De juguetes chinos, la Plaza Meave y Vizcaínas

La historiadora Sara Mariana Benítez relata la importancia del Colegio de Vizcaínas, lugar de tradición en el Centro Histórico de la CDMX.

Texto de 03/12/21

La historiadora Sara Mariana Benítez relata la importancia del Colegio de Vizcaínas, lugar de tradición en el Centro Histórico de la CDMX.

I, I, I

I am your butterfly

I need your protection

Be my samurai

Es bastante común para mí escuchar en los pasillos de la escuela —ahora que hemos regresado a clases presenciales— el tono de una canción de juguete que dice Ay iyaiyai iyaiyai Where’s my Samurai pues mis queridos alumnos la usan como tono de teléfono. Esa misma canción fue retomada por Die Antwoord, de origen sudafricano, para la canción Enter The Ninja. Pero sigue siendo mucho más popular la primera, de Smile.dk.

Aún más interesante me parece que esa misma canción la he escuchado innumerables veces en los últimos años, desde que iba a mis clases de Historia del Mundo Hispánico y Lusitano con la querida Dra. María Cristina Torales a la calle de Izazaga y Meave, hasta cuando entré a comprar juguetes para mis sobrinos en las arremolinadas casas que han sido adecuadas como bazares en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Claro que me parecía mucho más contrastante pasar por Plaza Meave con estos ruidos, el sabor de los tacos al pastor de la entrada y los gritos de venta para más tarde entrar al Colegio de Vizcaínas a tomar clase en un recinto silencioso que está a pocos metros de esos mismos sonsonetes.

Pero ¿por qué se llama así la plaza? 

Ambrosio de Meave nació el 7 de diciembre de 1710 en España. Tuvo un interés fundamental en probar suerte en esta región, y este interés le generó una entrada al mundo de los negocios. Fue miembro de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu, un grupo de personas que sobresalieron del resto de los peninsulares que se organizaron para formar una hermandad. 

La fundación comenzó 21 años antes del nacimiento de Meave, en 1689 y bajo el permiso de la Iglesia para reunirse. En un principio el arzobispo estuvo en contra; le pareció sectario y segregador. Los cofrades plantearon —bajo una preocupación latente y vigente hasta hoy para todas— hacer un asilo para proteger a mujeres vascas necesitadas y a jovencitas del mismo origen para recibir una educación adecuada. 

Hoy este lugar es conocido bajo el nombre del Colegio de las Vizcaínas, pero es también llamado Colegio de San Ignacio de Loyola. 

“Es fascinante pensar en este lugar que no ha dejado de funcionar de manera ininterrumpida, que aún al atravesar sus puertas uno puede ver a niños y niñas corriendo por el gigantesco patio.” 

Es bastante común que después de escuchar de la Plaza Meave, que tiene que ver con Ambrosio de Meave, escuchemos de invitaciones a conciertos, bodas o graduaciones al “Convento de las Vizcaínas”. Pero el Colegio de las Vizcaínas nunca fue un convento. Siempre ha sido una institución enfocada en la educación y por tanto debe de llamarse Colegio.  

El Colegio abrió sus puertas en septiembre de 1767 y fue el primero para mujeres del continente. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX se convertiría en un colegio mixto. Es fascinante pensar en este lugar que no ha dejado de funcionar de manera ininterrumpida, que aún al atravesar sus puertas uno puede ver a niños y niñas corriendo por el gigantesco patio. 

“El Colegio de Vizcaínas es un lugar mágico. Ocupa un edificio precioso en el Centro Histórico de la Ciudad de México.”

El Colegio de Vizcaínas es un lugar mágico. Ocupa un edificio precioso en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Algunas de sus alumnas más reconocidas son María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón, conocida como Josefa Ortiz de Domínguez y llamada por otros como La Corregidora que participó en la conspiración de Querétaro que sería clave para la Lucha de la Independencia con el cura Miguel Hidalgo y Costilla. Asimismo, Sara García, símbolo del famoso chocolate Abuelita y destacada actriz del cine de oro mexicano que participó en algunas películas como Los Tres García, Vuelven los García, El Baisano Jalil, El Barchante Neguib, entre otras. 

El edificio del Colegio también es recordado por algunos eventos exclusivos. Por ejemplo la famosa boda de Lucero y Mijares que se convirtió en un suceso en su momento, la de algunos miembros de la familia Salinas Pliego y Slim, así como conciertos de beneficencia en donde se presentaron Elton John y James Blunt. 

Vizcaínas es un lugar silencioso, al cruzar sus enormes puertas no se escuchan las canciones ni el ruido del centro. Y pasa uno por un precioso patio en donde se puede admirar la arquitectura. 

Mis visitas al Colegio siempre fueron con compañeros de la licenciatura en Historia, tuvimos acceso al Archivo Histórico, coordinado por la doctora Ana Rita Valero de García Lascuraín así como al Museo. 

“Al haber sido una institución con una tradición de casi tres siglos de educación femenina, es posible consultar y observar  textiles y documentos que hablan sobre la vida cotidiana de las mujeres.”

Al haber sido una institución con una tradición de casi tres siglos de educación femenina, es posible consultar y observar  textiles y documentos que hablan sobre la vida cotidiana de las mujeres. Además, entre las historias fascinantes que se pueden encontrar están las de niñas que vivieron el levantamiento de Independencia, el desarrollo de bordados y dechados al interior, la visita de Porfirio Díaz al Colegio y el desarrollo de la vida al interior, o bien la presencia de los locutorios y las escuchas. 

El Colegio de Vizcaínas es un lugar de tradición y testigo de lo que ha pasado en nuestro país hasta nuestros días. Su preciosa fachada barroca desde el exterior es algo inolvidable. Eso sí, no le vuelvan a llamar “Convento”… ¡Es un colegio! EP

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