La varianza del ciclo: por una medicina fuera del promedio

Más del 70% de los experimentos y ensayos clínicos se enfocan únicamente en el sexo masculino y, además, la medicina se ha construido considerando al cuerpo humano como una constante. ¿Qué pasa con las variaciones del ciclo menstrual? Karla P. Rocha Estrada y Agustín B. Ávila Casanueva reportan cómo los cambios que quienes menstrúan han tenido, a partir de la vacunación contra el SARS-CoV-2, demandan una comprensión de este ciclo relacionándolo al funcionamiento con otros sistemas del cuerpo humano. Es importante entender al cuerpo como un todo, aunque el cuerpo reporte datos fuera del promedio.

Texto de and 26/10/21

Más del 70% de los experimentos y ensayos clínicos se enfocan únicamente en el sexo masculino y, además, la medicina se ha construido considerando al cuerpo humano como una constante. ¿Qué pasa con las variaciones del ciclo menstrual? Karla P. Rocha Estrada y Agustín B. Ávila Casanueva reportan cómo los cambios que quienes menstrúan han tenido, a partir de la vacunación contra el SARS-CoV-2, demandan una comprensión de este ciclo relacionándolo al funcionamiento con otros sistemas del cuerpo humano. Es importante entender al cuerpo como un todo, aunque el cuerpo reporte datos fuera del promedio.

Aquello que varía, que cambia, que oscila, se concibe como algo más difícil de estudiar. Al reduccionismo, que tan bien le ha ido en la ciencia, no solamente le gustan las relaciones lineales, sino que mientras menos varianza tengan —es decir, mientras más cercanos estén los datos al promedio, a la media—, mucho mejor. Este reduccionismo ha generado que la medicina se construya considerando al cuerpo humano como una constante, más que como un sistema que varía con el tiempo. Precisamente, el ciclo menstrual, a pesar de que su título de ciclo nos haga pensar que siempre vuelve al mismo punto, que no cambia, está lejos de ser invariable. Cada una de sus fases sucede con variaciones que, a su vez, ejercen una influencia sobre el resto de los sistemas del cuerpo humano. 

“Pero cuando le demuestras estas variaciones en la temperatura corporal, en la presión sanguínea, en el ciclo menstrual, a los mismos estudiantes de medicina, se sorprenden” dice en entrevista para Este País la doctora Ana Leonor Rivera López, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares y del Centro de Ciencias de la Complejidad en la UNAM, quien actualmente conduce estudios para analizar las interacciones de las redes fisiológicas del cuerpo humano, poniendo especial atención en las diferencias entre hombres y mujeres.

Para realizar sus investigaciones, Rivera aprovecha la perspectiva de los sistemas complejos, desde la cual los componentes de una estructura no funcionan de manera aislada, sino en conjunto, siendo el todo más que la suma de sus partes. Los sistemas pueden representarse mediante redes cuyos elementos están íntimamente interconectados, y cada uno es capaz de modificar —directa o indirectamente— a los demás elementos. 

“…en lugar de estudiar a cada órgano o sistema del cuerpo de manera separada, podemos conocerlos también desde las conexiones que generan entre ellos: las redes fisiológicas.”

Entonces, en lugar de estudiar a cada órgano o sistema del cuerpo de manera separada, podemos conocerlos también desde las conexiones que generan entre ellos: las redes fisiológicas. En general, lo que estas redes buscan es volver a un punto de equilibrio, realizar la homeostasis, no solamente por el equilibrio mismo, sino porque en este punto, es donde las señales viajan mejor y con mayor rapidez. Sin embargo, estas redes —los caminos a recorrer— no son iguales para ambos sexos. 

“Lo que hemos encontrado”, dice la doctora Rivera, “es que el balance de los hombres está más cercano a ser una señal aleatoria, están mejor adaptados al cambio”. Es decir, en general, el equilibrio de los hombres va de la mano con las variaciones del ambiente y de la actividad fisiológica de cada sujeto —como lo pueden ser la actividad física y la dieta—. “Mientras tanto, la red fisiológica de las mujeres es más robusta y más rígida”, explica, “las mujeres tendemos a tener un punto de equilibrio mucho menos variable”. Esto, en parte, porque en caso de embarazarse, es mejor para el desarrollo del feto mantenerse lo más cercanamente posible a un ambiente interno fijo. Y para lograr esto “las redes de las mujeres deben de ser muy robustas, deben de poder transmitir la información mediante varios caminos al mismo tiempo, así si uno está cortado o bloqueado, las señales logran llegar”, señala la doctora Rivera. 

El punto anterior tiene al menos dos implicaciones en la práctica clínica. El primero de ellos refiere al entendimiento de enfermedades. Desde esta perspectiva, se puede explicar por qué la COVID-19, una enfermedad sistémica que ataca puentes de conexión entre los órganos, afecta de diferente manera a hombres y mujeres, siendo más perjudicial para los hombres, cuyas redes pierden señales, información, y por lo tanto su equilibrio. La segunda implicación tiene que ver con la prescripción de medicamentos. Las variaciones durante las fases del ciclo menstrual incluyen, por ejemplo, la modificación de los rangos de presión arterial, lo cual indicaría que la dosis ideal de un medicamento para controlar la presión no sería la misma en cada fase. Y lo mismo para muchos otros medicamentos, porque, de nuevo, ni los órganos ni los sistemas fisiológicos existen de manera independiente dentro de nuestro cuerpo; sino que el cuerpo es un todo. El mensaje es claro: los sistemas complejos arrojan resultados que promueven la idea de actualizar y transformar la práctica clínica, de fomentar una medicina personalizada que tome en cuenta, entre otras cosas, el sexo del individuo. Y en el caso de las personas menstruantes: “la medicina personalizada va a tener que pasar por la menstruación”, sentencia Rivera.

“Al menos 30,000 personas en Reino Unido han manifestado tener cambios en su ciclo menstrual (cambios en el inicio, en la duración y en la cantidad de sangrado) después de haber recibido la vacuna contra el SARS-CoV-2.”

Al menos 30,000 personas en Reino Unido han manifestado tener cambios en su ciclo menstrual (cambios en el inicio, en la duración y en la cantidad de sangrado) después de haber recibido la vacuna contra el SARS-CoV-2.  En los últimos meses, la trascendencia de entender la relación del ciclo menstrual con otros sistemas del cuerpo humano se ha hecho especialmente evidente. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios se encuentra evaluando una serie de reportes con el mismo asunto. Aunque los efectos son transitorios, han generado incertidumbre y demandan, con justa razón, información por parte de la comunidad científica. A esto se suma la probabilidad de que la vacuna sea ligeramente menos efectiva en mujeres, que las pruebas de antígenos son menos sensibles en mujeres, y que las mujeres también son más propensas a sufrir de long covid —el padecimiento de las secuelas o síntomas de COVID-19 durante varios meses o incluso, más de un año—.

“Más del 70% de los experimentos y ensayos clínicos se enfocan únicamente en el sexo masculino. Incluso, algunos de los estudios médicos realizados únicamente en hombres, escriben sus conclusiones en un lenguaje neutro que hace pensar que las recomendaciones se pueden extrapolar hacia las mujeres sin mayor problema alguno”

Estos reportes remarcan la necesidad de contar con más pruebas clínicas que se realicen en personas menstruantes durante el desarrollo de productos farmacéuticos. En realidad, los estudios que toman en cuenta la menstruación deberían ser un requisito explícito para la investigación en ciencia. Más del 70% de los experimentos y ensayos clínicos se enfocan únicamente en el sexo masculino. Incluso, algunos de los estudios médicos realizados únicamente en hombres, escriben sus conclusiones en un lenguaje neutro que hace pensar que las recomendaciones se pueden extrapolar hacia las mujeres sin mayor problema alguno. Y si los estudios se necesitan, ¿entonces por qué no se hacen? Sin duda, estudiar personas menstruantes no es una tarea fácil.

La doctora Rivera habla de su propia experiencia durante el proyecto que ella y su equipo desarrollaron: “Es difícil conseguir gente. Se requiere de un gran compromiso por parte de los chavos”. Los chavos, siendo en este caso estudiantes —hombres y mujeres— de la Facultad de Medicina de la UNAM, fueron los mismos que se sorprendieron al ver la variación de sus propios datos fisiológicos. “Los medimos todos los días de lunes a viernes durante media hora, a lo largo de un mes y medio” describe la doctora Rivera. En este tiempo, se toman muestras de sangre y de orina y se realizan varias mediciones de la presión arterial y la frecuencia cardiaca.

“…cada que someten un artículo hablando sobre el posible uso terapéutico de la sangre menstrual, siempre reciben una objeción aludiendo a las “células tóxicas”.”

Si bien los estudios que toman en cuenta a la menstruación o la estudian directamente pueden ser complicados por su logística, también se enfrentan a la ignorancia y estigmatización por parte del gremio científico. La doctora Federica Marinaro, del Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón, en Cáceres, España, está desarrollando un proyecto sobre terapias con células madre a partir de las células del sangrado menstrual. Recientemente compartió en un tweet la respuesta que obtuvo por parte de uno de los revisores del artículo que sometieron a una prestigiosa revista científica, donde el revisor desestima sus resultados ya que “casi toda la literatura ha reportado los efectos altamente indeseables y tóxicos de la sangre menstrual y sus componentes […] en el cuerpo humano”. Quisiéramos creer que esto sucede pocas veces, pero una de las reacciones que el tweet obtuvo fue por parte de otra investigadora, la doctora Rocío Martínez Aguilar, de la Universidad de Edimburgo, diciendo que cada que someten un artículo hablando sobre el posible uso terapéutico de la sangre menstrual, siempre reciben una objeción aludiendo a las “células tóxicas”. Esto es tan común que ya tienen una respuesta argumentada y con referencias lista para cada ocasión.

Para otras personas, no es una gran novedad que el ciclo menstrual tenga cambios. “El ciclo menstrual es súper variable” exclama en entrevista para Este País la doctora Alicia Sánchez, ginecóloga obstetra del Instituto Nacional de Perinatología, “y son muchas las variables que lo afectan: el estrés, la alimentación, el ejercicio”. Todas variables que se han modificado en casi toda la población durante la pandemia. Igualmente, es posible que nos percatemos de cambios sutiles en nuestra salud debido a que, gracias a la situación sanitaria actual, estamos más pendientes de nuestro cuerpo.

Pero es importante tener noción de estas variaciones. De acuerdo con la doctora Sánchez, “las personas no acuden a una consulta ginecológica, sino hasta que sus molestias se agravan”. Es decir, conocemos las variaciones más extremas, pero no las que se encuentran dentro del rango saludable. Porque un estado saludable no es un punto fijo, sino un espectro, que admite variación. El tener mucha variación, o poca variación por tiempo prolongado, debería hacernos buscar un análisis o tratamiento. En el caso de las alteraciones ligadas a las vacunas, la doctora Sánchez recomienda que, si los cambios persisten por más de tres meses, lo mejor sería acudir con un especialista.

“…la doctora Sánchez nos comparte que hoy en día las aplicaciones móviles que registran el curso de la menstruación permiten tener acceso a una gran cantidad de datos que podrían dar paso a nuevas investigaciones.”

Notificar los cambios que experimentamos es, de hecho, una información valiosa para llevar un registro de los testimonios de diversas personas y analizar si existen manifestaciones comunes. No sólo las redes sociales han facilitado la comunicación y difusión de preguntas y vivencias, sino que también se han puesto en marcha cuestionarios formales que recopilan datos acerca de las experiencias individuales que cada persona ha tenido en relación con la vacunación y los cambios en su ciclo menstrual. Con tal objetivo, Kathryn Clancy, investigadora de la Universidad de Illinois, lanzó una encuesta que recolectó datos durante seis meses, cuyos resultados próximamente serán procesados y analizados. Adicionalmente, en México es posible reportar sospechas de reacciones adversas por medicamentos y vacunas a través de la plataforma de e-Reporting. Inclusive, la doctora Sánchez nos comparte que hoy en día las aplicaciones móviles que registran el curso de la menstruación permiten tener acceso a una gran cantidad de datos que podrían dar paso a nuevas investigaciones.

Afortunadamente, además de los cuestionarios disponibles, la importancia de estudiar el ciclo menstrual empieza a cobrar mayor importancia en la labor científica. Los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos han decidido invertir 1.67 millones de dólares en proyectos de investigación para explorar los efectos secundarios sobre la menstruación vinculados a la vacunación. Las suposiciones preliminares sugieren que los efectos podrían deberse a las funciones inmunológicas del cuerpo durante el ciclo menstrual. Para indagar en esta conjetura, se utilizarán diferentes aproximaciones, como la recolección de muestras biológicas y de datos demográficos.

“…si el ciclo menstrual se ve afectado por el estrés, la dieta, el ejercicio, y otros factores que varían de población en población, poco nos van a servir las recomendaciones generadas desde otras dietas, comportamientos, sociedades y datos.”

La doctora Sánchez apunta que, además de los estudios por parte de la comunidad científica internacional, “necesitamos generar datos y recomendaciones para y desde México”. Porque, de nuevo, si el ciclo menstrual se ve afectado por el estrés, la dieta, el ejercicio, y otros factores que varían de población en población, poco nos van a servir las recomendaciones generadas desde otras dietas, comportamientos, sociedades y datos. El ciclo normalmente se estudia a través de encuestas, pues se necesita una gran inversión para reclutar pacientes y conducir los estudios. Sin embargo, esa inversión es necesaria para tener datos precisos de la clínica y contar con información de quien no tiene aparatos de medición en casa o incluso, acceso a medios digitales e internet.

Estudiar la menstruación no solamente nos permitirá conocerla mejor, sino que también nos permitirá hablar de ella con mayor frecuencia y hacerla parte de la agenda pública, política y de salud. Lo cual seguramente traerá beneficios, como el dictamen recién aprobado por la cámara de diputados en el que se añaden a los productos de higiene menstrual a la lista de tasa de cero por ciento al Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo cual facilitará la adquisición de estos productos por parte de la población menstruante.

“Estudiar la menstruación no solamente nos permitirá conocerla mejor, sino que también nos permitirá hablar de ella con mayor frecuencia y hacerla parte de la agenda pública, política y de salud.”

Aunque por ahora tenemos sólo información parcial sobre los posibles efectos de las vacunas contra el COVID-19 sobre el ciclo menstrual, no existe duda alguna de que vacunarse sigue siendo la mejor forma de cuidar nuestra salud y la de quienes nos rodean. Según Rivera, “no sólo se trata del cuadro clínico de la enfermedad por el SARS-CoV-2, sino que las consecuencias a largo plazo de esta enfermedad están generando una gran preocupación en la comunidad de médicos y científicos. Lo mejor es vacunarse”. 

Es necesario entender, médicamente, a los cuerpos como un todo, que viven dentro de un ambiente variable. Y que los cuerpos mismos tienen variaciones. No podemos seguir aplicando las recomendaciones generadas a partir del hombre promedio europeo. Necesitamos datos y recomendaciones para mujeres y hombres mexicanos. Y no solamente desde la enfermedad, sino también desde la varianza dentro de la salud.  Comunicar nuestra experiencia contribuye a la construcción de un cuerpo de información que, al mismo tiempo, da pie al desarrollo de investigaciones y tratamientos adecuados. Hay que considerar a la menstruación, y a su varianza, con la importancia que se merece. EP


Referencias

Barajas-Martínez A, et. al., (2021) Sex Differences in the Physiological Network of Healthy Young Subjects. Front. Physiol. 12:678507. doi: 10.3389/fphys.2021.678507 

Caroline Criado Perez. Invisible Women: Data Bias in a World Designed by Men. Abram Press. 2019

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