México y la CELAC

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan la actual política exterior y el debilitamiento institucional.

Texto de 27/07/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan la actual política exterior y el debilitamiento institucional.

Una constante de la política exterior de México, desde su nacimiento como Estado independiente, ha sido la búsqueda de la integración latinoamericana. Ese ideal se ha promovido mediante diversos mecanismos de integración que proliferaron con posterioridad a la creación de la Organización de los Estados Americanos en 1948: la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, convertida en Asociación Latinoamericana de Integración; el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe, y los mecanismos subregionales del Caribe, Mesoamérica, la región andina, el Mercado Común del Sur, la difunta Unión de Naciones Suramericanas (que excluía a México) y la pujante Alianza del Pacífico. Sin duda, todos ellos han contribuido al acercamiento entre los países de nuestra región. No obstante, el único organismo comprometido con un diálogo universal de temas, sin excluir a ningún país, es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que sobrevivió ya la crisis regional ocasionada por la representación de Venezuela en 2019.

La CELAC nació en territorio mexicano, en Playa del Carmen, Quintana Roo, en 2010. A pesar de las divisiones políticas que han aquejado a la región y la crisis del multilateralismo, en el bienio 2020- 2021 México ejerció la presidencia pro tempore, que entregó en 2022 a Argentina. Al iniciar la presidencia mexicana, Brasil decidió no participar en sus trabajos. Si bien la ausencia del gigante sudamericano restó brillo a la gestión, facilitó la celebración de sesiones, al reducirlas a dos idiomas de trabajo: español e inglés. La pandemia ocasionada por el covid-19 disminuyó el número de reuniones presenciales, pero multiplicó las virtuales a niveles sin precedente, resaltando las virtudes de la cooperación regional y el intercambio sobre políticas públicas para enfrentar la crisis de salud, que se extendió a la educación, la alimentación y el crecimiento económico. La CELAC favoreció de inmediato un ágil diálogo virtual para enfrentar la emergencia con reuniones de ministros de Salud, especialistas en epidemiología e investigación sobre agentes virales. Pronto se convirtió en un mecanismo para distribuir en forma eficaz la vacuna contra el covid-19, para sus miembros, mientras los organismos del sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tuvieron limitaciones para hacerlo. 

La presidencia mexicana no se limitó a fomentar la cooperación en materia de salud, sino que mediante reuniones virtuales acercó a los ministros de Agricultura para enfrentar la crisis de alimentos generada por la pandemia y puso a trabajar a la oficina regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura para elaborar planes de contingencia y combatir el hambre. En materia de educación, organizó diálogos entre ministros sobre métodos de enseñanza virtual y acercó a los rectores de las principales universidades de la región para fomentar proyectos conjuntos de enseñanza a distancia, investigación e intercambio de nuevas patentes. También propició el diálogo extrarregional con la Unión Europea, el mayor donante de cooperación para América Latina y el Caribe, Rusia, Turquía y China. Los países de la región tuvieron mayor interlocución extrarregional de la que seguramente hubieran alcanzado en lo individual. Por medio de la presidencia mexicana se solicitó a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe la elaboración de un Plan Integral de Autosuficiencia Sanitaria para fortalecer las capacidades productivas y de distribución de vacunas y medicamentos, que ya rindió frutos. 

En síntesis, México logró insuflar vida a la CELAC durante la pandemia. Fortaleció el diálogo y la cooperación entre gobiernos para intercambiar experiencias de política pública y guió los trabajos técnicos de los organismos regionales de la ONU para mitigar los efectos de la pandemia y apoyar la recuperación. Asimismo, fijó como objetivo el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con una ruta puntual de cooperación regional.

En el futuro, la CELAC será reflejo de la unidad de criterio que alcancen los gobiernos de la región para ampliar la agenda a temas que, a la fecha, no ha sido posible abordar, como el compromiso regional con la democracia y el respeto a los derechos humanos. Por ello, México deberá formar alianzas con gobiernos afines de la región, incluyendo a los que surjan de los próximos procesos electorales, para articular posiciones de América Latina y el Caribe en la agenda multilateral, como lo hizo en el pasado el Grupo de Río. EP

Documento completo: Política exterior y debilitamiento institucional

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