Wildfire ultra-violeta

La ensayista Valeria Matos pone la mirada en Edmonia Lewis, notable escultora indio-afroamericana.

Texto de 20/11/20

La ensayista Valeria Matos pone la mirada en Edmonia Lewis, notable escultora indio-afroamericana.

[] Ese hombre vestido de negro 

dice que las mujeres no pueden tener tantos derechos como los hombres, 

¡porque Cristo no era una mujer! ¿De dónde venía tu Cristo? 

¡De Dios y de una mujer! El hombre no tiene nada que ver con Él. []

(Fragmento del discurso ¿Acaso no soy una mujer? de Sojourner Truth (1851) 

Minnehaha viva. 

La sangre formó caminitos entre el campo níveo. Figuras carmín se unieron a las ramas secas esparcidas gracias al viento. Piel bruna abierta goteaba en rojo. Labios sobre piso. Edmonia golpeada. Varios muchachos lanzaron impactos contra su cuerpo adolescente. La mente no se detuvo, ¿moriría? Sus manos y piernas actuaron por sí mismas para defenderse. Suelo helado. Silencio. Por fin de pie continuó el camino en zigzag. El tronco del árbol próximo quedó con rastros de tinta vena. Así lo imagino, y si no fue exactamente como lo describí, sentir terror seguramente existió en su adentro. “¿Acaso no soy una mujer?”, preguntaría con insistencia Sojourner Truth… Edmonia viva. 

Minnehaha muerta ha sido representada en el arte varias veces, una de las más conocidas es la obra de William de Leftwich Dodge (1892): Minnehaha recostada, torso desnudo, una luz intensa lo ilumina. La contemplación a la figura femenina bajo un halo de sensualidad no es finita ni siquiera en su lecho mortuorio. Ella tendida (personaje hoy mítico y ficticio del poema The Song of Hiawatha), símbolo de fragilidad del líder indio; él con el corazón que le estalla, como escribió, en 1855,, Henry Wadsworth Longfellow. 

En otra época, en otra latitud, una niña de ojos claros, cinco años, casi se paraliza de miedo en cuanto una mano adulta la recorre como flor naciente sin defensa. Su voz se transformó en silencio absoluto. Sin embargo, aquel monstruo hombre no huyó de la sala sin varias mordidas. Colmillitos agujas marcaron e hirieron la carne correosa de la bestia agresor. La niña viva. 

Minnehaha viva, laten sus entrañas, piel de mármol blanco. Combinación entre mujer idealizada y lo inasible de una héroe épica, resultados del movimiento estético neoclasicista. Era 1868, Edmonia la creó en un busto, así, fuerte, sin haber muerto aún de hambre y fiebre, lejos de la escena evidente de la ausencia del alma frente a Hiawatha. Minnehaha envuelta en piel animal, ojos abiertos que miran, nariz curva, cabeza sostenida por cuello firme, cabellos gruesos trenzados, una tiara de cuero alrededor de la frente impide que los mechones rebeldes caigan sobre el rostro ovalado. Imagen para la memoria.

La niña de ojos verdes, más viva que nunca, prepara en su tacita el té de amapola real y elementos somníferos; los mezcla con canela; agita en ritmo de metrónomo la cuchara donde cabe exacto un terrón de azúcar; ofrece el brebaje al dueño de la mano adulta, a quien felizmente no volvió a ver. Luego de imaginar, la chiquita, a sus anchas en el pasto, mira los remolinos blancos contenedores de agua vaporizada. Guarda su furia paciente. Ya aprenderá a escribir párrafos enteros, ya hará con y desde el cuerpo, ya gritará junto a otras mujeres, sin importar en cuál tiempo vivieron, ni la opresión de clase ni raza ni nacionalidad ni nada. Fisurarán el sistema. Existe un punto en el cual importa más la transverberación a la que se refiere Suely Rolnik entre nosotras, sumada nuestra resistencia en colectivo frente al deseo patriarcal de dominación. 

Edmonia viva al martilleo. El caos en ocasiones abre posibilidades, las estructuras se debilitan, las normas colapsan, nuevos caminos quedan al descubierto, no sin monolitos en todas direcciones. Se escucha el sonido seco, constante de metal contra piedra. Quebrar la roca con propiedades calizas, también lo establecido, el obstáculo. Lewis vivió una época violenta, ¿quién no? Pero existen diferencias…  Mujer de raíces nativoamericanas-africanas presente en el inicio de la transición pausada (una que no termina todavía): de esclavitud a obtener derechos civiles a partir de la Guerra de Secesión. 

Mujer noche, brillante en boca, palmas, iris, combinación de la descendencia africana-haitiana del padre (sirviente liberto) y ojibwa de la madre (tejedora y cestera). Wildfire fue su nombre al nacer en Greenbush, Nueva York (1844). Fuego salvaje, a veces evoca pequeñas llamas en el aire. A los nueve años, huérfana, vivió con su hermano mayor, Samuel, y su tía. Samuel trabajó y pagó los estudios a su hermana (primero en New York Central College, luego en Oberlin, donde inició arte, para continuar más tarde en Boston con el escultor neoclásico Edward Brackett). Edmonia continuó sus estudios a pesar de recibir injurias, acusaciones sin fundamento de intento de homicidio, violencias de todo tipo, entre otras calificativos despectivos… Ser mujer afroamericana a mediados del siglo XIX, en Estados Unidos… ¿Y hoy?

Más de un siglo después, la niña ojiverde conoció el mármol magnético hecho Cleopatra en su decisión última, camino a la muerte. Desobediente se acercó, su palma de la mano (con menos de diez centímetros de largo) tocó las piernas de la faraona. Quería sentirlas con la mejilla, pero un guardia apareció. Aún hoy el mármol me parece un material receptáculo de luz en cada franja, como yo misma en ojos veta, tonos jade. 

Cleopatra, Minnehaha: inmortales en la roca. 

Las hijas de África en el continente americano, en general, trabajaron en ese entonces como sirvientas, vendedoras, hilanderas, tejedoras, costureras, prostitutas, agricultoras, nanas, parteras, curanderas. Las hubo rebeldes, por ejemplo Harriet Tubman, quien después de escapar de la esclavitud ayudó a cientos de esclavas y esclavos a conseguir su libertad dentro del movimiento abolicionista, más tarde unió su lucha al sufragista. Lewis resaltó dentro de la sociedad decimonónica sexista, racista. Conforme el tiempo sucedía, la escultora, con ayuda de sus capacidades creativas y las circunstancias, deconstruyó la imposición social que la calificaba automáticamente como inferior. Por un lado, dicen que alardeaba de su talento, apuntó Lupina Lara Elizondo en Mujeres artistas en la historia universal; por otro lado, se aferró a las raíces de un padre y una madre que le heredaron la posibilidad de cimentar su identidad. Era la época precisa. Las excavaciones arqueológicas adquirieron fuerza. Escarbar hacia periodos antiguos, elevar sus vestigios a la perfección, símbolos de orgullo. Ella hizo lo mismo con su génesis. 

Después de mostrar su trabajo, la comunidad abolicionista de Boston la apoyó para viajar a Roma, como lo hacían otros artistas del momento. 

Dominar la técnica artística a la perfección no es suficiente. Nunca lo ha sido. Se debe cautivar al mercado, a la crítica. Gombrich cuenta en La historia del arte que los temas creativos eran los mismos una y otra y otra vez (los y las diosas de la mitología griega, sus historias épicas y amorosas, Afrodita y Cupido, Cronos devorando a sus hijos). En mi opinión, probablemente Edmonia Lewis entró a tierra extranjera y fue la novedad: una mujer, talentosa, artista, de color universo, desafiante, y no solo eso: enriqueció la actividad artística con una temática propia, una reconstrucción identitaria con francas expresiones de vindicación racial e incluso en algunos estudios feministas se anota un compromiso activista en pro del derecho al voto de las mujeres de color. Cierta gente europea compradora de arte, alejada de una guerra reciente que poco les competía, estaba lista para recibir la originalidad. No dejó a un lado esculpir figuras clásicas, pero lo novedoso en el arte de Lewis fue político. Se tornó un éxito. 

Tal vez los golpes al mármol estrellaron furias y tristezas aferradas a ella, cual arena volcánica adherida a estructuras óseas. Taz taz taz, golpe contra la superficie más resistente: sinónimo de voz. 

En su tierra hizo exposiciones importantes, igual que en Roma. El precio de su obra creció. Italia no fue el único país en el cual estuvo, también fue a Inglaterra, donde murió en 1907. 

Una mujer color penumbra fue aceptada en la sociedad albar. Cambió su nombre por Mary Edmonia (¿cuestión de sobrevivir o necesidad de pertenencia a la vorágine dominante o contribuir a la aniquilación lenta del monstruo alojada en su interior o la combinación de lo anterior más lo que no pensamos?). Creó arte con estilo hegemónico, pero imaginarios propios que se aglutinaban en la historia de la cultura erguida rebelde ante la marginalidad obligada. Aquel espíritu se enciende indomable: Wildfire.

Continúan los hallazgos de ramas, cemento, pasado y presente con rastro sangre. Permanece a la par el mármol bajo los efectos de luz negra, belleza fulgor ultra-violeta. 

Recordatorio: No soy niña más. Ojos jade, manifestaciones púrpura. Lengua detonante de fortaleza. La última estalla, junto con la de muchas mujeres, como ola contra el dique patriarcal opresor, invisible, verdadero, asfixiante. Vivas. “¿Acaso no soy una mujer?” Esta pregunta nos la hacemos todas. Y absolutamente nadie puede contestar por nosotras. 

Las fisuras han dañado cimientos y columnas. #SeVaACaer. EP

Edmonia Lewis (American, 1844–1907) Minnehaha, 1868 American, Marble; 11 5/8 × 7 1/4 × 4 7/8 in. (29.5 × 18.4 × 12.4 cm) The Metropolitan Museum of Art, New York, Purchase, Friends of the American Wing, Morris K. Jesup Fund, 2015 (2015.287.2) http://www.metmuseum.org/Collections/search-the-collections/687677


Artista: Edmonia Lewis 

Título: Minnehaha

Fecha: 1868

Medidas: 29.5 × 18.4 × 12.4 cm

Técnica: Mármol 

Colección: Metropolitan Museum of Art, New York, NY

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