Política de seguridad nacional: El desafío de la seguridad alimentaria

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

Texto de 31/01/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

¿Cuál es la situación deseable en México en materia alimentaria? Hay que comenzar por afirmar que, en promedio, la actual ingesta alimentaria de México supera holgadamente al mínimo proteico-calórico recomendado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, de 1750 kilocalorías diarias por persona.

En el promedio estamos relativa y comparativamente bien. La situación alimentaria de la actualidad es mucho mejor a la de hace apenas un par de décadas. Por ejemplo, hoy México produce mucho más maíz que el requerido para la alimentación popular. 

Aun así, importamos no solo maíz (que tiene muchos usos no alimentarios), sino gran parte del trigo, el arroz y el frijol que consumimos. En términos económicos, esto es enteramente asequible, porque el valor de nuestras importaciones de alimentos es ampliamente superado por el de nuestras exportaciones.

En general, no se trata de un problema de balanza de pagos, sino que es un problema sobre todo de equidad y de acceso alimentario-nutricional. En otras palabras, más allá del promedio, no todos los mexicanos acceden a este mínimo alimentario y nutricional. La razón está en el desigual acceso a la alimentación mínima, vinculado a su vez a dos fallas estructurales de la sociedad y la economía de México: 1) la persistente pobreza, de poco más del 40% de la población (11% es extrema), y 2) la deficiente distribución del ingreso (no se diga la riqueza), que arroja un coeficiente de Gini de cerca del 0.46%.

En este sentido, es lógico suponer que si en México no hay situación de hambruna, sí encontramos lamentables episodios de hambre en ciertos lugares y temporadas específicas. Gran número de mexicanos son “alimentariamente vulnerables”, y tienen de manera crónica y sistemática un insuficiente acceso (deficitario) a dicho mínimo nutricional. Los números no son precisos, pues dependen de distintas metodologías y fuentes censales, pero esto puede abarcar a casi el 20% de la población, es decir, más de veinte millones de personas. Es aquí donde hay que actuar, y de modo urgente.

Es, pues, necesario insistir en la expansión productiva de granos básicos y otros alimentos, tanto por la vía de la superficie a cultivar como de los rendimientos a obtener. Esto es enteramente factible en la actualidad. El hambre rural, por grave que sea, cuenta por lo menos con la relativa disponibilidad de las milpas, donde los campesinos pueden sembrar y cosechar directamente sus propios alimentos. 

El hambre en el medio urbano, donde viven más de cien millones de mexicanos, es, en ese sentido, más difícil de enfrentar, pues el acceso está generalmente mediado por el mercado. Por lo mismo, los apoyos estatales contra el hambre tienen que darse por transferencias directas o en especie. Esto plantea serios desafíos fiscales (presupuestales) y logísticos, pero hay que actuar. Se puede y se debe hacerlo. EP

Documento completo: Desafíos para la política exterior de México en 2022
Desafios-para-la-politica-exterior-de-Mexico-en-2022_03

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