Hay que apostar por los maestros; son fundamentales para recuperar la educación: Entrevista con Felipe Martínez Rizo

Este País conversó con el Dr. Felipe Martínez Rizo, uno de los expertos más reconocidos en el campo de las políticas educativas del país, sobre el estado general de la educación pública en México, así como de las reformas y evaluaciones educativas.

Texto de and 08/08/22

Este País conversó con el Dr. Felipe Martínez Rizo, uno de los expertos más reconocidos en el campo de las políticas educativas del país, sobre el estado general de la educación pública en México, así como de las reformas y evaluaciones educativas.

El Dr. Felipe Martínez Rizo es profesor jubilado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, de la que fue rector; además, miembro del SNI y la Academia Mexicana de Ciencias.  Fue el primer director general del extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). En 2009, fue galardonado con el reconocimiento Pablo Latapí Sarre del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, y en 2011 con el doctorado honoris causa por la Universidad de Valencia, España.

Este País (EP): ¿Cómo describe el estado general de la educación pública en México, principalmente de la educación básica?

Felipe Martínez Rizo (FMR): Las opiniones más usuales, más extendidas, difundidas en los medios de comunicación, suelen ser muy amarillistas. Cada vez que hay una noticia sobre el campo educativo, especialmente desde hace 20 años cuando se publican los resultados de las evaluaciones, hay un rompimiento de vestiduras. Se dice que somos uno de los peores sistemas educativos del mundo; eso es simplemente falso. Una lectura mesurada de los resultados de evaluaciones internacionales nos dice que la situación de nuestro país es la que debíamos esperar: inferior a la de los países desarrollados, pero mejor que la de los países menos desarrollados. México es un país de desarrollo intermedio en lo económico y también en lo educativo.

Matizaría diciendo que la educación mexicana de la segunda mitad del siglo XX hasta principios del siglo XXI avanzó mejor que la mayor parte de los países de América Latina; pero desde 2007 a la fecha, ya no. Tenemos una mala racha, y la situación está empeorando poco a poco. Comparativamente estamos un poco peor, porque otros países han avanzado más.

EP: Se ha criticado la gran cantidad de reformas educativas…

FMR: Suele decirse que cada nueva administración federal hace una nueva reforma educativa: no es del todo exacto. La razón por la que tuvimos una buena época en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, fue porque hubo continuidad en las políticas educativas. Desde 1958, cuando Jaime Torres Bodet asumió la Secretaría de Educación Pública (SEP) por segunda vez en el sexenio de López Mateos, inmediatamente inició un trabajo de planeación muy importante que se conoce como el Plan de Once Años. Hubo una gran continuidad durante dos sexenios, particularmente en educación básica.

Si bien la reforma de Echevarría en 1973 no fue buena, vino una racha favorable con la llegada de Fernando Solana a la SEP, y se tuvo un periodo muy largo de continuidad durante tres sexenios con Salinas, Zedillo y Fox, desde 1989 hasta 2006. Allí vino una ruptura muy grave. Felipe Calderón nombró a Josefina Vásquez Mota como secretaria de la SEP y ella asignó a Fernando González —yerno de Elba Esther Gordillo— a la subsecretaría de Educación Básica, quien desmanteló todo lo que había en la subsecretaría con gente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE); destruyó casi todo lo que se había hecho.

Finalmente, hubo reforma educativa con Calderón, Peña Nieto y, ahora, con López Obrador; así que llevamos cerca de tres sexenios de discontinuidad, de rupturas, de desconcierto. Esto explica por qué de 2007 a la fecha México ha retrocedido, o avanzado menos, que otros países.

EP: Entonces, más allá de los planes de estudio, del desarrollo de técnicas o habilidades, ¿la continuidad en el proceso educativo es un factor clave para su avance?

FMR: Los planes de estudio no son tan importantes. No son intrascendentes, desde luego, pero no tan importantes como los maestros. Los maestros son fundamentales. Desde la época de Fox, Calderón y Peña Nieto, los juicios que se han hecho y que más han prevalecido en los medios de comunicación sobre los maestros, como irresponsables y negligentes, son muy injustos. Obviamente hay maestros irresponsables, pero son una minoría. También hay maestros muy buenos, pero son otra minoría. La mayoría son maestros que tratan de hacer lo mejor que pueden; no tiene muy buena formación porque las normales son malas, pero tratan de atender a sus niños, de enseñarles lo que pueden y lo consiguen, hasta cierto punto. Lo que importa es lo que llamo continuidad en políticas, que haya apoyos para que las escuelas cuenten con los recursos indispensables.

“Desde la época de Fox, Calderón y Peña Nieto, los juicios que se han hecho y que más han prevalecido en los medios de comunicación sobre los maestros, como irresponsables y negligentes, son muy injustos”.

EP: En las pruebas del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación se observa una caída de la educación básica en México respecto de otros países, ¿qué opina al respecto?

FMR: La caída es nada más de 2013 a 2019, antes no. En 2006, México estaba solo debajo de Chile y a nivel de Costa Rica y Uruguay y mejor que el resto de América Latina; y en 2013, también. Es en 2019 cuando apareció la caída.

EP: ¿Qué tanto tiene que ver la formación de los maestros en los resultados que obtienen los alumnos en las pruebas?

FMR: Las normales son débiles y no han cambiado desde hace mucho tiempo. Desde 1984, la formación de maestros se subió a nivel licenciatura, pero no se fortalecieron las normales; solo se les dio ese nivel, con los mismos docentes, y muy controladas por el SNTE. Así que la mayoría de los maestros normalistas —muchos simplemente recomendados por el SNTE— no son los mejores maestros; la formación de estos maestros no es la mejor. Un asunto que sí mejoró fueron los cursos de actualización para maestros. La mejor época de estos cursos fue de 1990 a 2000 con Olac Fuentes Molinar subsecretario de Educación Básica, y 2006 con el PRONAP de Alba Martínez, pero de 2007 a la fecha son bastante malos.

EP: ¿Cuál es su evaluación sobre la infraestructura educativa?

FMR: Considero que mejoró mucho durante el siglo pasado y siguió bien con Calderón y Peña Nieto, que apoyaron las escuelas de tiempo completo. Eso se ha deteriorado muy recientemente. En los años anteriores, la infraestructura fue ayudada por el menor crecimiento demográfico. De 1982 hacia delante, el número de niños a atender era prácticamente el mismo del año anterior; rendían los esfuerzos y no se tenían que construir más y más escuelas. Y sí mejoraron, aunque no todas, pero hay que tener cuidado con las conclusiones. En México, grosso modo, hay 100 mil primarias; de esas, alrededor de 40 mil son multigrado, que son escuelas muy pequeñas en lugares retirados. Así que, cuando se dice: “¡Qué barbaridad! Hay 30 mil escuelas que no tienen electricidad o agua potable”, sí, es verdad, pero no es solo la escuela, la comunidad alrededor de la escuela tampoco tiene esos servicios. Entonces, la infraestructura está desigualmente repartida y, desgraciadamente, las familias más pobres son atendidas por las escuelas más pobres y los maestros menos preparados. La infraestructura ha mejorado, sabiendo que esta mejora es desigual.

EP: La CEPAL publicó recientemente un amplio reporte sobre el impacto de la pandemia en América Latina; señala que los estudiantes mexicanos perdieron el equivalente a dos años de escolaridad durante la pandemia, y es de los países de la región que más años perdió junto con Ecuador. ¿Qué opinión le merece?

FMR: No me convence del todo. Tengo la impresión de que no está basado en datos muy sólidos. Creo que lo vamos a saber con mayor seguridad con evaluaciones más confiables como las del Laboratorio Latinoamericano. Efectivamente, las escuelas mexicanas fueron las que estuvieron cerradas más tiempo y de hecho aún no se acaban de regularizar. México fue demasiado cauteloso en ese sentido; sabemos que las escuelas no son los lugares más riesgosos para contagiarse y con precauciones se pudieron abrir antes. Por otro lado, también están las cifras de abandono, de deserción de niños que dejaron de asistir. No veo aún cifras del todo confiables.

La pérdida fue muy fuerte, pero creo que los niveles de aprendizaje de los niños no sufrieron tanto. La educación es un enorme trasatlántico que tiene una gran inercia que no se mueve fácilmente. Cuando tengamos evaluaciones confiables veremos qué tanto perdieron los muchachos, pero apostaría a que no perdieron dos años, creo que serán menos. La siguiente ronda de evaluaciones del Laboratorio Latinoamericano es en 2025, pero México ya se salió y, aunque aún puede entrar, quién sabe si lo haga.

Por otro lado, México tenía muy buenas evaluaciones nacionales. Las pruebas Escale del INEE —aunque sea parcial mi opinión— eran muy buenas. Las pruebas de Planea son muy buenas. MEJOREDU las tiene, pero ya no han hecho las aplicaciones pertinentes para obtener resultados nacionales año con año. Dejamos de saber qué está pasando y eso sí es muy grave.

EP: Como experto en evaluación educativa que inició el INEE, ¿qué piensa sobre la animadversión que existe sobre las evaluaciones y por qué se está evaluando tan poco?

FMR: Es muy grave; se relaciona con la imagen distorsionada que se tiene de la evaluación, no solo de quienes son contrarios a la evaluación, sino también de aquellos que son favorables y que le hacen un flaco favor al defenderla con un enfoque equivocado. Efectivamente, en 2002 eché a andar el INEE y en 2005 empezamos las pruebas Excale. En 2006 empezaron las pruebas Enlace, todavía con Fox. Ambas pruebas, cuando empezaron, no pretendían dar resultados por niño y por escuela. Sin embargo, llegó Josefina Vásquez Mota y las empezaron a usar para dar resultados por niño y por escuela; ese es un error muy grave. Las pruebas en gran escala no pueden —y lo enfatizo— dar resultados confiables por niño y por escuela en una escala como la del sistema educativo mexicano, en el que en cada grado hay dos millones de niños y cien mil primarias. Es imposible.

Las pruebas Enlace eran muy pobres, con pocas preguntas de opción múltiple. ¿Cómo se puede evaluar bien a un sistema educativo como el mexicano? Con otro tipo de pruebas como las Excale, Planea, Pisa o del Laboratorio Latinoamericano, que son pruebas muy grandes, con buen diseño de muestras representativas, que arroja cómo están los niños de todo el país en rubros como matemáticas, comprensión lectora, expresión escrita, ciencias. Con estas pruebas no se puede evaluar a cada escuela o niño, pero sí al sistema educativo nacional o, eventualmente, a los sistemas educativos estatales.

El asunto es que los maestros tenían miedo a las pruebas usadas para evaluar a los niños y a las escuelas: con ellas les daban premios o castigos a maestros y escuelas, se fomentaban las trampas, que distorsionaban los resultados.

La mala imagen de la evaluación, en parte, se debe a los entusiastas de la evaluación —como Josefina Vásquez Mota— que tienen una visión de la evaluación muy equivocada; o con Peña Nieto, con la evaluación de maestros. ¿Se puede evaluar a los maestros? Sí, pero es muy difícil. Es indispensable observarlos en el aula, no se pueden evaluar con un examen.

“¿Se puede evaluar a los maestros? Sí, pero es muy difícil. Es indispensable observarlos en el aula, no se pueden evaluar con un examen”.

EP: Después de una larga pandemia, de la ausencia de herramientas de evaluación y de una reforma educativa en curso, desde su punto de vista, ¿cuál es el panorama?

FMR: La perspectiva es muy mala. Ahora se ha dicho que la reforma no iniciará el año que entra, ¡menos mal!; ni el año que entra sería razonable. Es absurdo porque empezaron muy tarde. Lo que sabemos de la reforma es muy preocupante, no es sólido pedagógicamente y, por otro lado, implicaría una preparación para los maestros que no hay tiempo de hacer, y que no van a hacer. Así que, si se aferran a la idea de arrancar el año que entra, va a ser un fracaso. Y eso es parte de esta falta de continuidad, más las otras discontinuidades de parar las escuelas de tiempo completo, de quitar los apoyos a los maestros, a las normales. Se habla de la dignificación del magisterio, pero han recortado los recursos para formación y actualización de maestros. Entonces, hacia delante pinta mal.

EP: ¿Qué hacer de cara a este panorama?

FMR: He sostenido que no hay que reprobar a los niños en primaria y secundaria. Reprobar a un niño no le ayuda a mejorar, eso está muy estudiado desde hace más de 100 años en Estados Unidos, y desde 1979 en México. Si un niño repite un grado, la segunda vez que lo cursa sale peor que la primera, no es cierto que mejora. Tenemos que aceptar que todos los niños son desiguales, aquí y en todo el mundo. En cualquier grupo escolar, la diferencia entre el que va más adelantado y el que va más atrasado es de más de uno, dos o tres grados. Y ¿qué pasa? No pasa nada. El buen maestro sabe que sus niños no son iguales, que tiene que ayudar más a uno, mientras que al otro lo deja caminar más solo. 

Por supuesto que hay que evaluar y la mejor evaluación es la que puede hacer el maestro, que tampoco lo suele hacer bien porque no lo prepararon. Hay que evaluar bien y eso solo lo puede hacer un maestro preparado para ello. Y, luego, pasar a todos los niños de grado, tratando de que cada maestro ayude a los que más falta les hace, lo que no tiene porqué perjudicar a los que van mejor.

Yo prefiero que todos los muchachos terminen la secundaria a los 15 años, aunque no todos sean buenos en matemáticas, pero que sean sanos, que hayan convivido con sus compañeros, que hayan practicado un deporte, que sean solidarios, que hayan aprendido a respetar y hacerse respetar. Porque la escuela es más que enseñar español y matemáticas: es educar ciudadanos.

Por eso, lo primero que haría es no reprobar. Lo segundo, es apostar por los maestros porque son fundamentales. Hay que darles apoyo y buenos cursos de actualización, confiar en ellos, porque son los únicos que pueden evaluar bien a sus niños. EP

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