[…] el cuerpo del otro también fue el propio. Y lo fue en esa vehemencia por recuperar los cuerpos de quienes no sabíamos si estaban vivos, de quienes permanecían desaparecidos y de quienes yacían sin pulso bajo las edificaciones caídas. En todas estas acciones hubo una continuidad entre los cuerpos, un borrón de la distinción […]