México poselectoral: alarmas (aún) encendidas

En 2019, el politólogo Adam Przeworski describió en su obra Crisis de la democracia un conjunto de indicadores que alertan sobre la salud de una democracia partiendo de la experiencia de países en América, África y Asia. Nuestros autores retoman algunos de estos indicadores para evaluar el caso mexicano.

Texto de y 09/07/21

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En 2019, el politólogo Adam Przeworski describió en su obra Crisis de la democracia un conjunto de indicadores que alertan sobre la salud de una democracia partiendo de la experiencia de países en América, África y Asia. Nuestros autores retoman algunos de estos indicadores para evaluar el caso mexicano.

La principal amenaza a las democracias actualmente existentes es la erosión gradual, casi imperceptible, de las instituciones y normas vigentes. Se trata de un proceso de subversión sigilosa de los regímenes democráticos —mediante el uso de los mecanismos legales existentes— analizado recientemente por el politólogo Adam Przeworski1. Partiendo de sus tesis aplicadas al caso mexicano, repasaremos de modo sintético 15 señales de alarma sobre el estado de nuestra democracia. Pondremos el foco en un conjunto de eventos ocurridos en los últimos dos años y medio, así como en las consecuencias —para nuestro régimen político y derechos de ciudadanía— de no revertirlos a tiempo.

Este no es un texto académico, para el que existen códigos y formatos específicos. Se trata de un artículo de vocación intelectual, que busca incidir en el debate público promoviendo la reflexión informada. La conclusión sobre si asistimos o no a una crisis de nuestra joven democracia la tendrá usted cuando conteste, a partir del cruce de los elementos expuestos por Przeworski y nuestras noticias nacionales, ¿esto sucede hoy en México? 

Al analizar señales que se han manifestado en otros países de América Latina, África y Asia, salta la interrogante: ¿en qué condiciones está la joven democracia mexicana? ¿Son capaces nuestras instituciones, nuestra ciudadanía y los diversos actores con poder institucional o fáctico, de procesar democráticamente los conflictos sociales existentes o emergentes? ¿Se parecen las condiciones actuales a las de las democracias que cayeron en los últimos años? ¿La actual coyuntura política está impulsada por tendencias estructurales o es autónoma de estas?

Partimos de condensar en la siguiente tabla un conjunto de requisitos, rasgos y procesos básicos que, siguiendo a Przeworski, identifican a cualquier democracia contemporánea realmente existente, así como su relación con los conflictos sociales. Estos son:

A continuación, pasando revista a varios de los criterios que Przeworski usa para identificar el decaimiento reciente de las democracias y, relacionándolos con hechos acontecidos en México en los últimos años, podemos ver ciertas señales susceptibles de encender alarmas. 

  1. Los sentimientos “antisistema” y “antiélite” están explotando en muchas democracias maduras. Después de casi un siglo durante el que los mismos partidos dominaban la política democrática, pierden apoyo. Mientras, nuevos partidos están surgiendo. 

En México, tenemos una democracia joven (con unos 30 años de vida) que presenta graves falencias estructurales, arrastradas por décadas.2 Su sistema de partidos está en mutación. Coinciden el declive del partido históricamente hegemónico (Partido Revolucionarios Institucional), problemas de liderazgo en la principal fuerza de la oposición de derecha (Partido Acción Nacional), la casi desintegración de la izquierda histórica (Partido de la Revolución Democrática), el resurgimiento de un partido que trata de deslindarse de todos y generar una ideología propia y agendas progresistas (Movimiento Ciudadano), la emergencia y encumbramiento de un partido antisistema convertido en la nueva fuerza predominante (Movimiento de Regeneración Nacional) y la creación de nuevos partidos satélites (Partido Encuentro Social, Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas) y aliados (Partido Verde Ecologista de México, Partido del Trabajo) del oficialismo. 

  1. La participación electoral, así como la confianza en los políticos, los partidos, los parlamentos y los gobiernos está disminuyendo a niveles sin precedentes. Incluso el apoyo para la democracia como sistema de gobierno se ha debilitado. 

En este punto presentamos resultados mixtos. Durante las pasadas elecciones intermedias (6 de junio de 2021) la participación fue del 52% según datos del Instituto Nacional Electoral (INE). Un nivel aceptable considerando el tipo de elección; en 2015 la participación había sido de 48%, cifra más alta desde 1997. No obstante, a pesar de la magnitud de las elecciones del 6 de junio de 2021 (15 gubernaturas y 30 entidades para congresos locales y autoridades municipales), la participación está por debajo del nivel requerido en una democracia con ciudadanía participativa. Finalmente, los distintos sondeos revelan una desconfianza en las élites, los partidos y los representantes, quizá con la excepción del presidente, por factores que se mencionarán más adelante. 

Casi el 68% de la población mexicana prefiere a la democracia sobre cualquier otra forma de gobierno

  1. Los síntomas no son sólo políticos. La pérdida de confianza se extiende a los medios de comunicación, bancos, corporaciones privadas, incluso iglesias. Las personas con diferentes puntos de vista políticos y valores se ven cada vez más como enemigos. Están dispuestos a hacer cosas desagradables el uno al otro. 

Según datos de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI) 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), casi el 68% de la población mexicana prefiere a la democracia sobre cualquier otra forma de gobierno. Sin embargo, existe muy poca confianza por parte de la población en los partidos políticos (sólo el 2.5% confía en ellos), los sindicatos (3.5%), las organizaciones sociales (8.8%) y los  medios de comunicación (11%). Para destacar, más del 25% de la población manifestó no tener confianza en los diputados locales, senadores y diputados federales, policía, jueces, gobiernos estatales y municipales. 

  1. En la economía hay una combinación de menores tasas de crecimiento, estancamiento de los bajos ingresos y la movilidad social, junto a un aumento de la desigualdad. Se siente el impacto cruzado de globalización (liberalización de los mercados y auge chino) y neoliberalismo (ruptura de los capitalistas con el compromiso de clase). 

En un escenario provocado también por la pandemia, el PIB tuvo un retroceso en 2020 del 8.5%, más del 50% de la población se encuentra en pobreza y el 18% se encuentra en pobreza extrema —con niveles por encima del promedio de América Latina—, y los ingresos por habitante se redujeron el 10% según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Asistimos a un momento de pérdida sistemática del poder adquisitivo y de altas tasas de inflación —5.89% para mayo de 2021, según cifras del Banco de México (BANXICO)— que afectan a las clases populares y medias de nuestra sociedad. El debilitamiento institucional es fuerte y solo una minoría de los mexicanos confían en sus instituciones y actores democráticos.3 

  1. En la sociedad se erosiona la creencia en el progreso material a escala inédita en Occidente. El auge identitario del racismo y el multiculturalismo divide a la sociedad en grupos distintos. Se piensa que las ideas de los “otros” son “falsas”, sus demandas son ilegítimas y no existe margen para determinar una verdad compartida: es un mundo de “posverdad”; es decir, los hechos objetivos y comprobables, tienen menos impacto que los dichos, las emociones y las creencias personales. 

Hoy vivimos en México la época de las fake news, de los “otros datos”, de las contradicciones entre datos oficiales de gobierno y declaraciones del presidente, de las descalificaciones a agencias de investigación independientes, a las calificadoras crediticias… La sociedad se divide entre los que están con el gobierno y los que no. El “nosotros” pasó de ser una persona del plural (gramaticalmente) a una connotación que encierra un arraigo ideológico dominante, donde todos los demás, los “otros”, son los enemigos. El repudio por la clase media es constante y se le ha denominado “aspiracionista”, sin escrúpulos, individualista y egoísta.

La sociedad se divide entre los que están con el gobierno y los que no.

  1. Crece la polarización a partir de la intensificación de las divisiones políticas, sea por preferencias políticas generales (liberal-conservador, izquierda-derecha) o sobre cuestiones específicas (como la migración); esta orienta a personas a rechazar diálogo y hostilizar a otros. 

Los puntos de vista se volvieron binarios y, debido a la polarización creciente, aumenta el rechazo a quienes piensan diferente a nosotros. Asistimos a una polarización diaria, incluso en el seno familiar, entre fifís y chairos; comentócratas e intelectuales honestos; sociedad civil elitista y pueblo bueno; pasado corrupto y presente impoluto, entre otras polaridades. El discurso oficial (y el de sus adversarios radicales) polariza entre liberales y conservadores sin atender a los significados reales de esas nociones, invisibilizando una pluralidad de agendas e identidades y ocluyendo términos neutrales de deliberación. 

  1. La desconsolidación o “retroceso” de la democracia es un proceso de erosión gradual y discreto de las instituciones y normas democráticas que afecta las elecciones competitivas, los derechos a la expresión y asociación y el Estado de derecho. A medida que avanza, la oposición se vuelve incapaz de ganar elecciones o asumir el cargo si gana; las instituciones establecidas pierden la capacidad de cabildear con el ejecutivo y las manifestaciones de protesta popular son reprimidas. Este proceso está impulsado por el deseo de un gobierno de monopolizar el poder y eliminar los obstáculos para realizar sus políticas ideales. Por lo tanto, la estrategia gubernamental busca la desactivación de los posibles frenos, que normalmente incluyen a los partidos de oposición, el sistema judicial y los medios de comunicación, así como ciudadanía movilizada. 

El sueño de prácticamente todo político profesional es permanecer el mayor tiempo posible en su cargo y usarlo del modo más discrecional. En los gobiernos democráticos se intenta avanzar lo más posible en estos objetivos mediante la creación de un apoyo popular dentro del marco institucional establecido. Algunos liderazgos democráticamente electos tratan de eliminar los obstáculos a su poder, socavando las instituciones e inhabilitando a la oposición. Ejemplos recientes destacados son Turquía, Venezuela, Hungría y Polonia, en ambos polos del espectro ideológico.

En México asistimos a la defenestración de liderazgos opositores, cuestionamientos a la calidad y honorabilidad de los trabajos de magistrados, jueces de distrito, miembros de la Suprema Corte de Justicia y la sustitución de ministros por hechos dudosos. Se promueven reformas polémicas al sistema Judicial. Se utilizan medios de comunicación oficiales para atacar a opositores y minimizar los reclamos de diversos colectivos sociales (por ejemplo, feministas y padres de niños con cáncer) y de víctimas de violaciones de DDHH. Se lanzan acusaciones de “intervencionismo” extranjero por el apoyo internacional a organizaciones de la sociedad civil (que siempre ha existido y benefició en buena medida a aliados del actual gobierno) y se difunde el estereotipo de detractores del oficialismo como “traidores a la patria”, exponiéndolos en las comparecencias y programas gubernamentales. 

  1. El repertorio de desconsolidación incluye cambios de instituciones, distritos y fórmulas electorales, cambio de las calificaciones para votar (edad, elegibilidad y voto de residentes en extranjero), acoso a la oposición partidista, restricciones a las sociedad civil, transferencias de prerrogativas de la legislatura al ejecutivo, reducción de la independencia del sistema judicial, uso de referendos para superar barreras constitucionales o aprobar nuevas constituciones, imposición de control partidista sobre los aparatos estatales y medios de comunicación, etcétera. 

El Índice de Desarrollo Democrático (IDD-MEX2020) presenta en sus cuatro dimensiones —democracia de los ciudadanos, de las instituciones, social y económica— promedios menores en comparación con el año anterior, evidenciando en el plano local que un mayor número de estados obtuvieron resultados más bajos en esta medición. Cobran fuerza las ideas de desaparecer a los organismos autónomos, de cooptar y volver inoperante a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), así como de atacar al INE y al INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales) por considerarlos costosos y parciales. Se producen adecuaciones en la sobrerrepresentación y fiscalización de los partidos, se violan los tiempos electorales, hay opacidad en el uso de recursos de programas sociales, se utiliza la UIF (Unidad de Inteligencia Financiera) como brazo intimidatorio político.4 Se hace uso de encuestas y consultas populares con fines de apoyo político. Avanzan propuestas para desaparecer de la representación proporcional en la cámara de diputados. 

  1. La reacción temprana a la desconsolidación puede ser que la oposición intente bloquear los primeros pasos de los gobiernos, derrotando un proyecto de ley en el parlamento, obteniendo un veto presidencial o una sentencia judicial favorable. Sin embargo, los gobiernos suelen superar regularmente estos obstáculos iniciales. 

En las elecciones del 6 de junio de 2021, el gobierno en turno perdió el principal bastión político —Ciudad de México—, argumentando ex post que fue producto de una campaña de desprestigio, desinformación de medios masivos y llamó al fraude en muchas alcaldías. Temas no comprobados y basados sólo en percepciones, que no conducen a alguna autocrítica. Sin embargo, es notoria la debilidad de la oposición en el congreso, así como el desorden legislativo con los cambios en miembros de las bancadas políticas y la votación sin revisión técnica en las comisiones. La rapidez de temas controversiales es tal, que su vigencia se esfuma día a día: siempre hay un tema nuevo que analizar y se deja de dar seguimiento a lo relevante. El gobierno procura obtener mayorías legislativas por diversos medios de dudosa salud democrática, como la alianza con partidos franquicia y la cooptación puntual de diputados opositores. 

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Llegado este punto podemos volver a Przeworski y retomar algunas de sus preguntas. ¿Por qué algunos gobiernos apuestan a la desconsolidación, mientras que la mayoría no lo hace? ¿Una vez que un gobierno toma tales medidas, puede detener su realización completa mientras se mantiene en el cargo? ¿La oposición potencial sería capaz de eliminar al gobierno y revertir la desconsolidación? ¿Cómo puede el retroceso gradual lograr destruir la democracia? 

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  1. Las democracias no contienen mecanismos institucionales que los salvaguarden ante gobiernos debidamente electos que las subviertan respetando las normas constitucionales. Sobre todo, si el gobierno toma medidas que no son flagrantemente inconstitucionales —cambios de prácticas— y hay ciudadanos que, siendo incluso demócratas, se benefician de sus políticas. 

México tiene un gobierno que llegó al poder mediante elecciones democráticas, sin contratiempos y con claro apoyo popular. El gobierno es democrático por origen y, aún, se mantiene en la frontera del gobierno republicano, aunque con fuertes impulsos populistas y tentaciones cesaristas. Reiteradamente se dedica a denostar las mismas vías, mecanismos y funcionarios que le dieron el acceso al poder. No pocas medidas tempranamente adoptadas por la nueva administración, presentadas como “progresistas, incluyentes y orientadas al Bien Común”, generaron debate sobre su transparencia, legalidad y sostenibilidad. Por ejemplo, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la supresión de fideicomisos educativos y culturales, los cambios en mecanismos de compra (adjudicaciones directas), en la distribución de medicamentos y en los contratos con empresas privadas de energías renovables; y la decisión de no transferir recursos a ninguna agrupación social, sindical, civil o movimiento ciudadano y otorgarlos directamente a los beneficiarios.5 Todo lo anterior se escuda en “generar” ahorros millonarios y combatir a la corrupción, lo cual no es claro y sólo se argumenta de manera normativa que se cumple con las disposiciones legales.  

La división de poderes está debilitada y los contrapesos institucionales (como organismos autónomos) se ven limitados financieramente por decisión del gobierno de México.

  1. Las protestas contra medidas legales adoptadas por un gobierno recién electo muestran a la oposición como un mal perdedor, que no respeta las normas democráticas. Igual cuando se usan tribunales constitucionales y la revisión judicial para legitimar acciones autoritarias. Cuantos más pasos exitosos del gobierno, mayor será la oposición necesaria para posibilitar su freno. El gobierno podría retroceder para tomar algunas medidas que le ayuden a permanecer en el cargo e implementar sus políticas. Se detendrá si a la ganancia de avanzar, la acompaña el peligro de una mayor oposición. En cada paso puede recalibrar, de acuerdo con las probabilidades anteriores. 

La división de poderes está debilitada y los contrapesos institucionales (como organismos autónomos) se ven limitados financieramente por decisión del gobierno de México. Desde este, reiteradamente se denosta a las mismas vías, mecanismos y funcionarios que reconocieron su triunfo en 2018. Desde el terreno legislativo, se intenta la desaparición de poderes en los estados opositores. Se hace uso del ejercicio de prueba-error en el Senado y en la Cámara de Diputados, al presentar propuestas controversiales con las que calibran la reacción ciudadana. Cuando la opinión pública no la recibe bien, se argumentan errores y filtraciones para interrumpir la medida. 

  1. Hay muchas respuestas posibles desde la oposición. Los ciudadanos deciden si se vuelven en su contra o esperan ver si tomarán medidas adicionales. Puede a) levantarse; b) permanecer inactiva al principio y aumentar repentinamente; c) permanecer en algún nivel constante y d) aumentar esporádicamente en reacción a medidas particulares del gobierno. 

La oposición mexicana aparece desarticulada, reactiva y desorientada. Sus tiempos tardíos de reacción ante la cantidad de información y propuestas generadas por el gobierno, hace que se diluyan las prioridades, se discutan acciones que no son trascendentales y su capacidad de reacción se ve sobrepasada. La postura principal de la oposición es la crítica al régimen en turno, pero no se presenta en buena medida una propuesta alternativa. La ciudadanía se confunde ante tanta desinformación y desorientación opositora.

  1. Si las personas preocupadas por la democracia anticipan los efectos acumulativos de pasos particulares en el largo plazo, se volverán rápidamente contra el gobierno, independientemente de que sepan o no si el gobierno puede retroceder. Por lo tanto, a menos que las personas reaccionen al inicio contra las acciones estas tendrían un efecto acumulativo erosionador. 

A pesar de que el plan de reformas elaborado por el gobierno es de largo plazo, el vox populi no vislumbra las consecuencias de sus acciones. Prevalece una combinación perversa entre necesidades reales (salud, trabajo, alimento, vivienda, paz) contra lo deseable en el largo plazo; la acumulación de eventos es lenta, gradual y de largo alcance. El efecto acumulativo protege al gobierno de ser derrotado incluso por una oposición mayoritaria. Se “gana” la confianza social.

  1. Los gobiernos desdemocratizadores han disfrutado de un apoyo popular continuo; algunos han sufrido reversiones temporales, pero han sido capaces de recuperarse y continuar. Estos gobiernos descalifican a toda oposición como antidemocrática.

La popularidad del presidente de la República sigue siendo muy alta; en junio, su aprobación fue del 58%, a pesar de los resultados de la gestión de la pandemia, la inseguridad y una lista de situaciones no resueltas de impacto social: los reclamos por megaproyectos (Tren Maya y la refinería de Dos Bocas), el accidente de la Línea 12 del metro, la escalada de violencia durante el recién concluido proceso electoral,6 el alza en los feminicidios, el caso omiso a las comisiones de búsqueda de desaparecidos, los casos de corrupción sin resolver, el crecimiento del desempleo, la falta de medicamentos, etcétera. 

  1. La idea de que los ciudadanos amenazarían efectivamente a los gobiernos que cometen transgresiones contra la democracia es tristemente infundada. Cuando un gobierno procede sigilosamente, los ciudadanos se vuelven en contra sólo si ven a qué están llevando sus acciones a largo plazo. Por lo tanto, la resistencia contra esos gobiernos impone un desafío difícil a los ciudadanos individuales. El efecto del sigilo es disimular el peligro a largo plazo. 

Se tiene la idea errónea de que con las elecciones se termina el ejercicio cívico. La apatía en las movilizaciones civiles es grande, no existe una organización fehaciente ni liderazgos civiles. Las asociaciones civiles luchan a contracorriente, las ahorcan las restricciones de presupuestos, la falta de acceso a la información y las trabas en los mecanismos de financiamiento;7 el grueso de la población desestima la fuerza de las movilizaciones. Ante una situación inédita, no se vislumbran los problemas en el largo plazo, nuevamente, se cree que al final del sexenio se empezará un nuevo capítulo y sólo quedará en el mal recuerdo de malas administraciones. La insistencia en desarticular a los organismos autónomos siembra la idea de su ineficiencia e irrelevancia.

Un debate, por suerte, inconcluso

La obra de Adam Przeworski es un buen recurso para analizar la crisis de las democracias. El politólogo no solo es un pensador sofisticado, con pedigrí progresista: un experto tanto en los sistemas políticos contemporáneos como en las agendas progresistas, liberales y socialdemócratas. También es un conocedor de la realidad latinoamericana, a la cual ha dedicado años de su vida —residiendo incluso en nuestro continente— y parte de su reflexión. 

Przeworski, ante el futuro, nos invita a ser realistas informados. No está claro que el descontento actual se alivie sólo con las elecciones. Tampoco es responsabilidad exclusiva de un actor. La crisis actual no es sólo política: tiene profundas raíces en la economía y en la sociedad. El retroceso puede ser paulatino, silencioso y difícil de detener: cuando un gobierno fuerte tiene cuidado de preservar las apariencias legales, los ciudadanos pueden no saber coordinar a tiempo su resistencia democrática. 

La democracia funciona bien cuando las instituciones políticas estructuran, absorben y regulan cualquier conflicto que pueda surgir en la sociedad. Cuando partidos profundamente ideológicos y con vocación de cambio radical llegan al cargo, —buscando eliminar los obstáculos institucionales para permanecer y consolidar su poder— su proyecto y su ideología discrecional para hacer las políticas, hace que la democracia se deteriore o “retroceda”. 

Por eso, es importante, primero, detectar las señales críticas, para explorar luego nuestros recursos de resistencia democrática. Y, si ello es posible, actuar para impedir la destrucción del sistema que posibilita elegir, sin violencia, las leyes y personas que gobernarán, bajo nuestra autorización y vigilancia, el destino colectivo. México evidencia algunas de las señales críticas descritas anteriormente. En ciertos tópicos, sin ser alarmistas, es visible que lo sigiloso del desmontaje institucional está siendo más veloz que la reacción de la sociedad organizada. 

Nuestro país tiene fortalezas institucionales y sociales: no somos, en esta región, el país más pobre, el régimen más autoritario ni la sociedad más conservadora. Tenemos una gran deuda social y civil por enfrentar, pero la historia nos indica que la democracia sigue siendo el mejor marco para acometer su solución. El peligro sigue siendo el deterioro gradual y subrepticio de nuestras instituciones y, por ende, de la democracia misma. Detectar a tiempo algunos de esos síntomas, en nuestro país, es clave para mantener una buena salud democrática y enrumbar los destinos de la nación. EP 

Notas

1 Se trata de la obra Crisis de la democracia,- Cambridge University Press, 2019; la cual reseñamos recientemente (“Crisis de la democracia: una lectura desde América Latina”) en la Revista DEMOAmlat, Julio de 2020.

2 Ver Russo, J. & Chaguaceda, A. (2016). “México: contexto y dimensiones de una ciudadanía precaria” en Rodriguez, K. & Rea, C. & Russo, J. (coord.) Ciudadanía y grupos vulnerables en México, Universidad de Guanajuato, Fontamara. Guanajuato.

3 Leonor Ortiz Monasterio y Maite García Urtiaga, “Corrupción y Confianza en las Instituciones”, en Aguilar Ramírez, Sofía (coord.) Los mexicanos frente a la corrupción y a la impunidad 2020, en el portal de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

4 Ver: Ramírez, Peniley, Periódico Reforma, Sección OPINIÓN, LINOTIPIA, Artículos del 1 de mayo de 2021; del 26 de junio de 2021; y del 3 de julio de 2021.

5 Ver artículo de Neldy San Martín, revista Proceso, lunes 18 de febrero de 2019. Nota: la circular donde se instruye de esta decisión, fue enviada al gabinete legal y ampliado, sin número de folio y sólo intitulada “Circular Uno”.

6 Donde según datos de la Consultora Etellekt, se registró un total de 1,066 delitos globales (agresiones) de las cuales 102 fueron víctimas de homicidio doloso.

7 Entrevista por Karla Sánchez a Lisa Sánchez y Edna Jaima, “El Valor de las Organizaciones de la Sociedad Civil”, Letras Libres, febrero 2021, Revista Mensual, No. 266.

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