2023: Regionalización pactada

Roberta Lajous, miembro del grupo México en el Mundo, analiza los factores principales y la importancia de la regionalización, una nueva etapa en las relaciones internacionales.

Texto de 11/01/23

Roberta Lajous, miembro del grupo México en el Mundo, analiza los factores principales y la importancia de la regionalización, una nueva etapa en las relaciones internacionales.

El año que comienza marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones internacionales a nivel mundial: la regionalización pactada. Termina la acelerada globalización económica que comenzó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y que continuó durante más de dos décadas. La tendencia actual señala la relocalización de los procesos productivos para acercarlos al consumidor. Varios factores explican la nueva deriva. Entre los principales se encuentran: el fin de la hegemonía de los Estados Unidos y la creciente rivalidad con China; la invasión de Rusia a Ucrania; la pandemia ocasionada por el COVID; el cambio climático y, no menos importante por el sufrimiento humano que representa, la creciente migración. Vayamos uno por uno.

Cuando se derrumbó la Unión Soviética y terminó la Guerra Fría, Estados Unidos emergió como la única superpotencia mundial cuya hegemonía no era cuestionada, lo cual le permitió encabezar costosas intervenciones militares en el Golfo Pérsico, Bosnia, Afganistán, Irak y Libia, con traumáticos resultados. Gracias también al liderazgo estadounidense, China ingresó a la Organización Mundial de Comercio en 1990 y pronto llegó a ser no sólo su segundo socio, sino que le generó un enorme déficit comercial a la superpotencia. China registró un crecimiento económico sin precedente y contrario a las predicciones de los promotores de la globalización, su sistema político no se liberalizó. El éxito económico de China le permitió afirmar su sistema autoritario y su hegemonía en Asia, y generó un creciente nerviosismo en Washington y una reacción popular por la desindustrialización de amplias regiones en los Estados Unidos, que llevó a la elección de Donald Trump en 2016, con sus nefastas consecuencias internacionales. Si la economía china puede o no superar a la estadounidense en los próximos años está a discusión, pero su robusta presencia militar en Asia ha provocado que el presidente Biden ponga a toda marcha una política industrial para producir en casa los insumos estratégicos y asegurar su autonomía tecnológica hacia un futuro sustentable.

“El éxito económico de China le permitió afirmar su sistema autoritario y su hegemonía en Asia”.

La invasión de Rusia a Ucrania en febrero del año pasado, no parece tener una solución próxima. Los ucranianos han obtenido la cohesión europea para enfrentar un crudo invierno, reduciendo la dependencia energética de Rusia. Sin embargo, todavía no sabemos cuáles serán los efectos no previstos de las sanciones aplicadas a ese país sobre la economía mundial. El reacomodo de Rusia y China, favorecido por la frontera común y la potencial complementación económica entre ambos, puede ir más allá de las cumbres entre sus líderes, quienes parecen haber alcanzado un entendimiento con amplias consecuencias regionales. La agresión rusa, miembro con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, ha paralizado a la ONU mostrando los límites a la acción de la comunidad internacional para evitar un conflicto más amplio.

Por desgracia, todavía no se puede cantar victoria sobre la pandemia después de tres largos años. Continúan los brotes en China y podría haberlos en otras regiones. No obstante, la pandemia transformó la forma en que vivimos y nos relacionamos, lo cual tendrá profundas transformaciones sobre la organización del trabajo, el consumo y las cadenas de producción compartidas a través del planeta. Los cuellos de botella experimentados durante la pandemia están llevando a una reorganización de la producción para evitar que se repita el desabasto y los prolongados tiempos de espera. Ninguna industria quiere seguir expuesta a los riesgos que ha demostrado tener la producción a larga distancia, sobre todo cuando se han sumado nuevos factores de conflicto que pueden alterar el abasto, como son las sanciones impuestas a Rusia, un potencial conflicto de los Estados Unidos con China, o inclusive con Corea.

“Los cuellos de botella experimentados durante la pandemia están llevando a una reorganización de la producción para evitar que se repita el desabasto y los prolongados tiempos de espera”. 

La consciencia mundial sobre los efectos perversos del cambio climático va en aumento conforme se vuelven, por desgracia, palpables sus efectos negativos. La contaminación atmosférica y de las aguas, la pérdida de biodiversidad, la desintegración de los glaciares, la intensidad de los huracanes en unas regiones, y de las sequías en otras, hacen que un mayor número de personas entiendan la urgencia de comprometerse con una economía circular o verde. El cambio climático requiere mayor cooperación internacional, que ha venido dándose a través de los distintos pactos internacionales, que generan una dosis de optimismo. Sin embargo, se requieren acciones trascendentes para disminuir el ritmo de ascenso del calentamiento global. Muchas de ellas están asociadas a acercar la producción al consumo para evitar la huella de carbono en el traslado de alimentos, bienes intermedios y de finales de un lado al otro del planeta.

La migración de grandes grupos en busca de mejores condiciones de vida ha sido una característica de la humanidad. Sin embargo, el fortalecimiento de las fronteras en los últimos años y la tecnología que facilita la información sobre rutas y medios de transporte han generado una crisis política en los países más ricos del mundo. Las imágenes de los migrantes procedentes de África llegando a las costas de Europa o de los latinoamericanos y, ahora inclusive de otras regiones, en la frontera entre México y los Estados Unidos dan la vuelta al mundo influyendo sobre el voto en los sistemas democráticos. Sin embargo, son esos mismos temores los que crean barreras para impedir la migración circular para satisfacer la demanda de mano de obra estacional y el retorno de los migrantes a sus comunidades de origen. Además, el cambio climático contribuye a propiciar la migración, por ejemplo, en el Triángulo del Norte de Centroamérica, donde la sequía ha lanzado a la desesperación a miles de familias campesinas.

Los cinco factores mencionados: rivalidad política, conflicto bélico, pandemia, cambio climático y migración, se refuerzan entre sí para apuntar hacia la regionalización que evite mayores riesgos y fricciones. Producir más cerca de donde se consume evita el desabasto de los últimos años y la huella del carbón ocasionada por el transporte. La ilusión de que se podía compartir la producción a través de distintos sistemas políticos y de valores llegó al límite. Sin embargo, los líderes europeos y los propios socios norteamericanos han manifestado al gobierno de los Estados Unidos su inconformidad por la aplicación de políticas discriminatorias para acelerar la producción de vehículos no contaminantes.

“Producir más cerca de donde se consume evita el desabasto de los últimos años y la huella del carbón ocasionada por el transporte”.

Lo que parecería una tormenta perfecta para el mundo, particularmente para Europa por la guerra que se libra en sus fronteras, podría beneficiar a México, si somos capaces de aprovechar la coyuntura. La cercanía geográfica y la renovación del pacto de libre comercio con Estados Unidos y Canadá a través del T-MEC, nos otorga un lugar privilegiado para aprovechar el nearshoring o ally-shoring. Entiéndase en claro español: producir más cerca y con aliados más confiables. México tiene la ubicación y muchos de los insumos que se requieren para hacerlo. El más importante es una fuerza laboral que tendríamos que preocuparnos por capacitar en el corto plazo. Todavía podemos beneficiarnos, de manera excepcional, del bono demográfico para dar el salto que quisimos dar en 1994, pero se nos atravesó China como destino de la inversión, para convertirse en el segundo socio comercial de los Estados Unidos durante varios años. Los beneficios del nearshoring pueden extenderse también a nuestros vecinos de América Central y el Caribe. Con ello disminuiría la presión demográfica que se cierne sobre nuestra frontera sur. América del Sur parece estar en otra tesitura. Muchos de los países más importantes de Sudamérica han optado por una asociación más cercana con China para venderle minerales y productos agroindustriales. Incluso están recibiendo inversión extranjera directa china para construir infraestructura en montos que son difíciles de determinar por la opacidad con la que se manejan. El presidente Lula cuando asumió el poder, en días pasados, anunció el fortalecimiento de la difunta UNASUR, si la logra resucitar. En todo caso, su intención parece ser dejar a México, América Central y el Caribe fuera de su jugada sudamericana.

México debe aprovechar el gozne histórico que tiene frente a sí como parte integral de América del Norte. La inminente X Cumbre de Líderes de los tres países que la integran, arrojará luces y sombras sobre una nueva etapa de integración regional. El porvenir nos favorece si podemos conducir la ola de fortuna que se nos presenta. La oportunidad es demasiado grande para que el gobierno federal —que ha titubeado con los compromisos adquiridos con la ratificación del T-MEC— los aproveche en su cabalidad. Corresponde también a la sociedad en su conjunto contribuir para alinear los objetivos que permitan atraer mayores inversiones de las que ya se están recibiendo: universidades, empresas, partidos políticos, gobiernos estatales y locales, medios de comunicación y líderes de opinión se deberán volcar a ello para lograrlo. EP

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