La pandemia como oportunidad

A partir de lo dicho por intelectuales y figuras públicas sobre la COVID-19, Eugenio Fernández reflexiona sobre el acontecimiento que supone la pandemia y las oportunidades que se abren para crear nuevas formas de relacionarnos con el mundo.

Texto de 13/05/20

A partir de lo dicho por intelectuales y figuras públicas sobre la COVID-19, Eugenio Fernández reflexiona sobre el acontecimiento que supone la pandemia y las oportunidades que se abren para crear nuevas formas de relacionarnos con el mundo.

Se ha hablado mucho sobre la crisis del coronavirus y lo que está haciéndole al mundo. Hay quienes afirman que el cierre de las economías de medio planeta es una exageración provocada por un miedo irracional a la muerte u operacionalizada para “disciplinar” a las clases medias urbanas. También hay quienes ven en este fenómeno un factor de desestabilización o –al contrario– una mera aceleración de procesos ya en marcha. Por suerte, también hay muchos que han sabido ver la oportunidad que se abre para corregir el rumbo de la humanidad y construir una nueva relación con el planeta y con nosotros mismos.

Los diagnósticos

Un elemento curioso de lo publicado hasta ahora sobre la pandemia es que muchos de los intelectuales más entrados en años, que son los más vulnerables al coronavirus, son quienes niegan la relevancia de las medidas puestas en marcha en gran parte para proteger a su generación. Esto pasa a ambos lados del espectro político. De un lado, Mario Vargas Llosa, con sus 84 años de edad y larga carrera como brillante novelista e intelectual conservador, afirmó que todo lo que ocurre en torno a la pandemia le parece “muy exagerado”. En sus antípodas políticas, en la izquierda italiana, el crítico radical Giorgio Agamben, con 77 años a cuestas, parece pensar lo mismo, pues se quejó en febrero de que las medidas de emergencia ante el virus le parecen “frenéticas, irracionales y del todo sin motivo”.

Por fortuna, parecen no ser la norma, y muchos otros han ofrecido diagnósticos serios sobre lo que está pasando. David Harvey –que se ha erigido como uno de los pilares del marxismo del siglo XXI con sus análisis sobre la “acumulación por desposesión”– señala que el virus exacerba y pone de relieve las contradicciones del capitalismo, y puede traer algunos beneficios al reducir el consumo, las presiones fiscales que generan las pensiones y al generar condiciones para nuevos esfuerzos transformadores. Sin embargo, también advierte que la pandemia abre la puerta a los “gobiernos imperiales” en Estados Unidos y otros lugares, donde las élites podrían imponer mano dura para evitar potenciales “motines y revoluciones”.

Lo contrario piensa Richard Haass, que podría considerarse la voz de muchos de los que podrían imponer esos gobiernos imperiales por ser presidente del Consejo de Relaciones Internacionales que edita la revista Foreign Affairs, además de agrupar a ex directores de la CIA, políticos y empresarios del vecino del norte. Él sostiene que “no toda crisis es un punto de inflexión” y que “la pandemia acelerará la historia en vez de darle nueva forma”. Esto es, en su opinión, que Estados Unidos seguirá perdiendo peso en la arena internacional, mientras que el mundo seguirá resistiéndose “a ser moldeado” por nadie (como si antes eso hubiera sido posible). Haass vaticina también que seguirán ausentes los mecanismos de escala necesaria para responder a retos globales como el cambio climático o las pandemias, y que los Estados seguirán debilitándose.

En lo que supone una excepción entre quienes no suelen identificarse como ambientalistas ni cercanos a los movimientos verdes, la celebridad de la filosofía Slavoj Žižek ha puesto el énfasis en el origen de la pandemia, entendiéndola no como algo que, simplemente, ocurrió, sino como algo provocado por el capitalismo y nuestras formas de vida y modos de producción: “cuando la naturaleza nos ataca con virus, está en cierta forma devolviéndonos nuestro propio mensaje. El mensaje es: lo que me hicieron ustedes a mí, ahora se los hago yo a ustedes”.

Las oportunidades

Hay otros que han buscado proyectarnos hacia el futuro. Son quienes han señalado el potencial de la pandemia para provocar un cambio de fondo en la relación de la humanidad con el planeta, y de los humanos con nosotros mismos. Es el caso de la escritora india Arundhati Roy. En una dolorosa crónica sobre cómo la crisis actual se ceba sobre quienes son de por sí las víctimas que más padecen el sistema de castas y las divisiones de clase de su país, concluye que la crisis es un portal: “Podemos cruzarlo arrastrando tras de nosotros los cadáveres de nuestros prejuicios y nuestro odio, nuestra avaricia, nuestras bases de datos e ideas muertas, nuestros ríos muertos y nuestros cielos ahumados. O podemos caminar por él con ligereza, con poco equipaje, listos para imaginar un mundo nuevo, y para luchar por él”.

En la misma línea, la activista canadiense Naomi Klein ha señalado que las fuerzas del gran capital usarán el shock actual para profundizar su dominio. Por ello, ha llamado a usar los estímulos económicos que se han anunciado por todo el mundo para andar en sentido contrario y activar un “Nuevo Pacto Verde” por el mundo y el clima, uno que permita construir sociedades más justas y una relación más sustentable con la naturaleza.

El filósofo francés Bruno Latour también ha advertido que lo que hace que la situación actual sea tan peligrosa es la ocasión que abre a quienes han construido un sistema cada vez más alejado de la Tierra (con consecuencias sociales y ambientales terribles) para alejarse todavía más, pero también ha señalado que, si la oportunidad se presenta para ellos, “también se presenta para nosotros”. Por eso, afirma Latour, “a la exigencia lógica: ‘Relancemos lo más rápidamente posible la producción’, debemos responder a gritos: ‘Sobre todo, ¡eso no!” Más bien, propone, “hay que salir de la producción como principio único de relación con el mundo” y cambiar de fondo esa relación, aprovechando este parón general.

Las acciones

La diferencia entre Haass y los conservadores y Roy, Klein y Latour y quienes, como ellos, proponen aprovechar la crisis para emprender una gran transformación, es que los primeros ven en la pandemia un accidente y los segundos ven un acontecimiento en el sentido más trascendental del término. Como explica Slavoj Žižek en su libro sobre el tema, un acontecimiento es “la aparición inesperada de algo nuevo que debilita cualquier diseño estable”, que provoca “un cambio de planteamiento a través del cuál percibimos el mundo y nos relacionamos con él”.[1] La crisis actual puede ser un acontecimiento o no, dependiendo del éxito que tengan quienes quieran que así sea.

Lograr que, efectivamente, marque un antes y un después para mejor, implica el trabajo urgente de establecer los principios que deben regir esa nueva relación con el mundo, de imaginar cómo se traducen esos principios en acciones, políticas y prácticas cotidianas, y de luchar por ellas en múltiples arenas.

Lograr que, efectivamente, marque un antes y un después para mejor, implica el trabajo urgente de establecer los principios que deben regir esa nueva relación con el mundo, de imaginar cómo se traducen esos principios en acciones, políticas y prácticas cotidianas, y de luchar por ellas en múltiples arenas. En México, implica también obligar al gobierno actual a emprender una verdadera transformación del país y de la sociedad, que vaya al fondo de nuestro modo de producción y relación, y que no sea, como hasta ahora, solo una oferta de paliativos al sistema vigente.

En eso, los adversarios de los cambios de fondo están tanto entre los promotores de la “Cuarta Transformación” como entre sus detractores acérrimos. Aunque parezca que están en desacuerdo, en realidad lo que proponen son matices de lo mismo. El presidente López Obrador propone destruir el capital natural para mejorar nuestra infraestructura petrolera, nuestras capacidades productivas, nuestros ingresos nacionales. Sus detractores defendieron en su momento la destrucción del capital natural para instalar infraestructura de energías renovables, para generar mayor valor en la agricultura, para urbanizar a la población. Los partidarios del presidente buscan compensar a las víctimas del capitalismo, mientras que sus opositores pretenden dejarlas a merced del mismo sin paliativos. Al final, ambos bandos coinciden en su defensa del modo de producción actual y en la erosión del capital natural como sustento de la economía.

La crisis detonada por el coronavirus abre la puerta para tomar un camino diferente, para emprender una transición fuera del capitalismo y construir una nueva relación con el entorno natural. Si el paquete mexicano de estímulos se configura como una inversión en la redistribución de la economía y los medios de producción (promoviendo, por ejemplo, instrumentos financieros comunitarios y facilitando las inversiones muy locales), si se cancelan los proyectos depredadores (notablemente, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, pero no solamente) y se enfocan esos recursos a actividades ambientalmente regenerativas y sustentables (por ejemplo, fortaleciendo Sembrando Vida y librándolo de la lógica clientelista que se le ha impuesto), y si se hace un gran esfuerzo para descentralizar la economía, reducir el peso de la economía informal y acumular capacidades productivas y organizativas (fortaleciendo los mercados locales y la formación de micro y pequeñas empresas orientadas a servirlos, condicionando la entrega de estímulos al reporte, si no al registro, de las actividades y relaciones económicas), podríamos realmente estar a las puertas de un acontecimiento y de una verdadera cuarta transformación. La puerta está abierta: toca a todos dar el paso decisivo para atravesarla y construir un mundo más justo y más nuevo. EP


[1] Slavoj Žižek, Acontecimiento. Madrid, Editorial Sexto Piso, 2014. pp. 17, 23

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