Exclusivo en línea: Ruinas, cabras y un documental que es ficción. Una entrevista a Ben Guez y Mariana Mendívil

Entrevistamos a Ben Guez y a Mariana Mendivil, director y productora/sonidista de Valentina, un cortometraje sutilmente mágico de estilo vérité, inspirado por las obras de Juan Rulfo que fue grabado en la Sierra Madre y que documenta la vida de una pareja que vive ahí, junto con unas cabras a las que tratan como si fueran sus hijas. Ben y Mariana hablan sobre sus experiencias tanto en el cine como en el rodaje de este proyecto, así como sobre su interés por exponer “las problemáticas de la experiencia humana, del corazón.”

Texto de 27/08/19

Entrevistamos a Ben Guez y a Mariana Mendivil, director y productora/sonidista de Valentina, un cortometraje sutilmente mágico de estilo vérité, inspirado por las obras de Juan Rulfo que fue grabado en la Sierra Madre y que documenta la vida de una pareja que vive ahí, junto con unas cabras a las que tratan como si fueran sus hijas. Ben y Mariana hablan sobre sus experiencias tanto en el cine como en el rodaje de este proyecto, así como sobre su interés por exponer “las problemáticas de la experiencia humana, del corazón.”

Tiempo de lectura: 9 minutos

Ben, sabemos que te interesa trabajar en América Latina y el Caribe, ¿por qué? ¿qué hay aquí que no haya en Estados Unidos, donde vives, o en tu país de origen (Rusia)?

Ben Guez: Nací en Rusia y me mudé con mi familia a Chicago en los Estados Unidos cuando tenía nueve años. Cuando cumplí 17 años, los padres de un amigo mío me invitaron a un viaje a Colombia y en cuanto llegué, sentí una inexplicable afinidad con el país y la cultura. Yo sentía que ya no pertenecía a Rusia, pero tampoco a los Estados Unidos. Latinoamérica, para mí, era un poco como una mezcla entre ambos países. Incluso, después viví varios años en Colombia y dos años en Buenos Aires. México me queda muy cerca y estuve trabajando durante tres años en una película que se filmaba en la Ciudad de México, por lo que ya no me parece algo muy ajeno. Además, creo que lo que nos llama a filmar, tanto a Mariana como a mí, son las problemáticas de la experiencia humana, del corazón.

Ben Guez fotografiado por Jim Garrido

Mariana, ¿cómo fue que empezaste a hacer cine? y ¿por qué?

Mariana Mendívil: Muchas veces me he preguntado lo mismo, porque no recuerdo cuándo fue exactamente que decidí hacer esto, siento que un día simplemente me encontré haciéndolo. Empecé a salir en comerciales cuando tenía cinco años y mi mamá trabajaba en una empresa de publicidad. Entonces me acuerdo de ir por las tardes y ver cómo editaban eso que habíamos grabado. Crecí queriendo actuar y fui a un sinfín de cursos de actuación, piano, ballet y pintura. Yo soy de Hermosillo, Sonora, pero todos los veranos los pasaba en la Ciudad de México, en cursos de actuación que siempre incluían cine. Desde los 13 años me acuerdo que terminaba dirigiendo estos ejercicios que nos ponían. A los 15 años mi mamá se casó y nos vinimos a vivir aquí. A los 16 años empecé a ir a cursos de cine los fines de semana. Y recuerdo cómo el primer día que tuve clase de sonido me di cuenta que nunca había pensado sobre el sonido del cine. El profesor fue sumamente generoso y nos llevó todo su equipo, además de animaciones de Norman McLaren, que experimentaban con sonido óptico. Quedé fascinada por todas las posibilidades que ofrecía el sonido y a partir de ahí empecé a pedir en todos los ejercicios que hacíamos, hacer  sonido directo. Así empecé a aprender. Hasta que un día, una productora necesitaba un asistente de sonido y me recomendaron a mí. Cuando me presentó con el sonidista se le hizo muy chistoso que hubiera una niña de 16 años, que estudiaba en una escuela de monjas y le gustara el sonido, ya que es de los departamentos menos valorados en el cine. Este sonidista me empezó a enseñar en set y así me fueron llamando a rodaje tras rodaje. Así pasé los dos últimos años de prepa hasta que me fui a vivir un año a Barcelona. Allá también estuve en muchos rodajes haciendo sonido con los alumnos de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC) y al mismo tiempo estudiaba guion en Bande à Part Escola de Cine | Barcelona. Regresando a México entré de becaria a la Productora Fábrica de Cine donde estaba en el área de guion y producción. Después entré al CUEC, Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, y ahora me encuentro haciendo mi tesis. 

Mariana Mendívil fotografiada por Jim Garrido

Cuéntennos un poco sobre qué trata el corto.

MM: El cortometraje trata sobre una pareja que vive en un pueblo fantasma, dentro de las ruinas de una hacienda minera abandonada, específicamente en la parte que solía ser el hospital;  viven con sus cabras, quienes tienen nombres y a las que tratan como si fueran sus hijas e hijos.

¿En donde se ha proyectado Valentina?

MM: Hemos tenido la fortuna de que Valentina se haya proyectado en varios países. Se estrenó en abril del 2017, en el Festival Internacional de Cine de San Francisco. En junio estuvo en Cinemajove International Film Festival en España. Luego en julio regresó a donde fue filmado y estuvo en competencia en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato. En agosto se proyectó en Filmcaravan en Italia, donde ganamos el premio del jurado. En septiembre estuvo en el Festival de Cine de Ensenada y después volvió a España en ForadCamp. En octubre se presentó en Doqumenta en Querétaro. El año pasado se exhibió en Hermosillo y este año en el Festival de Mascotas de Tepoztlán.

Poster por Hanna Kruk

Sabemos que para el proyecto de Valentina, se han inspirado en la literatura de Juan Rulfo. ¿Cómo fue que lograron poner el proyecto en marcha?

BG: Yo fui por primera vez creo que en 2013 o 2014 al lugar donde filmamos Valentina y me enamoré del lugar. No es sólo fantasmagórico sino que queda en la región del Bajío, que de cierta manera es el corazón de México, pues es de donde provienen muchas tradiciones como día de los muertos, la Revolución y la guerra de la Independencia. Es un lugar donde se siente todo el peso de la historia de este país, que es lo mismo que siento con el lenguaje de Juan Rulfo, que arremete el corazón de México. Fue en este lugar donde encontré esa confluencia y desde entonces supe que quería hacer una película en ese pueblo. 

MM: Ben me contó de esta idea que tenía para un cortometraje a principios de junio del 2017. Estuvimos un par de semanas mandándonos referencias sobre lo que nos imaginábamos que se podía hacer, entre ellas específicamente Pedro Páramo y “En la madrugada” (de El llano en llamas). Sin pensarlo mucho, tomamos el equipo y nos fuimos solos a buscar una historia en este pueblo.

BG: Estuvimos días sin encontrar nada. Nos rendimos y decidimos subir una montaña. Casi cuando estábamos por llegar a la cima vimos dos pastores de cada lado. Uno iba a caballo llevando a su rebaño y el otro iba a pie. Decidimos por el que iba caminando y corrimos hacia él. 

MM: Pasamos el resto del día acompañándolo a pastorear sus cabras. No llevábamos equipo para filmar, así que sólo disfrutamos el paseo y platicamos con Chuy. Luego nos dijo que en su casa había una mina que podíamos visitar, que estaba ahí su esposa. Cuando fuimos fue que conocimos a Mari. Esa tarde cenamos con ellos y les preguntamos si podíamos ir al día siguiente a filmarlos. Nos dijeron que sí y así empezó Valentina.

Ben Guez y Mariana Mendívil fotografiados por Jim Garrido

¿Cómo fue el proceso de filmar Valentina?

MM: Empezamos muy impulsivamente. Dos semanas después de que Ben lo planteó ya estábamos de camino allá sin saber exactamente qué es lo que encontraríamos, pues no había guión ni una historia. Solo estábamos seguros de la atmósfera que queríamos.

BG: Nos echamos 3 viajes. Fuimos el primer viaje en junio del 2016 solos, el segundo en julio con dos fotógrafos, Sasha Kulak y Ruslan Fedotow, a quienes conocimos en el Festival de Internacional de Guanajuato, donde yo estaba presentando un cortometraje anterior. El tercer y último viaje de filmación fue en octubre de ese mismo año.

¿Cómo fue filmar en la sierra?

BG: Fueron los mejores días de nuestra vida. Era hermoso. Era ir a acompañar el pastoreo de las cabras, que eran muy amigables y placenteras para el ojo. Era un regalo, lo único fue que después de estar con las cabras teníamos picaduras de pulgas.

¿Cómo fue trabajar con cabras?, ¿qué tuvieron que cuidar?

MM: Trabajar con tantas cabras era muy divertido. Nunca están quietas y rara vez hacen caso. De tanto estar con ellas ya las empezabas a diferenciar y veías sus diferentes personalidades, por más raro que suene. Un día que estábamos grabando, yo hacía sonido y de pronto dejé de escuchar, pero la grabadora seguía registrando. Me asusté porque Ben seguía filmando y yo no quería parar todo, porque son momentos que no recuperas. No entendía por qué había dejado de escuchar hasta que me di cuenta de que una de las cabras, Camila, se había comido el cable de los audífonos. Por suerte traíamos unos extra y pudimos continuar. Pero historias así teníamos todos los días con las cabras. La mayoría del tiempo empujaban a Ben cuando estaba grabando y yo tenía que alejarlas de él sin dejar de grabar sonido. Toda una aventura.

Durante el rodaje

¿Los nombres de las cabras son reales o esto forma parte también del proyecto?

MM: Son reales. Cada una de las cabras de Mari y Chuy tienen nombre. Y cómo decía antes, después de convivir con ellas te das cuenta de cómo cada una tiene su personalidad. Valentina era la más impresionante porque era como su hija. Los acompañaba a todas partes y hacía caso cuando llamaban su nombre. Incluso nos contaban que cuando tenían que ir al pueblo más cercano tenían que irse en la madrugada para que Valentina no se despertara porque no los dejaba irse.

Era impresionante cuánto querían a estas cabras, realmente las veían como parte de su familia. Ellos no sólo no las comían, sino que ni siquiera tomaban su leche pues decían que era para las crías. También nos contaban que cuando los dueños de la hacienda iban por alguna cabra para las fiestas, ellos se encerraban en su casa porque no querían ver a quién se llevaban. Se ponían muy tristes de saber que iban a matarlas, pero no podían hacer nada. 

Sabemos que solamente eran ustedes dos en el crew. ¿Cómo hicieron para dividirse los roles y poder estar en todos los puestos?

BG: Realmente así es como yo aprendí a trabajar. Y lo que me gusta de esta manera es que te permite un acercamiento mucho mayor con los personajes. Más en un tipo de proyecto como este, que a mi parecer, depende completamente de la integración con el entorno y las personas que estás retratando. Con un crew tradicional no puedes establecer imágenes tan íntimas.

Mariana Mendívil y Ben Guez fotografiados por Jim Garrido

¿En cuanto tiempo lo hicieron?

MM: Lo empezamos en junio del 2016 y terminamos la postproducción en enero del 2017. Así que tardamos siete meses en total.

¿Por qué quisieron que pareciera un documental en lugar de que tuviera un corte más de ficción? ¿Qué ganaron con eso? En ese sentido, ¿qué tanto control tuvieron en la historia?

BG: A mí me aburre esta cosa de ficción o documental. Aquí los personajes no son actores, es la vida real, jugamos con algunos aspectos, obviamente. Para nosotros es documental porque no tuvimos, guion, luces y un continuista. Pero aparte de eso es una película.

MM: Creo que habría que empezar por definir cuáles son los parámetros de lo que llamamos “ficción” y qué “documental”, y por qué tiene que ser uno u otro. Estas etiquetas son algo que Ben y yo nos estuvimos cuestionando constantemente durante el rodaje. Existen “documentales” que tienen un guion más estructurado que una película que está etiquetada como “ficción”. Son moldes que pueden limitar bastante el proceso creativo en lugar de dejarlo crecer libre. Es esta idea de escuela de cómo debes de hacer una película correctamente. Cuando no hay una sola manera, ni un solo lenguaje. Cada historia o cada proyecto fílmico, más bien, te pide crear un lenguaje propio, al igual que un imaginario propio. Para Valentina nosotros partimos de la realidad, en el sentido de que Mari y Chuy se interpretan a sí mismos, ellos realmente viven en ese espacio y conviven todos los días con esas cabras que tienen esos nombres, pero al momento de poner la cámara, ya estamos interviniendo esta realidad. Entonces en lugar de querer ocultar esta intervención, optamos por hacerlo más evidente y jugar con elementos ficcionales hacia el final.

¿Por qué les llamó la atención el género de documental de “realismo mágico”? ¿Ustedes eligieron esa etiqueta?

BG: Nos atrajo el “realismo mágico” por la idea de un documental con elementos de ficción. Al hacer un documental uno siente que tiene que apegarse a la realidad y esto incluye que tiene que ser fiel a una cierta lógica aceptada por la sociedad. Pero no creo que nosotros, como humanos, funcionemos así. Por eso creo que el realismo mágico es bonito, porque a partir de la fantasía esta funciona como un vehículo para mostrar el interior de las personas.

Fotografías de Jim Garrido. Instagram: @arcudia

Ficha técnica

País: México

Lenguaje: español

Subtitulos: inglés

Año: 2016

Director: Ben Guez

Reparto: Fernanda Rivera, Jesus Avila Rodriguez, Maria Isabel Mesa Aguirre

Fotografía: Ben Guez, Sasha Kulak, Ruslan Fedotow

Producción: Ben Guez, Mariana Mendívil

Edición: Ben Guez

Música: Garzon y Callazos

Sonido: Mariana Mendívil

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