In memoriam: Gustavo Esteva

Elías González Gómez escribe sobre Gustavo Esteva, incansable luchador social e intelectual público, recientemente fallecido.

Texto de 24/06/22

Elías González Gómez escribe sobre Gustavo Esteva, incansable luchador social e intelectual público, recientemente fallecido.

Breve semblanza biográfica

Gustavo Adolfo Esteva Figueroa nació el 20 de agosto de 1936 y falleció el 17 de marzo de 2022. Su padre provenía de una familia de hacendados que lo perdió todo durante la Revolución. Su madre era hija de una mujer zapoteca que tenía un puesto en el mercado de la ciudad de Oaxaca. La pareja se conoció en Oaxaca y contrajo matrimonio 9 meses antes del nacimiento de Gustavo, el tercero de cuatro hijos. Gustavo nació ya en Ciudad de México, a donde se habían mudado por el trabajo del padre. Eran los tiempos del mandato de Lázaro Cárdenas, por lo que el pasado porfirista del padre seguramente no jugó a su favor y pasó de fungir como diputado federal por Oaxaca a ser profesor de secundaria. 

Las dificultades económicas de la familia no impedían el esfuerzo por aparentar otro nivel socioeconómico. Gustavo y sus hermanos asistieron a buenas escuelas privadas y crecieron bajo el claro contraste de un padre que buscaba recuperar la antigua gloria familiar y una abuela zapoteca a la que no dejaban entrar por la puerta principal de la casa. Finalmente, el padre de Gustavo falleció cuando este tenía unos 16 años, por lo que pronto tuvo que comenzar a trabajar para mantener a la familia. Su dedicación en la escuela le ganó el aprecio de varios profesores, quienes lo recomendaron para que estudiara la prometedora y nueva carrera de relaciones industriales en la Universidad Iberoamericana. Gustavo cursó un par de años la licenciatura en derecho de la UNAM, pero la dejó al percatarse que en realidad no le interesaba y que lo hacía por seguir el deseo de su ya fallecido padre. 

Fue en sus años de estudiante que abandonó la fe católica ante la imposibilidad de probar racionalmente la existencia de Dios. A través de librerías de viejo se encontró con el marxismo, al cual llegó a llamar su segunda religión. No se liberaría de la versión ideologizada de Marx hasta que trabajó con Teodor Shanin e Iván Illich. Terminando la universidad, Gustavo ocupó puestos importantes convirtiéndose en el gerente más joven de empresas como Procter and Gamble e IBM. En ambas fue despedido por negarse a participar en la explotación de los trabajadores. Al mismo tiempo, la Revolución Cubana y los movimientos sindicalistas mexicanos operaron en la vida de Gustavo como una formación política de la calle. Se dio cuenta de que era imposible empatar sus ideales políticos con los principios económicos de su profesión. Desde ese momento podemos decir que Gustavo Esteva se desprofesionalizó. 

Continuaba trabajando en instituciones como el Banco Nacional de Comercio Exterior, dirigiendo la revista Comercio Exterior, una de las más reconocidas en la materia dentro del ámbito latinoamericano. Al mismo tiempo se unió a una célula guerrillera cuyo objetivo era tomar las armas. La célula terminó desastrosamente por un asesinato interno cometido por un miembro del grupo. Gustavo se percató de que las armas no podían ser el camino, y si no lo eran, entonces había que intentar hacer la revolución desde adentro de los aparatos de gobierno. Durante la administración de Luis Echeverría, Gustavo Esteva ocupó importantes puestos que lo mantenían dentro del círculo cercano al presidente, por ejemplo, coordinador ejecutivo de la CONASUPO. 

“Gustavo se percató de que las armas no podían ser el camino, y si no lo eran, entonces había que intentar hacer la revolución desde adentro de los aparatos de gobierno”.

En ese tiempo se hizo amigo de José López Portillo, y para cuando este ocupó la silla presidencial, Gustavo perfilaba estar destinado a convertirse en secretario de Estado. Parecía que por fin alcanzaría su objetivo, llegar a la cumbre del poder para cambiar las cosas. Sin embargo, sus años en el gobierno le habían demostrado que los aparatos gubernamentales respondían a sus propios criterios y no a los intereses de la gente. Cuando se dio cuenta de que el gobierno de López Portillo sería más de lo mismo, Gustavo cambió de rumbo hacia la Sociedad Civil. Los siguientes fueron años de mucho trabajo de campo particularmente con campesinos y comunidades indígenas. Creó junto con algunos amigos Análisis de Desarrollo y Gestión (ANADEGES) y el Fondo de Cultura Campesina

También datan de esta época algunos de sus libros más significativos como Inflación y democracia, el caso de México (1979) escrito junto con David Barkin y con el cual ganaron el Premio Nacional de Economía en 1978; El Estado y la Comunicación (1979) que compila algunas reflexiones en torno a la función de la comunicación dentro del Estado; Economía y Enajenación (1980) que en realidad escribió desde una década antes; La batalla por el México rural (1980) que escribió a partir de haber sido presidente del V Congreso Mundial de Sociología Rural. Este último es el libro de Gustavo con más ediciones y quizás el más conocido. 

Con todo, entre más estudiaba economía, antropología, sociología o cualquier otro saber erudito, menos entendía lo que realmente estaba pasando en las comunidades y los pueblos. En 1983 asistió a una charla sobre energía impartida por Wolfgang Sachs. Iván Illich fue invitado para comentar la conferencia. Gustavo quedó fascinado con lo que escuchó de Illich. Hasta ese entonces Gustavo no había sentido ningún interés por la obra del historiador y filósofo austriaco fundador del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en Cuernavaca en la década que va de 1966 a 1976. Su marxismo ortodoxo lo llenaba de prejuicios en contra de Illich y su pensamiento. No perteneció a la generación que pensó junto con Illich sus famosos libros de La sociedad desescolarizada (1971), La convivencialidad (1973), Energía y Equidad (1974) o Némesis Médica (1976). Aun así, Gustavo encontró en Iván “el discurso de la gente”. Solía contar que cuando compartía alguna idea de Illich en los pueblos de México, la gente respondía con el “efecto ajá”, comprendiendo exactamente a qué se refería. 

Lo que siguió fueron dos décadas de una íntima relación de amistad y colaboración entre Gustavo Esteva e Iván Illich. Queda claro lo mucho que Iván influyó en Gustavo, pero poco se habla de lo que el propio Gustavo influyó en Iván. Quizás esta es una hipótesis para explorar en otra ocasión, pero la menciono para invitar a la reflexión. Entre las muchas colaboraciones se encuentra la participación de Gustavo en el Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder (1992), aportando nada más y nada menos que con la entrada “desarrollo”, mientras que Illich escribió la de “necesidades”. Fue gracias a Illich que Gustavo se relacionó más de cerca con personajes como Jean Robert, Vandana Shiva, Claudia von Werlhof o Teodor Shanin. Cabe enfatizar su encuentro con Raimon Panikkar, otra gran influencia en la vida y obra de Gustavo, particularmente en el ámbito de la interculturalidad. 

En los noventa Gustavo se mudó junto con su compañera a Oaxaca, más específicamente a San Pablo Etla que se localiza a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Oaxaca y del lugar donde nació su abuela zapoteca. Desde entonces y después de mucho trabajo, el par de hectáreas en la que se construyó “La casa de los Esteva” producía el 70% del consumo de comida. Gustavo llegó a ocupar cargos en el pueblo y se encarnó en Oaxaca sin perder sus múltiples relaciones que cultivaba por el mundo. En esa época escribió otros textos importantes, además del Diccionario del desarrollo tenemos Grassroots Postmodernism: Remaking the Soil of Cultures escrito junto con Madhu Suri Prakash. Pero quizás lo que más resalta de aquellos años es su estrecha relación con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Gustavo fue asesor durante los Acuerdos de San Andrés y un cercano amigo y colaborador del zapatismo hasta el día de su muerte. Desde 1994, Gustavo vio en el EZLN la concretización de lo que habría que hacerse. 

Mientras se desenvuelven los tumultuosos últimos años del siglo XX y los primeros del XXI, Gustavo crea junto con distintas amistades y relaciones con las comunidades de Oaxaca el Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales (CEDI) y la Universidad de la Tierra Oaxaca o Unitierra. A través de estos colectivos Gustavo trabajó de cerca con las comunidades tanto de Oaxaca como de otras partes de México. Continuó tejiendo su crítica radical al desarrollo, a las certidumbres modernas y al principio de escasez. En las últimas décadas dedicó buen tiempo de su reflexión a caracterizar el horror en el que nos encontrábamos, pero también las alternativas que hacían brotar la esperanza.  

La insurrección en curso y el fin de una era

Gustavo Esteva consideraba que uno de los grandes retos para organizarnos políticamente en la situación actual consistía en el esfuerzo por deshacerse de los anteojos de las viejas concepciones políticas para poder comprender y vivir ante la realidad que tenemos enfrente. 

Muchos son los discursos y abundantes las prácticas que continúan fincadas ya sea en luchas anquilosadas de antaño, en el mejor de los casos, o en fantasmas abstractos que desencarnan las resistencias y obstaculizan la transformación. Algunos casos son la creencia en el Estado-nación, el fantasma lingüístico que nos desterritorializa, o la democracia formal, la fe en que los resultados de las urnas representan la voluntad de las mayorías. En muchas ocasiones se continúa luchando por tomar el poder, como si este no nos atravesara a todas y todos, sino que perteneciera tan solo a algunos cuantos. También se mantiene viva la aspiración por transformar las estructuras institucionales, ignorando que el problema no es quién se sienta en la silla presidencial, sino la silla misma. 

Existe también la novedad, muchas veces enraizada en la sabiduría de los pueblos, representada por quienes luchan por cambiarlo todo no desde las políticas públicas, las urnas o las gestiones burocráticas. Raúl Zibechi prefirió hablar no de movimientos sociales sino de sociedades en movimiento.1 Se refiere a que las organizaciones y levantamientos en América Latina no responden a los viejos esquemas de lucha social heredados de Europa. Se caracterizan por sus apuestas comunitarias, críticas a las grandes promesas modernas como el desarrollo, el cual continúa siendo la bandera para muchos de los gobiernos tanto conservadores como progresistas en la región. Gustavo Esteva y su pensamiento pertenecen a este abanico de posibilidades nuevas que buscan otro mundo posible… pero otro mundo muy otro. 

La trayectoria vital de Gustavo Esteva le permitiría repetir aquella sentencia de José Martí escrita después de haber vivido en los Estados Unidos: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”. Conoció la lógica del capital y del desarrollo, lo mismo que del Estado y todas sus parafernalias. Estaba convencido de que ninguno de aquellos caminos era adecuado para la transformación radical necesaria. Su mirada se dirigió en cambio hacia los distintos abajos.

El problema es que las capacidades tanto personales como colectivas de los abajos se han visto sistemáticamente despojadas y destruidas por el proyecto capitalista-occidental. Al igual que Iván Illich y Jean Robert, Gustavo Esteva parte del despojo de los commons al inicio del sistema capitalista, o dicho en sus términos, “la guerra contra la subsistencia”.2 Esta guerra desarticula los propios modos de vida de los pueblos, destruyendo la cultura y la territorialización. 

La sistemática guerra contra la subsistencia nos ha conducido al fin de una era. Para Gustavo, los grandes pilares que sostenían el proyecto moderno se encontraban en ruinas o en pleno desmantelamiento. Según Gustavo, en el momento actual no nos encontramos ya en eso que llamábamos capitalismo. Tampoco existe ya el régimen estatal ni la democracia formal. El patriarcado, por otra parte, se encuentra gimiendo herido y cual animal acorralado es más peligroso que nunca. La exacerbación de la violencia y la destrucción ambiental contemporánea responden no tanto a un fortalecimiento del régimen, sino a su caída. Pero la caída del capitalismo no es una buena noticia sino, como decía Esteva junto con Anselm Jappe, un deslizamiento a la barbarie. El extractivismo salvaje que pretende implantarse en la nueva era del control planetario podría ser incluso peor a nada que hayamos visto. 

“La exacerbación de la violencia y la destrucción ambiental contemporánea responden no tanto a un fortalecimiento del régimen, sino a su caída. Pero la caída del capitalismo no es una buena noticia sino, como decía Esteva junto con Anselm Jappe, un deslizamiento a la barbarie”.

Pero este mundo que ha querido imponerse no es la única voz que se escucha entre los clamores de los escombros que caen. En el mismo espíritu que la máxima zapatista, Gustavo depositaba su esperanza en la germinación de un mundo que podía hospedar a muchos mundos. A las distintas luchas e iniciativas desde abajo que construyen mundos más allá del principio de escasez y jerarquía les llamó la “insurrección en curso”.3 

La insurrección en curso se refiere a las distintas luchas desde abajo que buscan recuperar su propia vida de las manos de las empresas, gobiernos e instituciones. Pasa por la recuperación de los verbos liberándonos de los sustantivos. Pongamos algunos ejemplos. En lugar de hablar de educación o salud, en las cuales delegamos nuestra propia potencia a las instituciones escuela y hospital, habría que hablar de aprender y de sanar, recuperando así estas dimensiones de nuestra vida en nuestras manos y en colectivo. En cada una de las esferas de lo cotidiano, se trata de recuperar ese cuidado y volver a vivir nuestras propias vidas. 

Uno de los principales intereses que absorbieron la atención de Gustavo Esteva durante sus últimos años fue el esfuerzo tanto por caracterizar el fin de la era que termina, pero también aquello que surge entre los escombros.4 Consideraba que la insurrección en curso no era un esfuerzo revolucionario en el sentido clásico de la palabra. No se trata de un “proletarios del mundo uníos”, un comité central o de intelectuales de vanguardia. Por el contrario, se conforma de distintos tipos de entramados comunitarios, algunos de ellos enraizados en sus propios pueblos y culturas ancestrales, otros surgen de los barrios de las ciudades o se forjan a partir de esfuerzos conscientes por construir algo totalmente nuevo. 

A pesar de no formar una Unión planetaria, la insurrección en curso se teje por medio de la amistad y el cariño y se contagia por medio de la mutua inspiración. Por este motivo Esteva participó e impulsó esfuerzos como el de Crianza Mutua o el Global Tapestry of Alternatives, ambos proyectos que buscan relacionar distintas iniciativas que viven ya un mundo más allá del Estado, de la jerarquía, de la escasez y del paradigma moderno.

Esperanza, amistad, cariño y sorpresa pueden leerse como claves fundamentales de esta insurrección en curso de la que nos habló Gustavo Esteva. Se trata de tomarse en serio aquella constatación que habían tenido ya los zapatistas: cambiar el mundo es imposible, de lo que se trata es de inventar el mundo nuevo. Este nuevo mundo que está naciendo entre las comunidades, colectivos y pueblos es en ocasiones difícil de reconocer debido a que seguimos cegados por las categorías del mundo que ya no existe. La obra y el testimonio de Gustavo Esteva ofrecen una oportunidad de limpiar la mirada y ser capaces de reconocer la novedad cuya génesis son las personas de a pie en los distintos abajos. EP


  1. Raúl Zibechi, Genealogía de la revuelta (Buenos Aires: Nordan-Comunidad, Letra Libre, 2003) 138. []
  2. Iván Illich, Obras Reunidas II (México: Fondo de Cultura Económica, 2008) 166. []
  3. Gustavo Esteva, “La insurrección en curso”, en Crisis civilizatoria y superación del capitalismo por Raúl Ornelas (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2013) 129-216 y Alberto Elías González Gómez, “La insurrección en curso. El pensamiento filosófico-político de Gustavo Esteva” en Revista de Ciencias Humanidades, Vol. IX, no. 9, julio-diciembre 2019, 119-138. []
  4. Gustavo Esteva, Hacia una nueva era (Buenos Aires, Argentina: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; San Cristóbal de Las Casas, Chiapas: Cooperativa Editorial Retos; Guadalajara, Jalisco: Cátedra Jorge Alonso: Universidad de Guadalajara, 2021). []
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