Política de seguridad nacional: Para mejorar la imagen de México

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

Texto de 31/01/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

La seguridad nacional y la seguridad pública son dos de las áreas de más impacto en todos los países. No hay mayor obligación para un gobierno que procurar un ambiente seguro para sus gobernados. 

Hoy, es difícil encontrar un tema que no se correlacione con el exterior. En ese sentido, la cooperación para prevenir, disuadir y combatir a la delincuencia organizada (y no organizada) ocupa un lugar destacado en la comunidad internacional. 

Los países más avanzados tienen una larga tradición de intercambios técnicos, operativos y de inteligencia entre sus pares. Bastan dos ejemplos paradigmáticos: en Estados Unidos la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y en el Reino Unido el célebre Servicio de Inteligencia Secreto (MI6), tienen un permanente intercambio sobre sus respectivas agendas de riesgos globales. A ello se suma una relación igual, o tal vez más relevante, entre las áreas de inteligencia de las fuerzas armadas, cuyos presupuestos rebasan, por mucho, los de las instancias civiles. El desarrollo y el uso de la más sofisticada tecnología siempre han tenido su origen en los centros de investigación castrenses. 

En México no fue sino hasta hace un par de décadas que se tomó la decisión de promover un diálogo público entre las autoridades policiacas, militares y de inteligencia con Estados Unidos y con algunos otros países, en especial con España y Centroamérica. Con el primero, la relación adquirió una enorme relevancia a raíz de los ataques terroristas del 11-S. Con España, se centró en el combate a ETA, el grupo terrorista vasco que solía enviar a México, de manera clandestina, a sus militantes, y con El Salvador, Guatemala y Honduras para enfrentar los riesgos de la presencia en nuestro territorio de las temibles bandas criminales, como la Mara Salvatrucha. Hoy, el reto es conocer los caminos que usa el narcotráfico para introducir a México las drogas provenientes de Sudamérica en contubernio con el narcotráfico mexicano.

No es prudente, ni sería justo, desdeñar lo hecho hasta ahora por los diferentes gobiernos en México para enfrentar las organizaciones criminales. Más bien, hay que plantear las preguntas que hoy requieren respuesta: ¿qué resultados o avances se han tenido en el combate a la delincuencia organizada en los últimos 15 años? ¿Cuáles son hoy los retos de seguridad externa más ingentes para México? ¿Qué podemos aprender del pasado para mejorar los resultados que se buscan? ¿Cuál es la estrategia del actual gobierno en este complejo asunto? ¿Sabe qué quiere lograr? 

Habrá que empezar por una premisa inevitable: el rezago estructural en la aplicación del Estado de derecho en México es el principal obstáculo para alcanzar resultados en el corto plazo. Hay un desdén social, político e institucional por apegarnos a lo que las leyes establecen. Una desconfianza generalizada a las autoridades responsables de su aplicación y, además, de una inmadurez permanente en las instancias designadas para aplicar “la ley y el orden” ante los virajes que tienen lugar en cada cambio de gobierno.

Por lo anterior, la posición de México frente a la opinión mundial no es alentadora. Es la de un país con carencias sustantivas en sus cuerpos de seguridad, un débil poder judicial, un legislativo sumiso a la presidencia y una especie de “resignación” de la sociedad, incapaz de organizarse para exigir a los gobernantes dar resultados concretos que mejoren nuestra paz cotidiana. 

Otro error central es la improvisación, la destrucción de lo que se ha logrado avanzar y pretender reinventar la procuración de justicia con dogmas ideológicos. Ello se ha traducido en no contar con una instancia judicial confiable, eficaz y honorable, sobre todo en los ámbitos estatales y municipales. 

Es un error histórico delegar la seguridad pública a las fuerzas armadas, como lo ha hecho el actual gobierno. Es una visión cortoplacista, tal vez pragmática, pero equivocada. Crea incentivos perversos para corromper el último bastión gubernamental capaz de enfrentar a la delincuencia. 

Son múltiples las acciones que se podrían adoptar, como crear una policía fronteriza que opere con respeto a los derechos humanos y a la dignidad de los migrantes. Que trabaje con base en sistemas y protocolos sólidos orientados a construir una policía federal profesional, sujeta a un escrutinio permanente, con reglas claras sobre el reclutamiento, capacitación y estímulos a su personal. Tal vez lo más relevante será lograr que sus integrantes sean acreedores al agradecimiento y al respeto de los ciudadanos.

Por todo lo anterior, México adolece hoy de una imagen internacional favorable en lo que respeta a su seguridad. No es serio ni sostenible pretender engañar a nuestros interlocutores externos, por lo que hay que empezar por reconocer, sin engaños ni fantasías, los grandes retos que enfrenta la sociedad mexicana. EP

Documento completo: Desafíos para la política exterior de México en 2022

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