato, mientras Lotte pintaba de tamaño natural un cuerpo fuerte, ejercitado, el de una mujer moderna, cuando ellas decidieron no ceder los terrenos ganados durante la Primera Guerra: trabajar a cambio de un sueldo, manejar (auto muchas y algunas también aviones), cortarse el cabello, beber, fumar, ponerse pantalones, saco y corbata, reírse a carcajadas en público, mostrar las piernas, respirar entre telas holgadas, salir de noche, bailar solas o con amigas o con uno o con más. Buscaban libertad, cuando menos tratar de crear un concepto propio.

A mí no me observaba nadie, así lo decidí: era un momento conmigo. No me significaba gran cosa mi chongo resbaladizo, ni la piel averiada en ciertas zonas, prueba de que crecí en la adolescencia, mucho menos di valor a una barriga que no muestra ni rastro de músculos marcados. Mis ojos en verde no tenían intención de seducir, sí descansar la vista en el reflejo aqua. Traute posó como si no fuera mirada, seguramente a causa de la voluntad compartida entre ella y Lotte. Cómplices. La obra se trata de esa mujer, sin ropa, pechos más o menos pequeños, sin tela que los protejan, frente a una tinaja chica, despreocupada por parecerle bella a quien sea, el pelo corto, desprolijo, cae un mechón sobre el costado del rostro, se mira a sí misma, una mano cubre su sexo, tal vez por un movimiento casual con el fin de no perder estabilidad. No lo sé… No estoy segura de si es una señal apenas perceptible de pudor propuesta por la pintora en sí (muchas veces las prohibiciones absurdas saltan sin empeño, aun en la rebeldía, como si fueran naturales, sólo como si fueran, porque se llevan tatuadas a la fuerza en algún lugar cerebral que no permite el descontrol completo).

El público no es invitado a la escena pictórica adrede, el público está de frente por casualidad; Traute no se ha dado ni cuenta, no es algo que le importe. Sus pantuflas no son rosadas, sino cafés, no están adornadas con listones, tampoco cubiertas de tela brillante o terciopelo, sí cubiertas con lana, quizás. Cualquier señal de feminidad impuesta no existe, posiblemente sea otro motivo por el cual el sexo fue tapado. Androgyn. A un lado y sobre un taburete, hecha bola, aparece un tipo de ropaje lejano a satines y sedas. Imagen que evoca algo parecido a la realidad íntima mediante una pose complicada, cierto, pero no imposible.

Lotte Laserstein, de las primeras mujeres graduadas en la Academia de Arte de Berlín en el año de 1927, judía de tres cuartos, necesario recalcarlo, víctima de la persecución nazi, razón por la cual consiguió asilo político en Suecia. Pintora olvidada, como cientos. Su propuesta: realismo con características andróginas en ocasiones, escondido por la historia durante décadas. En 1987, en Berlín, por fin se supo de su trabajo tras una exposición para vender su obra rescatada en una colección privada. Lotte y Traute asistieron al evento. Mis piernas son fuertes, herencia de la abuela Luisa, pero mi tendón rígido dificulta los dobleces con intención de apoyo. De todas maneras, pude lavarme las manos en cuclillas. Ahora hay que hacerlo treinta veces al día. La carne propia brilla y arde en rojo tenue a punto de laceración. Desinfektion. EP

Lotte Laserstein, Baño por la mañana, 1930, óleo sobre panel,

Autora: Lotte Laserstein
Título: Baño por la mañana
Fecha: 1930
Técnica: Óleo sobre panel
Medidas: 99.7 × 65.1 cm.
Colección: National Museum of Women in the Arts, Washington D.C.

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