El futuro nacional sigue en entredicho: Entrevista con Alan Knight

Alan Knight comenta sobre la imposibilidad de vislumbrar un futuro claro para la economía y la política de México.
Recuperamos esta entrevista realizada por Natalia Gil Torner, Guillermo Osorno, Mario López, publicada en el número 64 de Este País.

Texto de 06/04/22

Alan Knight comenta sobre la imposibilidad de vislumbrar un futuro claro para la economía y la política de México.
Recuperamos esta entrevista realizada por Natalia Gil Torner, Guillermo Osorno, Mario López, publicada en el número 64 de Este País.

Alan Knight, historiador de la Universidad de Oxford y especialista en el caso mexicano, comenta sobre la imposibilidad de vislumbrar un futuro claro para la economía y la política de México. Es un esfuerzo por reconocer las principales entidades que perfilan los rumbos nacionales y asumir la complejidad del proyecto nacional que ha intentado consolidarse en las últimas décadas en el país. Con espíritu crítico un historiador de su prestigio explora la dureza del tiempo nacional y sus consecuencias.

Natalia Gil Torner, Guillermo Osorno, Mario López (EP): ¿Qué papel cree usted que deben jugar los medios de comunicación masiva y en especial la televisión en el proceso de democratización de México?

Alan Knight (AK): Debo aceptar que no veo mucha televisión mexicana. Sin embargo creo que hasta el momento la televisión ha sido un actor político importante en términos de la pregunta que ustedes hacen. Como sabemos, en México ha habido un dominio de los medios electrónicos por parte de una empresa principal, no cabe duda que esa compañía tiene varios objetivos, hacer dinero es claramente uno de ellos, y ha tenido una tendencia a apoyar al gobierno en el poder. Esto no es raro pues hay otros en donde ha pasado, así que no veo a la televisión mexicana como una de corte crítico y de investigación. Puede ser que las cosas estén cambiando, tal vez programas como éste la ayudarán a cambiar más, lo ignoro; pero sí he visto algunos debates en la televisión mexicana que sugieren que hay un poco más de debate, de crítica, comentarios, incluyendo el traer a políticos a responder ante comentaristas, intelectuales… Pero a final de cuentas pienso que la televisión mexicana no es una fuerza importante para la democratización; sin embargo eso no me sorprende porque uno necesitaría ser particularmente “naive” o idealista para pensar que las grandes empresas van a andar embarcándose en algún tipo de cruzadas para la democracia que muy bien pueden llegar a afectar sus acciones y sus estados financieros, esa no es la forma en la que operan las empresas en ninguna parte del mundo. El campo en el que la televisión ha jugado un papel significativo que vale la pena subrayar, ha sido durante los últimos dos años, periodo durante el que México ha pasado por varias crisis importantes, y la cobertura noticiera ha sido estratégica. Primero la cobertura de Chiapas a principios de 1994 y subsecuentemente la de la sucesión presidencial. Y sabemos que existen estudios bastante buenos y precisos sobre la elección presidencial que argumentan que el candidato del PRI recibió más y mejor atención. Yo no hice ningún estudio, sólo estoy repitiendo lo que he visto o leído, pero si ése es el caso, entonces las quejas de que el sistema mexicano no es un campo de juego nivelado tienen cierta validez. Eso, por supuesto, pasa también en otros países. En Gran Bretaña existe una vieja polémica sobre el papel de “los medios” en la política, principalmente en la prensa y su vínculo tradicional con el partido conservador por muchos años. Así que no se trata de un fenómeno exclusivo de México, aunque tal vez sea particularmente agudo por: a) debido a la dominación de Televisa en particular y, b) porque el partido del gobierno, debido a su larga estancia en el poder, pudo establecer una relación extremadamente cercana a Televisa; relación que mucha gente ve como demasiado cercana o quizá inclusive incestuosa. Que esto cambie o no dependerá de muchos otros factores de la política en su conjunto. No pienso que la televisión vaya a cambiar las cosas, pienso que la televisión puede ser cambiada por otros factores en la sociedad, y tal vez conforme México vaya siendo más plural y la oposición tenga más presencia, la televisión tendrá que reflejar eso y tomar nota de ello, y quién sabe si algún día que haya un presidente que no sea del PRI entonces un nuevo juego de relaciones podría ser construido. Estoy seguro que los medios serán bastante ágiles para reformar sus políticas cuando lo necesiten.

“Un aspecto de la importancia de la televisión, evidentemente más importante ahora que en el pasado, ha sido el ejemplo del debate presidencial en 1994, que pareció tener un impacto bastante decisivo, si las encuestas de opinión no se equivocan”.

Un aspecto de la importancia de la televisión, evidentemente más importante ahora que en el pasado, ha sido el ejemplo del debate presidencial en 1994, que pareció tener un impacto bastante decisivo, si las encuestas de opinión no se equivocan. Es decir que la buena presentación del candidato del PAN y las no tan buenas intervenciones de Zedillo y Cárdenas se reflejaron bastante rápido en las encuestas y promovieron más apoyo para el PAN; y eso fue en una situación en la que los tres candidatos gozaban de un mismo tiempo y un mismo papel, lo que demostró que la televisión puede ser importante, como sucede en la mayor parte de los países; creo que hoy se acepta comúnmente que el impacto más rápido y efectivo al transmitir un mensaje político se alcanza a través de la televisión, y creo que adicionalmente eso mostró cómo cuando existe un campo de juego más nivelado así como acceso equitativo, la televisión puede tener un impacto más fuerte en el debate y en la opinión pública. Ese es un ejemplo que puede ser citado.

EP: Fue sorprendente que la revuelta de 1994 en Chiapas adoptó el viejo emblema zapatista con sus demandas sociales. ¿Cuáles considera son los verdaderos paralelos entre los dos movimientos y sus líderes?

AK: Uno de los aspectos interesantes de la historia mexicana —y yo como historiador veo esto con mucha frecuencia—, es la forma en la que la historia es constantemente reciclada, pensada y usada, no necesariamente de una forma manipuladora; los mexicanos son conscientes de su historia en mayor grado que muchos otros países, pienso que hay países como Gran Bretaña y Estados Unidos que más bien sufren de amnesia histórica, se olvidan de ella. Y pienso que, por el contrario, México es una nación muy consciente de su historia, tanto de su historia precolombina como de la colonial, y como ustedes sugieren de la revolucionaria también; así que la noción de que el rebelde zapatista debe de usar el nombre de Zapata encaja muy bien en ese tipo de cultura política, y por supuesto, por otra parte uno tiene a los políticos y líderes nacionales haciendo precisamente lo mismo; es decir, todavía existe la celebración oficial del aniversario de la muerte de Zapata en abril; en cierta forma ambas partes están tratando de apropiarse y usar ese símbolo en particular. Sin embargo, me parece que los zapatistas en este caso contaban con cierta justicia al usar este símbolo por razones simples y obvias como que Zapata era un rebelde agrario que se levantó con el fin de defender, desde su punto de vista, a los pueblos de Morelos en la Revolución Mexicana contra el régimen de Díaz y los terratenientes azucareros locales, y existe un paralelo, no absolutamente estricto, pero sí un paralelo general de lo que sucedió entonces y lo que ha sucedido en Chiapas, porque me parece que Chiapas es entre muchas otras cosas una revuelta agraria no sólo de los indígenas, hay un importante componente indígena pero no es simplemente una revuelta indígena, en muchas formas se trata más de una revuelta campesina, y tiene que ver con el patrón de desarrollo que ha sufrido Chiapas por mucho tiempo. La gente dice a veces que la revolución no pasó por Chiapas, que es todavía feudal, es como Guatemala, esto posiblemente sea una exageración; la revolución no se brincó a Chiapas, sí hubo una revolución, una reforma agraria, el problema o los problemas comenzaron a “redesarrollarse” durante el periodo subsecuente, de los años cincuenta en adelante y particularmente durante los años setenta y después con el desarrollo de nuevas comunicaciones, de presas, de carreteras, de aserraderos y con estos nuevos desarrollos el estado experimentó una transformación bastante rápida y traumática, así que lo que tienes en Chiapas no es tanto los trescientos años de feudalismo que se alegan con frecuencia, sino más bien un rápido proceso de desarrollo capitalista entre comillas—, durante los últimos, digamos, veinte años, emparejado con un fracaso relativo de las autoridades políticas a la hora de equilibrar y controlar dicho proceso. El PRI, me parece que ha sido mucho más habilidoso en mantener cierto control y representación en unas partes de México más que en otras, y Chiapas evidentemente no es una de sus historias con éxito; el PRI en Chiapas ha sido más bien un caparazón hueco, y como resultado los conflictos étnicos y de clase dentro del estado se volvieron más extremistas. El último elemento en esa tan complicada historia fue que en 1993 hubo una tendencia, por razones que me es imposible comprender o comentar; una tendencia a ignorar o hacer a un lado los problemas que se estaban acumulando. Uno asume, estoy casi seguro, que el gobierno mexicano tenía una buena inteligencia política sobre lo que estaba sucediendo, pero por varias razones, sobre las cuales se puede especular, no hubo ningún tipo de acción, por supuesto ninguna acción de intermediación, pero tampoco ninguna de represión, sino hasta que la revolución estalló repentinamente en enero de 1994. Así que me parece que se trata de una combi- nación de factores locales importantes y el fracaso relativo, que contrasta con la sofisticación del gobierno en otras partes de México, un fracaso en controlar la situación que por lo mismo explotó, en una forma que fue muy sorpresiva para muchos de nosotros, tal vez menos sorpresiva para algunas gentes cercanas que ya sabían lo que iba a pasar.

“El PRI, me parece que ha sido mucho más habilidoso en mantener cierto control y representación en unas partes de México más que en otras, y Chiapas evidentemente no es una de sus historias con éxito”.

EP: ¿En qué forma cree usted que el levantamiento de Chiapas cambió la perspectiva de la izquierda mexicana?

AK: Bueno, yo creo que Chiapas cambió la perspectiva de todos en México, incluyendo la izquierda. Recuerdo que, no estuve ahí en enero pero llegué poco después, y presencié algunas de las manifestaciones en la ciudad de México, y me impresionó mucho el gran tamaño de éstas. No se trataba de manifestaciones cuidadosamente organizadas, eran espontáneas, eran populares, había elementos casi de teatro callejero en ellas, y me parece que provocaron un cambio de humor, particularmente porque hasta entonces el gobierno había tenido bastante éxito en controlar las controversias, había tenido, como mencioné, una relación muy cercana con los medios. Tanto adentro como en el exterior la administración de Salinas era vista como un modelo; así era como se debía gobernar en América Latina. Ahora bien, Chiapas fue el primero de varios graves incidentes o procesos que cambiaron esa imagen, porque mostraban a un gobierno que parecía fuera de contacto o al menos incapaz de controlar una zona considerable de su territorio, y también reveló el lado negativo del proceso de desarrollo y crecimiento que tuvo lugar durante los años 80 y hasta 1994. Así que pienso que llegó como una sorpresa, tal vez principalmente para la élite política y para aquellos que se habían sentido muy satisfechos con el progreso que México estaba logrando. Pero también tuvo un gran impacto a nivel internacional; me llamó mucho la atención la cobertura que se otorgó a Chiapas en Europa y en Estados Unidos, mucho mayor que cualquier otro evento mexicano en los últimos veinte o treinta años. Se movilizó a la opinión internacional y fue importante, aunque algunas veces no por la razón correcta, creo que había una concepción un tanto romántica o folklórica de lo que estaba sucediendo; sin embargó se le dio atención. En cuanto a la izquierda mexicana, en particular pienso que Chiapas fue tal vez un arma de doble filo, tuvo dos efectos. Por una parte dio a la izquierda una causa, les dio algo para enfocar sus acciones, y me parece que la izquierda mexicana había sido relativamente poco exitosa; no sé si fue culpa de la izquierda o de otras gentes, pero la izquierda había sido poco exitosa en estructurar una oposición al proyecto neoliberal. No tenía un proyecto económico exitoso de contraataque, tampoco sé si hoy cuente con uno, y el hecho de que Salinas había recobrado la popularidad, había desarrollado al Pronasol, y parecía ser un presidente bastante efectivo y dinámico, significaba que la izquierda, la cardenista en particular, había tenido dificultades al tratar de poner en duda el creciente prestigio y autoridad del presidente. Ahora, Chiapas cambió eso al hacer que el gobierno se viera falible, en cierta forma incompetente inclusive, al subrayar los principales

conflictos sociales de México. Así que eso le dio a la izquierda un “balazo en el brazo” y le proporcionó municiones reales para usar contra el gobierno y contra el proyecto neoliberal a nivel más general. Pero también había un problema con eso, pues Chiapas era una rebelión armada, la más grande que México había sufrido desde la Guerra Cristera de los años veinte, y ser visto como alguien que respalda una rebelión de esas características acarrea ciertos problemas; también significaba que los líderes de la izquierda, la izquierda institucional del partido en el Congreso, tenían que decidir cómo se relacionarían con los zapatistas y no podían decidirlo por sí mismos, era cuestión de saber también cómo los zapatistas se relacionarían con ellos; de allí surgen esos largos periodos de diálogos y encuentros, a veces más exitosos, a veces menos, en donde la izquierda parlamentaria tenía que ponerse de acuerdo con el movimiento zapatista y los zapatistas tenían que ponerse de acuerdo con el partido de izquierda. A mí me llegaron muchos mensajes en mi correo electrónico sobre el “cuestionario zapatista”, el debate que tuvieron sobre cómo deberían proceder, o si deberían convertirse en partido político. De modo que en ambos lados, tanto la vieja como la nueva izquierda, tuvieron que decidir cómo relacionarse entre sí. No conozco la historia completa y no sé si esto ya se resolvió positivamente, pero la revuelta de Chiapas aún está ahí, a pesar de que las pláticas avanzan y uno espera que continúen y que se llegue a alguna forma de acuerdo. Pero sí pienso que para la izquierda esto representó un problema, y agregaría finalmente que en las elecciones de 1994, a pesar de que Chiapas le pudo dar a la izquierda cierto momento o ímpetu, me parece que esto mismo pudo haberle acarreado ciertas consecuencias negativas. Creo que si uno trata de entender, y se miran las encuestas (porqué la gente votó por Zedillo y el PRI), se percata de que existía un fenómeno: el “voto de miedo”, sobre el que tanto escuchamos; un voto por la seguridad, un voto de temor, y a pesar de que tenía una dimensión económica y estaba conectado también a los asesinatos, Chiapas también influyó en ese voto, era otro ejemplo de inestabilidad y en tiempos de inestabilidad algunos votantes reaccionaron de una manera más conservadora. No apoyan necesariamente la rebelión armada a pesar de que tal vez sientan cierta simpatía por los sufrimientos, pueden reaccionar en apoyo al gobierno, al status quo, a la estabilidad. Así que creo que Chiapas tuvo un impacto ambivalente y complejo que, estoy seguro, los historiadores en el futuro estudiarán a fondo.

EP: ¿Piensa usted que el presidente Zedillo será capaz de superar la actual crisis económica y política?

AK: Bueno, si yo pudiera responder eso no sería un académico mal pagado sino un adinerado asesor político financiero en algún banco en Londres o Nueva York. La verdad… casi no tengo idea, no creo que nadie, es más, no creo que ni Zedillo sepa si será capaz de lograrlo. Existen simplemente demasiados factores, imponderables en juego… EP


* Texto publicado en 1996

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