Observatorio Internacional | AMLO desaira de nuevo a Biden

En esta entrega mensual, Susana Chacón analiza la actual relación bilateral entre México y EUA, así como las implicaciones de la posible ausencia del presidente de México en la próxima IX Cumbre de las Américas.

Texto de 18/05/22

En esta entrega mensual, Susana Chacón analiza la actual relación bilateral entre México y EUA, así como las implicaciones de la posible ausencia del presidente de México en la próxima IX Cumbre de las Américas.

El próximo 6 de junio comienza la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, California. El presidente Joe Biden es el anfitrión en un momento en el que Estados Unidos está con dos frentes abiertos muy importantes para su gobierno. Por una parte, la guerra de Rusia en Ucrania y, por la otra, las elecciones intermedias de noviembre próximo. Las decisiones y acciones que tome el presidente Biden definirán, en mucho, los resultados de dichas elecciones en las que se busca, particularmente, mantener la mayoría en el Congreso cuando la presión republicana apunta a lo contrario.

Originalmente, la Cumbre de las Américas iba a ser en 2021. Se decidió aplazarla un año dado que el nuevo presidente demócrata acababa de tomar protesta tan sólo el 20 de enero y Estados Unidos vivía no sólo las consecuencias de la pandemia muy mal llevada por Donald Trump, sino también la crisis económica y por supuesto la afrenta de los republicanos a la democracia estadounidense con la toma del Capitolio el 6 de enero de aquel año. El escenario no se prestaba para organizar cumbre alguna. Después de una intensa campaña de vacunación contra la covid-19, de instrumentar programas de apoyos económicos para la sociedad y de presentar propuestas de infraestructura para la reactivación económica y el futuro del país, Biden consideró que junio del 2022 era un mejor momento para la IX Cumbre.

Con el fin de tener buenos resultados, el presidente estadounidense invitó al mexicano a pensar la agenda de la Cumbre. Se aceptó tener una reunión larga vía Zoom el 29 de abril en la que ambos presidentes y sus respectivos equipos abordarían dicha agenda y diversos temas de la relación bilateral. En el último momento, AMLO cambió la reunión por una corta llamada telefónica ya que se encontraba en gira viajando por Quintana Roo. Ahí se acordó que mejor el siguiente lunes, el 2 de mayo, Marcelo Ebrard viajaría a Washington para definir los detalles que en la llamada no se abordaron. Entre otras cosas, en materia de migración, el canciller mexicano aceptó recibir mensualmente a 100 cubanos y a 20 venezolanos deportados, al menos, a partir de mayo y hasta octubre próximo.

La voluntad de cooperación por parte de Biden con el presidente mexicano es dejada de lado por este último, quien en lugar de aprovechar los espacios bilaterales que le abren, prefiere priorizar su política interna y, en este caso, sus giras semanales. Dado que el gobierno estadounidense necesita del mexicano para frenar la migración de Centroamérica, AMLO piensa que puede hacer con Biden lo que quiera y que ya le tomó la medida. Olvida que hay muchos mecanismos de presión que no necesariamente vendrán de la Casa Blanca y que por supuesto lo están apretando en esos otros frentes, como lo son los comerciales, los de seguridad y drogas. Además, recordemos que tan sólo una semana antes, Trump en un mitin electoral republicano en Ohio habló de cómo “dobló” al presidente mexicano en 2019 obligándolo a poner 28 mil soldados en la frontera para frenar la llegada de los centroamericanos. Ante las críticas del exmandatario, AMLO minimizó lo dicho subrayando que a él “le cae bien Trump, aunque sea capitalista”. Es de llamar la atención cómo se pone de tapete ante el republicano, mientras que confronta constantemente a Biden con quien podría construir canales de comunicación y cooperación favorables para el desarrollo mexicano. No sólo ha desaprovechado la oportunidad de la recuperación de la economía estadounidense, en la que en el marco del T-MEC podría reforzar las cadenas de valor e incrementar las inversiones que salieron de China por la pandemia y de Rusia por la guerra, sino también planear un plan de trabajadores temporales que se requieren para la recuperación estadounidense. Nada de esto se ha hecho. Todo lo contrario, AMLO busca confrontar a Biden en todos los aspectos.

En la llamada del 29 de abril, se habló también de la molestia de Washington con el presidente mexicano por no secundar su postura frente a la invasión rusa a Ucrania. El gobierno mexicano no ha aceptado poner sanciones económicas a Rusia como lo han hecho todos los países aliados de Biden. México no juega con su principal socio comercial. Olvida dar importancia a la población de origen mexicano que vive en el país vecino y que rebasa los 35 millones de personas entre los legales y los indocumentados. Tenemos una comunidad bilateral que tan sólo se aprovecha cuando hay que hablar de las remesas que mandan a sus familias.

“El gobierno mexicano no ha aceptado poner sanciones económicas a Rusia como lo han hecho todos los países aliados de Biden. México no juega con su principal socio comercial”.

Ahora bien, unos días después de la llamada telefónica, el presidente mexicano emprendió una gira por Centroamérica. Visitó Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba. Para una persona a quien no le gusta ir al extranjero, llama la atención que justo antes de la Cumbre de las Américas visite estos países; en especial, porque ir a El Salvador y Cuba, ocasionarían de nuevo molestia en Washington. AMLO debe pensar que actuar así le permite incrementar sus márgenes de maniobra frente a Biden, obteniendo una autonomía relativa en un momento en el que las economías y las poblaciones mexicana y estadounidense están estrechamente ligadas. Sin duda, enfoca sus baterías de acuerdo con su ideología y su pensamiento de los años setenta y desaprovecha el pragmatismo que le ofrece la vecindad con el norte actualmente.

Al regresar de su gira y queriendo ser un líder en la región centroamericana y latinoamericana, amenazó a Biden con no asistir a la Cumbre de junio si no son invitados Venezuela, Cuba y Nicaragua. La idea de la inclusión es buena, pero recordemos que la Cumbre de las Américas, fundada en 1994, se inicia con el objetivo de que participen las democracias del hemisferio y que, justamente además de obtener mecanismos para fortalecer los procesos democráticos en la región, sea un espacio en el que se desahoguen temas comunes a todos los países buscando alcanzar acuerdos en los distintos aspectos.

El país anfitrión, en este caso Estados Unidos, es libre de definir a quién invitar y a quién no. Podría invitar a representantes de Guaidó, ya que lo reconocen como el gobierno democrático de Venezuela. Así sucedió en la VIII Cumbre en Lima, Perú, en 2018. Maduro por supuesto no será invitado, además de que cuenta con órdenes de aprehensión en EUA. Lo mismo sucede con Daniel Ortega, dictador nicaragüense. Cuba estuvo presente en 2015 en la VII Cumbre en Panamá, debido a que Barack Obama logró que se invitara a Raúl Castro en un momento en que el acercamiento entre Washington y la Habana buscaba apoyar la transición democrática de la Isla. Hoy el escenario es otro y AMLO no tiene ningún elemento para obligar a Biden a que invite a estos países. Si no acude a la Cumbre, el que pierde es el mexicano: desaprovechará el espacio regional que ésta ofrece.

Vale la pena enfatizar otros gestos de acercamiento de EUA hacia el gobierno de México. La Cumbre se pudo haber organizado en cualquier ciudad estadounidense, pero Biden escogió Los Ángeles pues es la ciudad con mayor número de mexicanos de la Unión Americana; la segunda ciudad en el mundo con mayor número de mexicanos después de Ciudad de México. Biden le pone la mesa a AMLO para que pueda tener un gran acercamiento con la comunidad mexicana, quien si decide no acudir, desprecia este gesto y pierde.

“La Cumbre se pudo haber organizado en cualquier ciudad estadounidense, pero Biden escogió Los Ángeles pues es la ciudad con mayor número de mexicanos de la Unión Americana; la segunda ciudad en el mundo con mayor número de mexicanos después de Ciudad de México”. 

Por otra parte, el día que estaba en El Salvador, el 5 de mayo, Jill Biden invitó a la Casa Blanca como invitada de honor y especial a Beatriz Gutiérrez Müller, la esposa de AMLO. Tanto ella como el mismo presidente Biden la trataron con todos los honores y deferencia, mientras López Obrador se reunía con el dictador Bukele. Gutiérrez Müller voló directamente de Washington a Honduras, en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, para estar en la última parte de la gira centroamericana. Un último gesto de Biden, pero ahora con Cuba, es que a partir del lunes 16 de mayo retomó lo que prometió en su campaña sobre restaurar un acercamiento con la Habana. De nuevo se abren los vuelos entre EUA y la Isla, y se liberaron los límites para enviar remesas a Cuba. Retoma el camino que abrió Obama y rechaza la política de Trump hacia los cubanos.

No cabe duda de que el presidente mexicano tiene en su cabeza que en la relación con Estados Unidos nos va bien con los presidentes republicanos y mal con los demócratas. Esta es una idea totalmente equivocada. Hay muchos ejemplos, pero recordemos tan sólo que durante la administración de Bill Clinton, demócrata, la crisis de 1994-1995 la pudimos superar gracias a la intervención y el apoyo del presidente Clinton. Hoy Biden ha buscado por todos los medios acercamientos con AMLO, le ha tenido toda la paciencia y ha actuado como el jefe de Estado que es. Él, directamente, nunca lo va a presionar. Estamos en un año electoral en EUA. Como ya vimos con Donald Trump y con el mismo gobernador texano Greg Abbott, van a usar a México en sus campañas. Una vez más estaremos como piñata de los republicanos en sus elecciones intermedias, en lugar de haber aprovechado el acercamiento ofrecido por Biden. Cuánta confusión. Cuánta equivocación. EP

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