Democracia según AMLO: más cerca de la acción revolucionaria que del reformismo

¿Qué significa «voluntad popular» y cómo se relaciona con la democracia? Andrés Manuel López Obrador, posiblemente sin saberlo, está expresando ambigüedades en torno al debate de la democracia que se desarrolla en instituciones universitarias a nivel global.

Texto de 22/05/23

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¿Qué significa «voluntad popular» y cómo se relaciona con la democracia? Andrés Manuel López Obrador, posiblemente sin saberlo, está expresando ambigüedades en torno al debate de la democracia que se desarrolla en instituciones universitarias a nivel global.

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En su conferencia diaria del 19 de abril, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) expresó su esperanza de que la nueva legislatura “se integre por la voluntad del pueblo, de manera democrática”. La cita no tiene desperdicio, pues revela su forma de entender la democracia, que mucho explica la actual regresión democrática que vive el país bajo su mandato. Por principio digamos que en las democracias siempre impera la voluntad del pueblo, sea cual sea el resultado. Por lo tanto, desear que esa voluntad prevalezca en una democracia es redundante. No es una o la otra cosa: la democracia no va por un lado y la voluntad popular por el otro. Ahora bien, en las democracias, la voluntad popular sólo se conoce y se manifiesta en las elecciones, y no existe más allá de ese momento y espacio. Suponer lo contrario y pensar que la voluntad popular se ubica en una parte específica del cuerpo político es cosificar una abstracción. Que es justo lo que hace este presidente. Para él la voluntad popular es una entidad real que está por encima de cualquier autoridad y que se encuentra en lo que algunos llaman (pero nadie ha visto) el “México profundo”. Esta peculiar interpretación de la democracia puede tener graves consecuencias en la vida pública, especialmente en las elecciones de 2024. Según la lógica de AMLO, el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral (TEPJF) podrán decir misa que, al final, la voluntad del pueblo que él imagina encarnar siempre estará un paso por delante de dichas autoridades. Esto puede conducir a una tragedia institucional en México el próximo año.

Democracia moderna

El significado y alcance de la palabra “democracia” está a debate en ciencia política. Por un lado se hallan aquellos que sugieren que la democracia es “algo más que unas elecciones”. En ese “algo más” cabría casi cualquier cosa que sea deseable en este mundo: justicia social, seguridad, dignidad, igualdad, libertad, felicidad, etc. Por otro lado, estamos quienes pensamos que, efectivamente, la democracia es en esencia elecciones libres: un método de elegir gobernantes mucho más civilizado que cualquier alternativa. El gran referente académico de esta concepción minimalista de la democracia es Adam Przeworski, el famoso politólogo polaco-estadounidense, quien estuvo de visita en México recientemente. Él así lo explica en su artículo titulado Minimalist Conception of Democracy: A Defense:

“Supongamos que esto es todo lo que hay en la democracia: que los gobernantes son elegidos. ¿Es poco? Depende del punto de partida. Si uno comienza con una visión de una armonía básica de intereses, un bien común que debe descubrirse y acordarse mediante una deliberación racional, y que debe representarse como la opinión de la mayoría informada, el hecho que los gobernantes sean elegidos no tiene un significado particular. […] Sin embargo, si el punto de partida es que en cualquier sociedad hay conflictos de valores e intereses, elegir gobernantes parece poco menos que milagroso.”

Przeworski nos invita de esta forma a ponderar el hecho de que las sociedades están plagadas de conflictos, muchos de ellos irresolubles, y que más allá de un mínimo de civilidad —no resolver las cosas a golpes, por ejemplo— la vida social está marcada por discrepancias y divisiones, desde lo más banal a lo más serio. La perspectiva de Przeworski podría considerarse pesimista, pero una somera mirada a la historia universal muestra que es harto realista. Desde que el hombre es hombre, la guerra ha sido fiel compañera y muy ligada a su existencia.

“elegir gobernantes parece poco menos que milagroso”

Quiero hacer énfasis en una expresión de Przeworski que me parece clave para el caso mexicano: “elegir gobernantes parece poco menos que milagroso”. Digo que es clave porque nuestra historia confirma esa observación: en doscientos y pico de años de vida independiente hemos vivido por la mayor parte en el desorden o bajo regímenes autoritarios. Fue recién en 1996 cuando se le otorgó autonomía al entonces Instituto Federal Electoral (IFE) y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF); finalmente pudimos atestiguar ese milagro del que habla Przeworski: un sistema donde “los partidos de gobierno pierden elecciones”.

¿Significa esto que a partir de 1996 los conflictos se habían terminado? No, para nada. Conflictos hubo antes y siguieron después, algunos de ellos gravísimos. Lo que sí marca ese año de 1996 es la culminación de una transición democrática iniciada en 1977 que creó instituciones para darle salida pacífica a esos conflictos. Digo salida, no solución, porque como lo mencionaba anteriormente, muchos de estos conflictos son irresolubles. En realidad es deseable que existan discrepancias en política, porque aspirar a un pensamiento y comportamiento homogéneo nos aboca a los horrores de los totalitarismos, que tampoco resolvieron conflicto alguno, pero lograban enterrarlos al interior de los individuos con técnicas de control y terror social. Big Brother is Watching You.

Democracia de acuerdo a AMLO

Frente a la noción de Przeworski de un “desorden ordenado” por ponerlo de alguna forma, se oponen otras perspectivas sobre la naturaleza de las sociedades. Una, me parece, de la que abreva AMLO, es la visión rousseauniana que supone la existencia de una “voluntad general” o “voluntad popular”. De acuerdo al filósofo francés del siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau, existiría una noción colectiva del bien común donde se fundirían valores sociales que claramente señalarían una agenda pública a gobernantes y gobernados. De acuerdo a Rousseau, si bien no sería fácil discernir con claridad esa “voluntad general”, ello sería en todo caso debido a la existencia de individuos y grupos que actúan en su propio interés y no en favor del interés público. “Minorías rapaces” para usar uno de los insultos preferidos de AMLO. Desde este punto de vista, los partidos y actores sociales que se apartan o no comparten un credo dominante asumido dogmáticamente como la “voluntad popular”, debieran ser puestos bajo sospecha cuando no incluso perseguidos. Empezamos a ver que la idea de “voluntad popular” tiene un encaje difícil en democracia, y conecta mejor con el pensamiento revolucionario.

Aquí bien vale la pena citar a otro filósofo europeo, Bertrand Russell, quien claramente señalaba que la “voluntad popular” no es lo mismo que la voluntad de la mayoría de los votantes. Como él lo explica: la “voluntad popular” pertenece al “cuerpo político como tal” y “no necesita confirmación por un aparato tan mundano como la urna electoral”. Esta breve sentencia encierra todo el debate que he querido capturar y transmitir en estas líneas: si para algunos de nosotros las urnas, y lo que ellas permiten —la transferencia pacífica del poder—, son casi milagrosas; para otros esas mismas urnas son innecesarias cuando no incluso un refugio para actores “antisociales”, con riesgo, además, de darles una oportunidad de hacerse con el poder. “Hitler llegó al poder a través de los votos”, nos decían los viejos priistas a los jóvenes de los noventas para asustarnos con el petate del muerto; para que no votáramos por Vicente Fox.

“si para algunos de nosotros las urnas […] son casi milagrosas; para otros esas mismas urnas son innecesarias”

Choque de concepciones

Mi postura no niega la existencia de la “voluntad popular”. Digo que ésta se materializa justamente en esas urnas que a algunos les parecen tan vulgares. Digo, además, que esa voluntad es mudable y antojadiza. Y señalo que la forma de entender la “voluntad popular” tiene consecuencias para la democracia en el país. Durante la transición democrática (1977-1996), una generación de mexicanos apostó por permitir que esa voluntad se materializara y fuese posible conocerla en las urnas en elecciones libres. Hoy los vientos corren en sentido contrario, y tenemos un presidente que imagina encarnar esa voluntad y por ello asume que la delicada arquitectura institucional sobre la que se asienta el sistema electoral mexicano está de sobra.

Quizá AMLO no lo sepa, pero está expresando las ambigüedades y debates en torno a la democracia que se dan en estos días en centros universitarios alrededor del mundo. En cierto modo es una figura trágica y fuera de lugar. Para parafrasear a Enrique Bunbury, AMLO “no es mala hierba, solo hierba en mal lugar/cabeza de calabaza en martes de carnaval.” Con esto digo que AMLO no está equivocado de ideas (cada quien puede definir la “voluntad general” como mejor le parezca), pero se mueve entre instituciones que no fueron diseñadas para la acción revolucionaria que a él le gustaría emprender. Al mismo tiempo, no parece que entienda la importancia de estas instituciones para procesar conflictos y proteger a las minorías, ello en buena medida porque es en el conflicto donde AMLO se siente realmente cómodo. Tampoco parece que sea consciente de que jugar con fuego puede tener consecuencias terribles. Así pues, vemos a un presidente que está dispuesto a todo para imponer su visión de las cosas. Diría mi mamá: su santa voluntad. EP

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