Diversificación: un anhelo que no se cumple: América Latina: tan cerca, tan lejos

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

Texto de 26/01/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022.

En la próxima década, México estará obligado a repensar su modelo de desarrollo y los términos de su inserción internacional. No tiene de otra y, en este proceso, la relación con América Latina y el Caribe cobrará mayor importancia. En lo interno, tendrá que responder a las demandas de una sociedad plural, mejor organizada, pero sumamente desigual e insatisfecha tras años de crecimiento mediocre y de políticas públicas insuficientes. Dos situaciones crónicas que lo hermanan con el resto de Latinoamérica, igualmente afectada por la debilidad institucional de sus democracias para gestionar los problemas de sus ciudadanos. 

En lo externo, hay un cambio de era hacia un nuevo tipo de bipolaridad. Las condiciones son tan apremiantes como inciertas por la rivalidad económica y tecnológica entre China y Estados Unidos, la erosión del orden liberal internacional, la ineficacia de los organismos internacionales, las presiones proteccionistas, las políticas antimigratorias, la transición energética y la aceleración de la digitalización. Desde 2020, se ha instalado una situación de emergencia sanitaria “permanente” por las olas de covid-19, trastornando todos los ámbitos del sistema internacional con su secuela de cierres fronterizos, disrupción económica, caída del comercio, precarización social y competencia descarnada por vacunas, medicamentos y servicios de salud. 

Esta coyuntura crítica encuentra a América Latina mal parada. Hace tiempo que la región ha ido perdiendo gravitación internacional. Hoy se encuentra dividida y fragmentada, polarizada entre izquierdas y derechas y en un franco proceso de desintegración. El comercio interregional está en mínimos históricos; algunos mecanismos emblemáticos de integración, como la Unión de Naciones Suramericanas y el Mercado Común del Sur, han sido abandonados o cuestionados por sus miembros, en tanto que otros, como la Alianza del Pacífico, han perdido impulso. Por otra parte, la Organización de los Estados Americanos (OEA) atraviesa por una crisis de legitimidad e ineficacia frente a los problemas de gobernabilidad democrática, mientras que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se mantiene por el liderazgo de México, pero sin el acompañamiento de Brasil. 

Las consecuencias de esta situación son particularmente negativas para México, pues dificultan la concertación regional y, por ende, la capacidad de maniobra e influencia en negociaciones multilaterales clave donde se están redefiniendo las reglas en materia comercial, financiera, ambiental, tecnológica, energética, sanitaria y los estándares de derechos humanos, Estado de derecho y democracia. La inestabilidad y la fragmentación latinoamericana también le cierran espacios a México para equilibrar y negociar mejor los términos de su creciente integración económica y productiva con Estados Unidos. Y, por último, le genera problemas transfronterizos, además de divisiones internas. En una perspectiva estratégica, México tiene mucho que perder si no hace un esfuerzo deliberado y constructivo por contener las fuerzas centrípetas en Latinoamérica. 

América Latina es la región en desarrollo más afectada por la pandemia ⸺con solo el 8.4% de la población mundial, en 2020 registró el 27.8% de las muertes por covid-19 y el PIB regional cayó 7.7%⸺ y tiene necesidades urgentes de financiamiento para apuntalar la recuperación económica y enfrentar las graves carencias sociales, sanitarias y educativas. De continuar la falta de coordinación regional, aumentarán los riesgos de inestabilidad, las crisis humanitarias, la conflictividad fronteriza y la presión migratoria. Ciertamente, hay perspectivas de recuperación económica tras la pandemia, pero esta será asimétrica y heterogénea, y difícilmente sostenida, si no se toman decisiones de política pública que permitan una estructura productiva más diversificada.

Frente a la gravedad de la situación, México tendría que asumir una posición proactiva y propositiva para revisar, revitalizar y sintonizar el papel de los mecanismos multilaterales de financiamiento al desarrollo que existen en la región (el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL). Esto requeriría de una ruta de acción concertada, al más alto nivel, entre las secretarías de Relaciones Exteriores, Economía, Hacienda y la banca de desarrollo nacional fincada en una política industrial clara y definida. Este esfuerzo tendría que operarse bilateralmente aprovechando los acuerdos de asociación estratégica con seis países latinoamericanos con los que cuenta México.

El inevitable proceso de ajuste de la economía mexicana al nuevo marco regulatorio del Tratado México, Estados Unidos y Canadá tiene una dimensión latinoamericana que hasta ahora no ha recibido suficiente atención. A fin de aprovechar la relocalización de las cadenas de valor por el desacoplamiento económico entre China y Estados Unidos y la regionalización de la economía mundial, México tendría que desplegar un esfuerzo sostenido para ubicar fuentes alternativas de suministro, enlaces productivos y nichos de mercado en América Latina, donde las posibilidades de incorporar a medianas y pequeñas empresas son mayores. La Alianza del Pacífico es una plataforma que habría que aprovechar para identificar y cultivar estos nichos. La CEPAL apunta que los sectores con mejores perspectivas son la economía circular, el comercio digital y la agroindustria. De nuevo, esto requeriría tomar en serio las tareas de promoción económica, fortalecer las capacidades institucionales necesarias e impulsar la armonización de normas en la región.

El ámbito multilateral regional es, quizá, el asunto más relevante de la proyección y el papel de México en América Latina en los próximos años. La OEA requiere de reformas que le den autonomía y le permitan superar la politización recurrente de varios de sus órganos decisorios, pero su experiencia acumulada, su alto grado de institucionalización, sus avances en la protección de derechos humanos y su cobertura continental la hacen insustituible. La CELAC cuenta con una agenda de cooperación promisoria y oportuna para expandir la producción y distribución regional en la industria de la salud y desarrollar otros sectores estratégicos (aeroespacial, educación), pero carece aún de liderazgos e institucionalidad suficientes para consolidarse. El desafío para México está en encontrar el mejor equilibrio entre estas dos pistas para hacerlas complementarias, no adversarias. EP

Documento completo: Desafíos para la política exterior de México en 2022

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