Europa: la larga sombra de la guerra

En este texto, Lorena Ruano, miembro del grupo México en el Mundo, analiza puntualmente la situación actual en los países europeos a partir de la guerra de Rusia contra Ucrania.

Texto de 16/11/22

En este texto, Lorena Ruano, miembro del grupo México en el Mundo, analiza puntualmente la situación actual en los países europeos a partir de la guerra de Rusia contra Ucrania.

La situación actual en Europa se define principalmente por la guerra que desató la invasión rusa de Ucrania en febrero de este año. Uno de los desarrollos recientes más notables es el reconocimiento de que el conflicto en Ucrania va para largo, con todo lo que eso implica en los ámbitos político, militar y económico. La aceptación de esa dolorosa realidad se vio reflejada en la decisión de ampliar, hasta 2024, las medidas de emergencia que la Unión Europea (UE) puso en marcha para recibir refugiados ucranianos, junto con nuevas medidas adicionales para facilitar su tránsito e integración a las sociedades de acogida.

En lo político, la Comunidad Política Europea se reunió en Praga por primera vez el 6 de octubre de 2022, a iniciativa del presidente de Francia, Emmanuel Macron, para establecer un diálogo entre todos los estados europeos, incluidos aquellos del espacio post-soviético. Reminiscente del espíritu de Helsinki de 1975 —aunque esta vez sin las superpotencias— persigue al menos dos objetivos. Primero, abrir un espacio de inclusión que no involucre la entrada a la UE o a la OTAN, tras la solicitud de integración tanto de Ucrania como de los Balcanes occidentales. Las negociaciones de adhesión a estos organismos, algunas ya en curso desde hace tiempo, son largas, muy técnicas y requieren del consenso de los miembros actuales, por lo que pueden no resolverse a favor de los países candidatos y durar decenios. Entrar a la UE no es fácil, porque implica una transformación interna profunda del país que quiera entrar, pues debe adoptar más de 100 mil páginas de legislación comunitaria, además de adherirse a los objetivos actuales y futuros de la Unión. Resulta, por tanto, fundamental establecer un espacio de diálogo y discusión para temas que son apremiantes, una especie de sala de espera que pueda de convertirse en algo más permanente, en caso (muy probable) de que las ampliaciones no lleguen a buen puerto. El segundo objetivo de esta reunión ha sido marcar una intromisión en lo que Rusia considera su esfera de influencia exclusiva, el territorio de los países de la antigua Unión Soviética. En esa zona, Moscú ha apoyado a los dictadores vecinos de Belarús y Kazajstán enviando tropas y todo tipo de apoyo para reprimir las revueltas. Y cuando Georgia y Ucrania, tras sendas revoluciones internas, decidieron mirar a Occidente, las agredió militarmente y les quitó territorio. El que la UE haya facilitado en la reunión de Praga un acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán para definir su frontera es una afrenta a esas pretensiones hegemónicas regionales.

“ Entrar a la UE no es fácil, porque implica una transformación interna profunda del país que quiera entrar, pues debe adoptar más de 100 mil páginas de legislación comunitaria”.

En lo militar, el alargamiento de la guerra en Ucrania implica un aumento y aceleración del envío de armamento cada vez más sofisticado para asegurar su defensa, pero cuidando que no se utilice para atacar Rusia en su territorio, pues esto ya haría pasar la guerra a otro nivel. Se discute también el refuerzo de la seguridad de los propios miembros de la OTAN, y ya han aumentado todos los presupuestos militares de los países en cuestión, medida que Estados Unidos viene reclamando desde la década de 1960. La pregunta aquí es ¿hasta cuándo aceptarán los votantes de los países occidentales la carga económica de apoyar a Ucrania? Otra cuestión que se plantea es el establecimiento de un escudo antimisiles en Europa, similar al que tiene Israel. En este punto, se ha observado un desencuentro entre Francia, que insiste en la “autonomía estratégica” de la UE (usando tecnología sobre todo europea y especialmente francesa), y Alemania que, junto con otros 16 países de la OTAN, se inclina por uno que incluya tecnología israelí y estadounidense. En este tipo de discusiones, se echa en falta el liderazgo del Reino Unido, la otra potencia militar importante junto con Francia en el continente. Pero, sumido en una crisis política y económica sin precedentes, en gran medida producto del Brexit que lo mantiene ahora fuera de las instituciones de la UE, el gobierno británico se encuentra abrumado por simplemente mantener la disciplina dentro del partido en el poder, para sobrevivir.

Más allá de estos temas, la fricción entre las posiciones originales de los socios de la OTAN se agudiza conforme se alarga el conflicto. Las distintas posturas se pueden resumir de la siguiente forma. Por un lado, están los “halcones”: Polonia y los Países Bálticos que, por su proximidad geográfica con la zona del conflicto, su pasado y cultura común con Ucrania y su historia de haber sido dominados por Moscú, tienen las posiciones más duras. Para ellos, si no se detiene el avance de Putin ahora, sus países serán los siguientes objetivos del expansionismo/neoimperialismo ruso. En este grupo, aunque por otras razones (el recuerdo de Munich 1938), se encuentra también el Reino Unido. Por otro lado, están Francia y Alemania, vistos por los primeros como las “palomas”, por su disposición a negociar con Rusia, por argumentar que es necesario darle una salida para que cese la guerra. Luego está la Hungría de Orbàn, que es abiertamente pro-Putin y que bloquea la toma de decisiones al interior de la OTAN y de la UE cuanto puede; hasta ahora, su capacidad ha sido más un irritante que un obstáculo insalvable. Y está Italia, cuyo nuevo gobierno está compuesto por tres partidos en desacuerdo sobre el tema: un día antes de tomar posesión, la primera ministra del partido neofascista Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, regañó a su compañero de coalición, Silvio Berlusconi, de Forza Italia, aclarándole que su país no sería el flanco débil de la OTAN, incluso si eso significaba sacarlo de la coalición de gobierno. Si bien es verdad que todas estas diferencias y complejidades generan fricción, el consenso a favor de apoyar a Ucrania sigue siendo abrumador.

“Si bien es verdad que todas estas diferencias y complejidades generan fricción, el consenso a favor de apoyar a Ucrania sigue siendo abrumador”.

Finalmente, las agendas internas de los países europeos están dominadas por los problemas económicos derivados de la guerra, en particular, la crisis energética. El asunto de los precios y el abastecimiento de hidrocarburos agrava la inflación y agudiza una crisis del costo de la vida que genera amplio malestar, en sociedades que ya traen un alto nivel de polarización desde hace varios años. Un asunto crucial es que, tras la pandemia, algunos gobiernos europeos ya no tienen espacio fiscal para continuar repartiendo apoyos adicionales, como en los casos del RU e Italia. Otro frente abierto está en las acaloradas discusiones en torno a qué medidas tomar. Varían enormemente de un país a otro y, a pesar de los esfuerzos de la Comisión Europea por generar una respuesta coordinada, se van tomando de forma unilateral. A principios de octubre, sin consultar a nadie, Alemania anunció un paquete de apoyo de 200 mil millones de euros a sus consumidores (incluye empresas), generando malestar entre sus socios de la UE. Se niega, junto con Suecia y los Países Bajos a poner topes a los precios, como prefieren Francia y España. Cada uno promueve sus propias medidas de ahorro para disminuir el consumo. Los desacuerdos llegaron al punto de que se cancelara de último minuto una cumbre franco-alemana prevista para 19 de octubre. Sin el empuje del tándem franco-alemán, las cosas en la UE enfrentan mucha mayor dificultad para resolverse. Afortunadamente, el invierno, que preocupaba tanto, ha sido, hasta ahora, inusualmente cálido, y Europa cuenta ya con las reservas necesarias para sortearlo. Paradójicamente, ¡el cambio climático los ha salvado de un invierno catastrófico!

En todo caso, la crisis energética ha acelerado la implementación del Pacto Verde Europeo ante la necesidad, ya no sólo medioambiental, sino también ahora geoestratégica, de promover la generación de energía de fuentes renovables, para reducir, ya no sólo las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también la dependencia energética de países que, como Rusia, pueden dejar de ser proveedores confiables. Así, el término “autonomía estratégica” está en boca de todos en Bruselas, donde hay consciencia de que, además de todo, el compromiso de Estados Unidos con la seguridad de sus aliados europeos no está garantizado si el partido republicano llega al poder. El viejo plan francés de promover una Europa más autónoma en materia de defensa revive con nuevos bríos, pero las repercusiones son distintas en cada país, hay que tomar decisiones rápidamente cada día, y esto dificulta la articulación de acciones conjuntas. EP

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