Observatorio electoral | Estados Unidos: El mundo de fiesta, México brilla por su ausencia

La Cancillería dice que esperará, por razones diplomáticas, hasta que el triunfo de los demócratas sea reconocido oficialmente. ¿Cómo afecta a nuestro país esa tardanza?

Texto de 11/11/20

La Cancillería dice que esperará, por razones diplomáticas, hasta que el triunfo de los demócratas sea reconocido oficialmente. ¿Cómo afecta a nuestro país esa tardanza?

Del martes 3 al sábado 7 de noviembre, el mundo vivió algunos de sus momentos de mayor tensión y enorme alegría. Al final del martes, todo parecía gris y perdido. Se respiraban cuatro años más del caos impuesto por Trump no sólo rompiendo a la sociedad estadounidense, sino destruyendo sus alianzas internacionales tradicionales y el orden mundial institucional. El miércoles temprano todo empezó a cambiar. El ánimo se recompuso cuando se terminó el conteo de los votos directos y los indirectos empezaron a llegar. Tanto los votos por correo como los adelantados no dejaron duda de que quienes ganaron las elecciones en Estados Unidos fueron Joe Biden y Kamala Harris. El júbilo no se hizo esperar cuando, el sábado en la mañana, los votos del estado de Pennsylvania le dieron la victoria al candidato demócrata.

¡Cuánta tensión se vivió en esos días! El mismo martes Biden, prudentemente, hizo un llamado a la paciencia y a esperar, al estar seguro de que la mayoría de los votos del Colegio Electoral serían para él. Es el proceso que mayor número de votantes ha tenido en la historia: 160 millones de personas. Esto nunca antes se había dado. A pesar de parecer un proceso en el que estarían muy justos los resultados para el ganador, quien obtuvo los primeros 270 votos electorales necesarios para triunfar, nos dejó sentir que la pesadilla se había acabado. No más Donald Trump en la presidencia. No más encono, odio ni divisiones desde la cabeza del país todavía más importante. Cuando el mundo vio el resultado determinante, 273 votos para Biden y 214 para Trump, descansó. De ahí, los votos restantes irían sumando, pero ya habiendo triunfado el primero.

El mismo sábado por la mañana, quedaba claro que Trump era totalmente despreciado. Su base electoral no fue suficiente para darle la victoria. En las principales ciudades de todos los estados y condados de la Unión Americana, se vivió la fiesta. Las imágenes de júbilo dieron la vuelta al mundo desde el primer momento, no sólo desde Pennsylvania, sino en todo el país. Esto no se limitó a Estados Unidos, los países más importantes también expresaron su júbilo y felicitación. El primer gobernante en hacerlo fue Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, a quien Trump trató significativamente mal desde 2017 a pesar de ser uno de sus principales socios comerciales. Después, llegaron las felicitaciones de Francia, Alemania, España, Australia, Sudáfrica… en fin, un sinnúmero de países se sumaron. El mismo Israel, que en el primer momento había guardado silencio por haber sido favorecido por Trump, reconsideró y felicitó también. El mundo estaba de fiesta y había que estarlo. Hacia adentro de los EEUU se tuvo también, el mismo sábado, el reconocimiento de un número importante de republicanos. Desde senadores, representantes, gobernadores, expresidentes. Muchos acompañaron la victoria de Biden desde sus inicios. El gobierno de México, no. A pesar de que la gran mayoría de los mexicanos y la comunidad entera de mexicanos en Estados Unidos estamos felices de la partida de Trump, el gobierno de México, no.

Una vez más, la Cancillería y el presidente de México se equivocaron. No sólo no felicitaron, sino que dieron una razón que en este momento no tiene peso alguno. No entendieron la victoria estadounidense. Esto ha sido criticado por los principales demócratas con quienes tendremos una relación estrecha a partir de enero del 2021. Senadores como Chuy García, de Illinois y Joaquín Castro o Verónica Escobar, de Texas, todos de origen mexicano, dejaron ver su molestia y enojo con el presidente mexicano.  

El canciller le aconsejó que no lo felicitara y eso es lo que hizo López Obrador. Vale la pena resaltar que en esta misma semana empezó a circular un video de la empresa Código Magenta de autopromoción de Marcelo Ebrard como la única persona que tiene relaciones con representantes del partido demócrata. En éste, se dice claramente que Ebrard construyó esos vínculos con algunos hispanos desde la elección de Hillary Clinton en 2016 y que es la única persona del gobierno actual con relaciones con los demócratas. Esto no es así, no  son hoy los de mayor peso ni relevancia en la victoria actual. La elite del partido demócrata —y las personas clave no sólo hispanas, sino estadounidenses en general más cercanos a Joe Biden y Kamala Harris— tienen una relación estrecha con la embajadora Martha Bárcena, no con Marcelo Ebrard. ¿Qué busca el canciller con esta autopromoción en Código Magenta? El presidente lo escuchó y se equivocó. Le hizo creer que con sus relaciones era suficiente. Qué mal que no escuchó a su embajadora en Washington ni reconoció su magnífica labor con los demócratas durante estos dos años. Tampoco escuchó a uno de sus principales asesores en la presidencia, Lázaro Cárdenas Batel, quien conoce muy bien el sistema americano y tiene relaciones personales también con esta elite demócrata. Su estrecha amistad con Chuy García es tan sólo un ejemplo. Vivió con ellos en Washington más de diez años. Los conoce desde dentro. El desempeño internacional del presidente dejó, una vez más, todo que desear. Así como su discurso ante Naciones Unidas en septiembre pasado estuvo centrado en su política local y carente de una visión estratégica hacia afuera, en este momento hizo lo mismo. Prefirió centrar su día en Tabasco sin darle peso al acontecimiento internacional más importante de los últimos cuatro años. Sin duda podría haber hecho ambas cosas. Hasta el momento en que se escriben estas líneas, no ha reconsiderado ni felicitado a Biden.

El mismo sábado 7 por la noche, tanto Kamala Harris como Joe Biden terminaron el día con dos magníficos discursos que dejaron atrás el odio y encono que se escuchaba cada vez que hablaba Trump. Ambos discursos se centraron en la necesidad de sanar y escuchar al otro; en la necesidad de acercar con respeto a los que piensan diferente; en buscar reconstruir una sociedad unida. Qué alivio escuchar estas palabras, no sólo para los estadounidenses, sino para todos los países. Su política exterior, buscará sanar también las heridas que dejó Trump en el mundo en cuestiones bilaterales y también multilaterales. Ambos, presidente y vicepresidenta electos, definieron claramente que sus prioridades para empezar a trabajar desde ahora serán: la pandemia de la COVID-19, reconstruir la economía, cambiar la política migratoria, retomar la directriz en cuanto a cambio climático y economías limpias. Tan sólo en estos temas tienen estrategias totalmente opuestas a las del gobierno mexicano. Veremos ahora cómo se reconstruye la relación bilateral México-Estados Unidos y qué tanto el gobierno actual cambia su proyecto de la 4T para retomar el rumbo. Las presiones estadounidenses no se harán esperar. EP

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