Reconocer a las trabajadoras del hogar: cuidar a quien te cuida

Durante años, las trabajadoras del hogar han luchado por mejores condiciones; a pesar de ciertas mejoras, todavía prevalece una cultura de discriminación que les niega derechos esenciales. En este texto, Mauricio Patrón Rivera aborda algunos avances y puntos pendientes.

Texto de 09/05/22

Durante años, las trabajadoras del hogar han luchado por mejores condiciones; a pesar de ciertas mejoras, todavía prevalece una cultura de discriminación que les niega derechos esenciales. En este texto, Mauricio Patrón Rivera aborda algunos avances y puntos pendientes.

Limpiar, sacudir, lavar, tender, secar, trapear, aspirar, escombrar, doblar, recoger: son verbos que impulsan al cuerpo de quien los realiza hacia una coreografía del mantenimiento. Flexionar brazos, muñecas y falanges, girar la cadera: son los verbos de las rodillas dobladas, los tobillos, la espalda. Son verbos agotadores. Sin embargo, aún pervive una cultura de discriminación que insiste en negar los derechos humanos laborales a las trabajadoras del hogar, como si su esfuerzo no fuera un trabajo. 

Las trabajadoras y sus aportes al movimiento feminista evidenciaron la división sexual (patriarcal) del trabajo, la desvalorización de la reproducción y los trabajos de cuidado, así como las supresiones del salario para las labores de mantenimiento históricamente asignadas a las mujeres. Todo en beneficio de la acumulación de los capitalistas.

En México, aún perdura una cultura de discriminación hacia las trabajadoras del hogar remuneradas. Se les paga poco, se les exige mucho; son las presuntas culpables si cualquier cosa de la casa está fuera de lugar. Apenas hace unos días, Geraldina González, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), denunciaba que el Condominio Cumbres de Santa Fe —anunciado como “el privilegio de vivir en un mundo aparte”— tiene un reglamento discriminatorio que impide que las trabajadoras de mantenimiento (del hogar, jardinería, etc.) se paseen por el complejo solas: deben estar acompañadas de un residente, cuidando a un niño o una mascota… 

No menos insultante es el caso de la señora Catalina Acosta. Esta trabajadora del hogar —originaria de la huasteca potosina, de 80 años de edad y diagnosticada con esquizofrenia— denunció que sus empleadores la maltrataban. Estaba prácticamente secuestrada y le habían retenido el sueldo bajo engaños. Cuando logró salir de aquella casa en Naucalpan, Estado de México, sus pertenencias  —tras más de 60 años de trabajo— llenaban apenas tres maletas y una caja de cartón. Por la falta de sensibilidad de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Estado de México, ahora Catalina está de regreso con sus empleadores y su sobrina continúa luchando por su libertad.

“Junto con el CACEH Nacional y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia se han identificado 18 tipos de violencia hacia las trabajadoras del hogar, que van desde el uso de nombres despectivos hasta la violencia sexual y la trata de personas.”

Estos apenas son ejemplos que ilustran una dura realidad. Junto con el Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar (CACEH Nacional) y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia se han identificado 18 tipos de violencia hacia las trabajadoras del hogar, que van desde el uso de nombres despectivos hasta la violencia sexual y la trata de personas. Por fortuna, frente a este panorama, siempre ha habido trabajadoras que han alzado la voz, han conectado con otras mujeres y hombres en lucha por los derechos humanos y laborales, y han empujado hacia una nueva cultura del trabajo del hogar. 

Así, la resistencia y la dignidad han estado presentes desde que las trabajadoras comenzaron a cobrar por limpiar hogares, cuidar niños y adultos mayores. Por ejemplo, en enero de 1917 en Ciudad Juárez, Carmelita Torres fue la primera trabajadora que, junto con otras compañeras trabajadoras del hogar, se opuso al cierre de la frontera con Estados Unidos y defendió su derecho a trabajar en El Paso, Texas. Tenía 17 años cuando protagonizó los motines de los baños

Curiosamente, una semana después de esta manifestación, el 5 de febrero de 1917, la asamblea constitucional reunida en Querétaro aprobó que las trabajadoras del hogar fueran reconocidas y protegidas por la ley. Sin embargo, en los hechos se siguió asumiendo este tipo de trabajo como una “ayuda”. En 1943, la Ley del Seguro Social determinó que la inscripción de las trabajadoras del hogar no tenía que ser obligatoria

Desde entonces, las trabajadoras del hogar han luchado por que se reconozcan sus derechos y se dignifique su trabajo tanto en la ley como en el día a día. Cada vez que me he acercado a una organización de trabajadoras del hogar, me percato de que se esfuerzan por ser impecables en sus trabajos de limpieza y cuidado, por sentirse orgullosas de su profesión, por reconocerse como mujeres que desde el mantenimiento sostienen en sus manos al país entero.

Para entender la lucha de los últimos años, el mejor ejemplo son mis compañeras del CACEH; en particular Marcelina Bautista, quien a los 14 años migró de Nochixtlán, Oaxaca, a Ciudad de México para trabajar durante 21 años como trabajadora del hogar. Ella decidió cambiar su situación y la de sus compañeras; en 2021 fue nombrada una de las 100 mujeres (la única mexicana de la lista) más inspiradoras del mundo por la BBC.

Juntas, desde CACEH, cientos de trabajadoras del hogar han impulsado cambios en todos los ámbitos de sus vidas, de sus comunidades y del país. En 1989, el 30 de marzo, junto con compañeras de toda América Latina, crearon la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (COLACTRAHO) en Bogotá, Colombia, instituyendo ese día como el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. En 2011, el 16 de junio, ese creciente movimiento internacional logró la aprobación del Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos (C189) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la norma internacional que otorga la mayor protección para estas trabajadoras y trabajadores.

En México, el país con mayor desigualdad de la OCDE, donde algunos tienen “el privilegio de vivir en un mundo aparte”, fue necesario lanzar una campaña, que duró casi 10 años, para que el Estado mexicano ratificara el C189 y fuera parte de la legislación. Este convenio entró en vigor el 3 de julio de 2021.

No obstante, las leyes no tienen fuerza si no empatan con el sentido común de la sociedad; las trabajadoras del hogar lo saben. En 2015, cien trabajadoras impulsadas por el CACEH formaron el Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO), un esfuerzo sin precedentes para hacer visible lo invisible. Además, el pasado 5 de marzo, se creó la Cooperativa para el Desarrollo Integral de las Personas Trabajadoras del Hogar, la primera cooperativa de este tipo en México. Ellas lanzaron un grito de apoyo hacia la sociedad, organizando una campaña de financiamiento colectivo (crowdfunding) que en tan solo un mes recaudó más de 160 mil pesos: demostraron que muchas personas empleadoras buscan activamente que el trabajo del hogar sea digno y un motivo de orgullo.

Actualmente, es visible que este movimiento ha crecido más allá de Marcelina Bautista y el CACEH. En todo el país están surgiendo colectivas y múltiples formas de organización de trabajadoras del hogar. Por ejemplo, el 28 de abril de 2016 una trabajadora del hogar, identificada por sus iniciales como MRGG, demandó a sus empleadoras por no darle derecho a la seguridad social y a la vivienda. El caso llegó como un juicio de amparo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que el 5 de diciembre de 2018 sentenció que era discriminatorio excluir a las trabajadoras del hogar de la Ley del Seguro Social. Ahora esta ley ha sido reformada en la Cámara de Senadores para hacer obligatoria la inscripción a la seguridad social para estas trabajadoras, pero aún falta que la apruebe la Cámara de Diputados.

Como parte de esta misma sentencia, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) creó el Programa Piloto de Incorporación a personas trabajadoras del Hogar. Se trata de identificar y modificar aquellos obstáculos para que las personas trabajadoras del hogar accedan a pensiones, guarderías, servicio médico, velatorios, y estén protegidas ante los riesgos en el trabajo y en caso de invalidez. No obstante, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, el programa apenas ha incorporado aproximadamente a 50 mil personas de un universo de 2.3 millones de personas trabajadoras del hogar en el país.

Si tomamos en cuenta que, según la ENOE, durante la pandemia por covid-19 alrededor de 300 mil trabajadoras del hogar fueron despedidas, podemos ver que la cobertura del IMSS es una aguja en un pajar. Desde 2019, la Ley Federal del Trabajo fue reformada para dedicar todo el Capítulo XIII a las personas trabajadoras del hogar, homologando sus derechos con los establecidos en el C189, pero esto no lo sabía la mayoría de las trabajadoras y empleadoras. Por eso, es sumamente urgente el activismo y la acción directa casa por casa.

Siempre han sido las trabajadoras del hogar quienes han logrado los cambios en su condición de vida. Ellas fueron a la OIT; ellas decidieron cómo debían ser nombradas (cuando crearon la COLACTRAHO); ellas fueron a la SCJN, a la conferencia mañanera, a concientizar a los diputados y senadores; ellas marchan cada 8M y cada primero de mayo.

También ellas sientan a sus empleadores en la mesa para decirles que la ley cambió, que el país se está transformando, que el mundo mira y que se requiere un acto sencillo: firmar un contrato. Al firmar un contrato, ambas partes acuerdan el salario, ya sea por día o por mes, las actividades a realizar, los horarios y los días de descanso obligatorios, la seguridad social. Un contrato abre la vía de comunicación para que nosotros como empleadores y ellas como trabajadoras hagamos de esta relación una forma de cooperar, una forma de cuidar a quien te cuida. EP

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