El muro. Donde come uno, comen dos

Voces en la plaza: el primer año del sexenio

Texto de y 09/12/19

Voces en la plaza: el primer año del sexenio

Poco antes de asumir la presidencia, en octubre de 2018, mientras cruzaba por México la primera caravana migrante de centroamericanos que buscaban avanzar en masa hacia Estados Unidos, López Obrador anunció que durante su gestión se les daría un buen recibimiento y trato humanitario, e incluso adelantó que se darían facilidades para que pudieran establecerse aquí. “Donde come uno, comen dos”, dijo entonces. Este viraje en la visión del trato que se debía dar a los migrantes, de una línea persecutoria y de contención a una de brazos abiertos y trato humanitario, motivó a más centroamericanos a repetir el ejercicio; entre octubre de 2018 y enero de 2019 se realizaron al menos dos caravanas más, a cuyos integrantes López Obrador mantuvo la oferta de recibimiento. “Cuando entró la administración de López Obrador —recapitula Gabriela Hernández, coordinadora del albergue Casa Tochán para migrantes en tránsito y solicitantes de refugio—, entró también una caravana de centroamericanos a México, y para la gente que venía en ese contingente sí hubo visas humanitarias [para que no pudieran ser molestados por ninguna autoridad durante su estancia en el país] y todos ellos pudieron llegar a la frontera. Tuvieron un buen camino y un buen acompañamiento por parte del gobierno federal”.

El albergue Tochán, que en náhuatl significa “nuestra casa”, fue fundado en 2011, aunque en realidad las labores de recepción solidaria de extranjeros en este refugio inició desde los años 80, cuando a México comenzaron a llegar personas de Centroamérica que huían de las guerras civiles en la región. “Aquí, por ejemplo, estuvo refugiada Rigoberta Menchú, antes de ser amiga de Carlos Salinas de Gortari —afirma Hernández—; entonces, las labores de solidaridad tienen en realidad ya muchos años. Todos somos voluntarios del Comité de Derechos Humanos Monseñor Romero y tenemos mucho tiempo en estas labores. Por eso, obviamente muchos de nosotros teníamos grandes expectativas en esta nueva administración que prometía el trato de hermanos que debe darse a la gente que migra.” En mayo de 2019, de hecho, esta nueva filosofía en el trato a los migrantes que pasan por México fue delineada por el presi- dente López Obrador, en su Plan Nacional de Desarrollo, en cuyo ideario incluyó la consigna “No más migración por hambre y por violencia”.

Bajo este principio anunció el presidente: “a los extranjeros que llegan a nuestro territorio brindaremos respeto a sus derechos, hospitalidad y la posibilidad de que construyan aquí una nueva vida”, en congruencia con la “larga tradición [de México] como tierra de asilo y refugio, que ha salvado innumerables vidas y enriquecido al país”. No obstante, dice Hernández, un mes después, en junio de 2019, “esa promesa fue traicionada, cuando el gobierno mexicano pactó suspender el recibimiento de migrantes a cambio de que Estados Unidos no impusiera aranceles a las exportaciones del país. Y el gobierno de México aceptó ese acuerdo; entonces, el hecho de ver a nuestras autoridades doblegados ante el gobierno de Estados Unidos nos indigna, porque es injustificable que se cambien vidas humanas por una prebenda económica”.

Como parte de ese acuerdo, el gobierno de López Obrador desplegó seis mil elementos de la recién creada Guardia Nacional en la frontera sur, para contener el ingreso de migrantes a México, más otros 15 mil en la frontera norte para bloquear el paso de migrantes hacia Estados Unidos. Además se anunciaron 80 mil visas de trabajo para centroamericanos que aceptaran asentarse en la región sur-sureste del país: lo más lejos posible del río Bravo. Esta estrategia de contención migratoria aplicada en México fue poco después aplaudida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien afirmó que López Obrador “está haciendo un gran trabajo”, gracias al cual la amenaza de los aranceles quedaba suspendida, algo que el gobierno mexicano celebró como una victoria. “Entonces todo eso del trato humanitario y el buen acompañamiento se acabó, cambió totalmente; ahora la regla es que no pasas, porque no pasas”.

Luis Rubio, de México Evalúa, advierte que el gobierno de López Obrador no tenía opciones. “Suele pensarse que la asimetría entre México y Estados Unidos estriba en que ellos son muy poderosos y nosotros muy débiles —explica—; sin embargo, la verdadera asimetría está en que el impacto de México sobre Estados Unidos es irrelevante, es una gota en la cubeta; en contraste, el impacto de ellos sobre nosotros es enorme. Si, por ejemplo, México mañana deja de producir los bienes que nos compra Estados Unidos, ellos los adquieren en otro lado y se acabó; al ciudadano estadounidense promedio no le cambia la vida absolutamente en nada. Pero si Trump nos cierra la frontera mañana, el tipo de cambio se va al cielo y a todos nos cambia nuestro nivel de vida instantáneamente, porque el tipo de cambio es fundamental en la estabilidad de nuestra economía y, por lo tanto, de la sociedad mexicana.” Sin embargo, aun cuando se evitó la imposición de aranceles a los productos mexicanos, para algunos sí cambió la vida.

“A nosotros —acusa Hernández— como defensores de migrantes, esta nueva política del presidente López Obrador nos pone contra la pared, porque vivimos en un momento en que si tú haces un señalamiento o si el presidente hace un señalamiento contra ti —o en este caso contra la población migrante—, la gente te ataca, te acusan de no entender que apenas están cambiando las cosas, que él está en contra de la corrupción, que le quitó las pensiones a los expresidentes, que abrió Los Pinos; la gente se te echa encima, no puedes criticar, no puedes reclamar y eso nos está haciendo un pueblo xenófobo. A partir de esta nueva actitud del gobierno contra los migrantes hemos nota- do también un cambio de actitud de la población respecto a ellos”.

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