Telares Uruapan. Un legado textil, un momento moderno

La curadora Ana Elena Mallet relata su primera experiencia con artesanos michoacanos y cuenta sobre Telares Uruapan.

Texto de 13/05/21

La curadora Ana Elena Mallet relata su primera experiencia con artesanos michoacanos y cuenta sobre Telares Uruapan.

En junio de 2017 llegué por primera vez a Uruapan, Michoacán. El escultor Javier Marín y el galerista Eduardo Mier y Terán habían montado una exposición en una antigua fábrica textil que tenían la intención de convertirla en espacio cultural y querían mi opinión del proyecto. Había ido cantidad de veces a Morelia, pero no conocía nada más de Michoacán. Así que mi condición fue que hiciésemos un pequeño recorrido por los poblados alrededor de los lagos michoacanos, buscando a ciertos personajes, referencias, diseñadores y talleres del periodo moderno, que había encontrado en libros, revistas y periódicos. Tanto Javier como Eduardo comparten mis obsesiones, así que accedieron encantados y sumé al grupo a Marcella Echavarria, colombiana origen, entonces radicada en Nueva York, experta en diseño artesanal.  

Así visitamos Pátzcuaro, Erongarícuaro, Tzintzuntzan, Santa Clara del Cobre y San José de la Laguna en busca de cuentos modernos y objetos con historia. Sobra decir que encontramos más de lo que yo esperaba y ese Midcentury Michoacán que yo me había imaginado, de pronto cobró vida. Entre 1940 y 1970 una gran cantidad de artistas, diseñadores, escritores e intelectuales, desfilaron por tierras michoacanas buscando, algunos “lo auténtico” y otros, un espacio de desarrollo creativo que encontraron en el trabajo hecho a mano y la destreza de los artesanos locales, en ese viaje localizamos restos, piezas y muchas, muchas historias. Pero la mejor sorpresa nos aguardaba en casa, en las entrañas de la Fábrica de San Pedro que entonces, albergaba aquella exposición titulada Anillos concéntricos, organizada por la Fundación Javier Marín. El espacio era algo sorprendente, una edificación fabril de finales del siglo XIX que conservaba sus condiciones originales. En medio de un bosque de columnas de madera, surgía esta exposición que se refería a los diálogos entre artistas contemporáneos y procesos artesanales. Al final del recorrido me presentaron a Susana y Rewi Illsley, hijos de los dueños de la fábrica y quienes aún conservan y operan, el proyecto que iniciaron sus padres en 1956, Telares Uruapan. Un taller textil que produce bellísimos y coloridos lienzos en telar de pedal.

Rewi y Susana comenzaron a contarme la historia del taller y a compartir documentos, papeles y recuerdos. De pronto, cayeron en mis manos unos muestrarios de telas que me parecieron más que familiares: eran los diseños de MexiCotton, míticas combinaciones realizadas por el norteamericano Alexander Girard durante su paso como director de textiles de la compañía internacional de mobiliario y decoración Herman Miller. Mi grito de emoción fue instantáneo y todos a mi alrededor me miraron sorprendidos. Esta era la conexión que llevaba buscando hace años; sabía que esas telas se producían en México, pero no había logrado dar con sus productores. Ahora sabía que el matrimonio Illsley era el eslabón perdido de mi investigación que conecta el diseño moderno mexicano y la artesanía nacional, con el diseño moderno norteamericano. 

En 1956 Walter Illsley y Bundy Granich, fundaron en la ciudad de Uruapan en Michoacán, un proyecto textil que tenía la intención de servir como centro de capacitación a jóvenes indígenas: Telares Uruapan. Ambos norteamericanos con legados familiares y pasados distintos, se conocieron en una posada en la ciudad de México en 1953, y al poco tiempo se casaron y partieron rumbo a Sonora con el fin de trabajar con una comunidad Seri. Posteriormente, se establecieron en Michoacán. El padre de Walter era ingeniero y los de ella artistas bohemios. En 1945 él pasó una temporada en China como miembro de la recién creada Organización de las Naciones Unidas, donde se familiarizó con las cooperativas y el trabajo colectivo; mientras, Bundy Granich trabajaba como chofer y mensajera en Nueva York y los veranos trabajaba con sus padres en un campamento en Woodstock. 

A su regreso de Sonora, un conocido presentó a la pareja con el general Lázaro Cárdenas que buscaba impulsar proyectos productivos asociados con las artes, las artesanías y el turismo en su tierra natal. Así una carta del general sirvió como salvoconducto para conseguir apoyos, comprar cuatro telares de pedal usados, y fundar un proyecto textil en Tanaco y que posteriormente se trasladó a Uruapan.

Con el tiempo y una profunda dedicación los Illsley hicieron de Telares Uruapan una referencia, algunos de esos jóvenes indígenas que comenzaron en el proyecto de capacitación se convirtieron en maestros tejedores y tintoreros. Michoacán, y específicamente la zona de los Lagos, se convirtió en importante centro turístico, en parte gracias al constante apoyo del general Cárdenas. Las finas y diversas artesanías que se producían en el territorio, se convirtieron en objetos de deseo para viajeros, coleccionistas y comerciantes de arte popular norteamericanos que hacían un buen número de viajes al año para poder surtir sus bodegas. 

Telares Uruapan se posicionó en el radar de varios de estos marchantes que comenzaron a llevar sus telas para venderlas o realizar con ellas diversos productos para los hogares modernos de aquellos años. Cojines, colchas, caminos de mesa, individuales y otras piezas, empezaron a verse en tiendas de curiosidades, de artesanía y de diseño lo mismo en la Ciudad de México y Tlaquepaque, que en California, Nuevo México, Texas y otros estados de la unión americana.

Exclusivos hoteles en distintas partes del mundo así como diseñadores como Geoffrey Beene, Alexander Girard, Fred y Barbara Meiers y marcas como Knoll y Herman Miller, fueron algunos de los clientes destacados de Telares Uruapan, que buscaban sus telas por su gran calidad, sus vibrantes colores y sus bellos diseños, pero también porque los Illsey tenían la destreza y la paciencia para recibir a los clientes en sus instalaciones, y realizar pedidos y diseños exclusivos para cada uno de ellos. 

La inventiva de Walter lo llevó a diseñar máquinas que estaban armadas con piezas de automóviles u otros aparatos para mejorar los procesos de producción, mientras que la creatividad y el ojo de Bundy lograron la excelencia en los diseños y la diversificación en la producción textil pues no sólo se aventuró a diseñar telas de algodón o cambayas, sino también tapices y tapetes de gran formato.

A partir de aquella visita, Rewi y Susana abrieron los archivos de sus padres, sus álbumes de fotos y sus memorias y recuerdos para que en mis siguientes visitas, pudiera nutrir mi investigación y darme cuenta de la trascendencia del trabajo de los Illsley y la importancia social, económica y de diseño del proyecto en la región e incluso fuera del país. 

Poco a poco, surgieron las conexiones: Roberta French, la empresaria textilera de Oaxaca; Fred y Barbara Meiers diseñadores de California, Ken Edwards, ceramista de Tlaquepaque: cartas, facturas, documentos, cada papel nos permitía ahondar en historias fantásticas que hablan de los nexos de diseño de México con el mundo.

Telares Uruapan sigue vivo y produciendo en la planta baja de la Fábrica de San Pedro que el año que viene, finalmente se convertirá en un maravilloso centro cultural, de experimentación y pensamiento, dedicado al diseño, la gastronomía y el arte, con residencias incluidas. El arquitecto Mauricio Rocha se encarga de la delicada restauración y la Fundación Javier Marín se hace ya cargo de su administración y operación. 

Este año, Telares Uruapan cumple 65 años y curiosamente el Museo Franz Mayer está presentando la maravillosa exposición Alexander Girard. El Universo de un diseñador, donde apenas hay esbozos de la importancia de México en el imaginario y el diseño de Girard (mi tesis, que da para otra entrega, es que México cambió la mirada y por ende, el trabajo del diseñador). Aprovechando el aniversario, el montaje del Franz Mayer y los diálogos que podían crearse, decidimos junto con Eduardo Mier y Terán y el equipo de la galería Terreno Baldío Arte, hacer una exposición homenaje a Telares Uruapan. Así, saque mi investigación, aún en proceso, del cajón, trajimos parte del archivo textil y documental a la Ciudad de México y montamos la muestra Telares Uruapan. Hilando un legado, que busca explorar la historia de este proyecto, muestra sus procesos de trabajo y ahonda en el legado de un taller que sigue activo y se ha convertido en un referente en la historia del diseño en México y también en Estados Unidos. EP

La muestra estará abierta hasta el 24 de junio en Terreno Baldío Arte. Colima 177, Colonia Roma. De martes a sábado de 11 a 18 horas.

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