Las relaciones de México con Centroamérica: ¿cómo institucionalizarlas?

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan la actual política exterior y el debilitamiento institucional.

Texto de 27/07/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan la actual política exterior y el debilitamiento institucional.

En un texto anterior presenté algunas recomendaciones para reformular nuestras relaciones con Centroamérica: 

  1. Precisar cuál es nuestra estrategia por país, y cuál nuestra estrategia para la región en su conjunto.
  2. Actualizar nuestra comprensión de la Centroamérica de 2021. Estamos en un capitalismo rentista tradicional, donde los jóvenes anhelan irse a Estados Unidos y el “mejor negocio” es exportar pobres y captar sus remesas.
  3. Entender la matriz del poder en cada país. ¿Se renuevan las oligarquías? ¿En qué medida Estados Unidos es un actor interno, más que un factor externo? El nuevo papel de China, el acercamiento de la región a Beijing y el alejamiento de Taiwán. 
  4. Dejar atrás la contención migratoria como elemento articulador de las relaciones de México con Centroamérica. ¿Puede hablarse de cooperación para el desarrollo cuando el eje de la relación es la contención migratoria? 
  5. Echar a andar un diálogo en materia migratoria y de desarrollo, que subraye la responsabilidad compartida entre todos los países involucrados en el circuito migratorio.

En este texto abordaré los cómos, las vías en que México puede poner en práctica estas recomendaciones e institucionalizar sus relaciones con cada país y con la región en su conjunto. 

¿Qué ha caracterizado nuestra política exterior hacia Centroamérica en años recientes? Primero, es crucial entender que las presiones de Washington para que México se convierta en el muro de contención de la migración centroamericana hacia el norte articulan y condicionan el resto de las relaciones en otros ámbitos con estos países. 

  • El enfoque personal del presidente Andrés Manuel López Obrador: uso de la contención migratoria en México contra guatemaltecos, hondureños y salvadoreños para complacer al presidente Donald Trump y evitar la imposición de aranceles a productos mexicanos (junio 2019-enero 2021), así como la continuidad de esas acciones con el presidente Joseph R. Biden (enero 2021-a la fecha) y la prolongación del programa Quédate en México, que no es otra cosa que una gran tragedia humanitaria.
  • El quid-pro-quo: a cambio de hacer el trabajo de contención migratoria, el Presidente de México espera que la Casa Blanca no lo presione en temas como derechos humanos, democracia, Estado de derecho, cumplimiento de los compromisos establecidos en el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), como ocurrió durante la presidencia de Trump.
  • La securitización de la política exterior: bajo el signo político-partidista que esté en turno, sea republicano o demócrata, Washington envía un mensaje dictado por la seguridad nacional estadounidense: la frontera con México está resguardada de cualquier amenaza, real o fabricada mediáticamente.
  • El quiebre del acuerdo tácito: a inicios de 2022, este pacto tácito está naufragando, debido al número sin precedente de asesinatos de periodistas y, sobre todo, a las perspectivas de una reforma eléctrica/energética que podría lastimar intereses de los inversionistas estadounidenses. Biden ha enviado a la Secretaria de Energía, Jennifer Granholm, y al Enviado Presidencial Especial para el Clima, John Kerry (este último en dos ocasiones), para reiterar a México que la apuesta por combustibles fósiles y por endurecer el control gubernamental del mercado eléctrico atentan contra la indispensable coordinación en temas de energía y sustentabilidad en el marco del T-MEC, que apuntan a energías limpias y renovables. 

¿Qué debe cambiar del lado mexicano?

  • México necesita articular políticas hacia los países centroamericanos sustentadas en el interés nacional en materia económica, comercial, política, diplomática, de cooperación internacional para el desarrollo y geopolítica. 
  • Respetando la potestad del ejecutivo para designar representantes diplomáticos, es crucial reconocer que la embajada mexicana en Guatemala es de crucial importancia geopolítica para México, y quizá en menor medida, pero sin desmerecer, las embajadas en El Salvador y Honduras, requieren de agentes diplomáticos que conozcan la región y su problemática y que estén a la altura del desafío. No es el caso actualmente, pues las designaciones han respondido a favores políticos o personales más que a méritos profesionales.
  • Abandonar la postura de “en Centroamérica no hay interlocutores” a causa de la degradación política de sus gobiernos (el nuevo gobierno de Honduras es la excepción que confirma la regla, pues los presidentes de Guatemala y El Salvador están inmersos en la corrupción y el autoritarismo). Hay numerosos interlocutores entre organismos de la sociedad civil, academia, empresarios, iglesias, el mundo del arte y la cultura, que sin suplantar a sus gobiernos, pueden ser muy valiosos aliados.
  • Por último, cooperación significa trabajar juntos. La idea de exportar programas sociales mexicanos que carecen de línea de base, indicadores, mecanismos de evaluación e impacto debe dejarse de lado para dar paso a programas que empoderen a las organizaciones comunitarias en cada país y que respondan a un proceso de apropiación social del desarrollo. 

En suma, necesitamos una nueva política en Centroamérica que:

  1. Avance los intereses de México en materia económica, comercial, política, diplomática y geopolítica.
  2. Honre nuestros principios constitucionales de derechos humanos y cooperación internacional para el desarrollo.
  3. Promueva la sustentabilidad y la cohesión social para hacer de estos países lugares habitables. EP

Documento completo: Política exterior y debilitamiento institucional

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