Becarios de la Fundación para las Letras Mexicanas: El país de la no maravilla

Jimena Hinojosa, becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Dramaturgia, escribe un poema que reestructura la historia de Alicia en el país de las maravillas.

Texto de 22/06/22

Jimena Hinojosa, becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Dramaturgia, escribe un poema que reestructura la historia de Alicia en el país de las maravillas.

La Alicia que no es Alicia 

Y me pongo uno tacones altos que me aprietan hasta el tuétano. Y salgo disparada de mi casa con mis pies bien morados para coger un taxi en la calle.

Y en el camino ensayo los diversos temas de los que hablaré esta noche.

Y es que voy a estar con gente muy inteligente carajo.

Y me empieza a sangrar la nariz, ni siquiera he llegado y mi nariz ya se puso a sangrar como grifo abierto.

Y le pido al taxista que se pare en un Oxxo para comprarme unos kleenex.

Y en el Oxxo me compro unos cigarros y una rockaleta:

Unos cigarros y una rockaleta para la fiesta por favor

Y me subo de nuevo al taxi y veo que no compré kleenex y mi nariz está sangre que sangre.

Y recuerdo que tengo que leer un par de noticias para estar actualizada en los temas políticos mientras comemos pastel e inhalamos polvo mágico.

Señor Conejo, la editorial va a dar una fiesta, una fiesta bien grandota.

Y va a estar el infeliz éste y el infeliz aquél y todos los infelices importantes. Y yo estoy invitada.

Pues siempre se necesita invitar a los empleados jóvenes, para mantener las apariencias:

¡Miren! 

¡Soportamos a la juventud! 

¡Hasta los invitamos a nuestros cocteles!

¡E inhalamos con ellos cocaína!


Y llego al restaurante que rentó la editorial, es una marisquería.

Pero no parece, está trasformada, está divina, qué bárbaro, pero qué buen gusto.

Y la sangre de mi nariz ha comenzado a manchar mi escote.

Y voy al baño por kleenex para limpiarme la sangre del escote. Y era papel de baño perfumado.

Y me miro al espejo y caigo en cuenta de que no he hecho nada de mi vida.

Más que ir a fiestas, estar cruda y ser la asistente de una editorial.

¿Y de qué demonios sirve leer?

Nada. 

Soy la asistente que se roba plumas y clips, soy la puta asistente.

La puta.

Puta ladrona de clips y hojas recicladas.

Y he desperdiciado 25 años haciendo nada, 16 0 20 años en el sistema escolar y nada.

Ningún examen memorable, ninguna enseñanza transformadora.

No recuerdo haber aprendido algo útil. No sé qué hacer en un terremoto, ni cómo dar respiración boca a boca, mucho menos sé cómo quedarme encerrada en casa en medio de una guerra.

Lo único que sé es cocinar huevo con jamón.

Hice amigos, pero no a todos los retuve, porque soy una persona insoportable. 

Y los amigos no son algo práctico, solo me han hecho gastar mi tiempo en más fiestas y en más crudas y en sus lloriqueos y en llamadas interminables por teléfono a las 2:00 de la mañana.

Y solo hago presentaciones de power point y tomo llamadas. ¡Y eso de qué sirve a la humanidad!

Y miro en el espejo mis ojos con lagañas y solo veo horror, horror de estar en un baño tan limpio y caer en el existencialismo.

Y salgo corriendo del baño, como si hubiera visto a la mismísima llorona.

Señor Conejo: me encontré a la llorona en el baño de una marisquería.


Y sigo sin tener kleenex, entonces vuelvo al baño, porque me he olvidado, me he olvidado de todo lo útil que se puede aprender.

Y me encierro en el escusado y saco una de mis bolsitas mágicas y me echo una, no, dos rayas, para estar bien prendida y bien habladora.

Escucho la voz de Alicia, esa que se cree mi amiga y abro la puerta para que ella también se eche dos rayas.

Mira— le digo— traje polvo de hadas.

Y ella se emociona de más, porque ella siempre se emociona como si fuera el día de su santo.

Hoy la vamos a romper — me dice la muy desgraciada.

Como si ella supiera el verdadero significado de esa palabra. Como si ella hubiera roto un espejo con el puño de su mano en el baño de una marisquería y luego se hubiera puesto a cantar y a bailar, hasta que le sangrara la nariz.

—Toma otra raya, pequeña desgraciada y vamos a ¡bailar! EP

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