Observatorio electoral | ¿Cómo recibe el gobierno de México a la nueva administración de Biden?

¿Qué sigue después de las elecciones estadounidenses para México? La especialista Susana Chacón reflexiona sobre esta relación bilateral en el mundo durante 2020.

Texto de 17/02/21

¿Qué sigue después de las elecciones estadounidenses para México? La especialista Susana Chacón reflexiona sobre esta relación bilateral en el mundo durante 2020.

México se tardó 41 días en reconocer la victoria de la presidencia de Joe Biden. Hasta el último momento mantuvo su apoyo a Donald Trump y la esperanza de que se revirtiera el resultado. Esto no sucedió y optó por no llamarle por teléfono, como lo hicieron los principales mandatarios del mundo. El primero fue Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá. Andrés Manuel López Obrador optó por mandarle una carta al presidente electo Biden el 14 de diciembre, sin ningún mensaje emotivo y poniendo una gran distancia. Se limitó a decir que si Estados Unidos quería buenas relaciones con México, se darían en el marco de los principios de la política exterior y del respeto a la soberanía. Así, el comienzo de nuestra relación con la nueva administración de nuestros vecinos. 

¿Cómo se explica lo anterior, si se supone que Estados Unidos es el país más importante para México? La relativa amistad que el presidente tenía con Trump era sin duda de una enorme conveniencia. En la medida en que aceptara las decisiones e imposiciones del republicano, no se metería con su proyecto ni cuestionaría lo que sucede en México. Hoy existe un viraje de 180 grados de lo que fue una administración personalista, populista y de ocurrencias de un presidente como Trump a quien lo que menos importaba era gobernar. Su interés estaba en acumular poder rompiendo todo lo establecido. Con dicho presidente, el mexicano no fue cuestionado nunca. Esto se acabó. Ahora comienza un gobierno institucional y profesional. Biden tiene un equipo de profesionales que saben muy bien lo que se requiere hacer en el manejo de sus carteras. Al presidente López Obrador esto no le conviene de ahí su primer rechazo ante la nueva presidencia.

Durante los meses de noviembre y  diciembre del 2020 y enero del 2021, el mandatario mexicano mandó mensajes totalmente adversos a una fructífera relación bilateral. Probablemente lo que pretendía era incrementar sus márgenes de acción. Aquí los más importantes:

Se aprueba la reforma a la Ley de Seguridad Nacional, con lo que se cambia y rompe la colaboración con los agentes de inteligencia internacionales basados en territorio nacional. Desde ahora, tendrán que presentar informes de sus actividades y contactos en México. Esto está dirigido a todas las agencias de inteligencia pero, en especial, a la DEA. En Estados Unidos recibieron esta decisión como una afrenta a la colaboración en materia de seguridad. Para ellos se rompió la confianza, y asumen que con la política de “abrazos y no balazos” se está favoreciendo la actividad criminal en el vecino de su frontera sur. 

Otro mensaje totalmente adverso fue el ofrecer asilo político a Julian Assange. Cuando surgió el escándalo de Wikileaks hace diez años, el 10 de diciembre del 2010, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, acusó a Assange de terrorista tecnológico, “high-tech terrorist” por haber afectado la Seguridad Nacional de dicho país. Ahora, el presidente López Obrador, en un acto de provocación, le ofreció asilo, sustentando su propuesta en la tradicional política de asilo y refugio mexicana. Además de plantear una confrontación abierta, responde a su constante actitud de crear conflicto donde no lo hay. Además del adverso impacto en lo bilateral, fue también muy criticado ya que Assange nunca solicitó nada a México.

En un tercer mensaje, se pidió al todavía gobierno de Trump, que el General Salvador Cienfuegos, Secretario de Defensa durante el gobierno de Enrique Peña Nieto —quien fue capturado por la DEA en la Ciudad de Los Ángeles, con cargos por vínculos con narcotraficantes y lavado de dinero— fuese regresado a México con el compromiso de seguir su juicio en territorio mexicano. Una vez en el país, no sólo se exoneró a Cienfuegos, sino que el presidente López Obrador descalificó abiertamente a la DEA, acusándola de incompetente, de inventar pruebas y falsificar información. Es un hecho que la agencia actuó sola, sin el aval del Departamento de Estado, ni del  Departamento de Justicia estadounidenses. El gobierno de López Obrador aprovechó la falta de coordinación para recuperar al General y, no contento con eso, descalificar a la agencia que tiene como objetivo actuar en los diferentes países para acabar con tráfico de drogas y el crimen organizado. La clara señal que manda es que no le interesa la cooperación en materia de seguridad con el gobierno estadounidense, sea uno republicano o uno demócrata. La percepción que se tiene de esto en Estados Unidas es que el presidente mexicano favorece al crimen organizado.

El cuarto mensaje es que, sin guardar ningún protocolo, el presidente nombró a Esteban Moctezuma como el nuevo embajador en Washington. A pesar de tener una buena trayectoria en la administración pública, no cuenta con ninguna experiencia en diplomacia ni relaciones internacionales. Menos aún se puede decir que sea un conocedor de Estados Unidos, en un momento en el que los vínculos en dicho país son más que necesarios. Se solicitó el beneplácito al gobierno de Trump en diciembre y, el 19 de enero, un día antes de la toma de protesta de Biden, el todavía Secretario de Estado republicano, Mike Pompeo, lo aprobó como una de las últimas decisiones que tomó el gobierno de Trump. Ahora el nuevo Senado tendrá que ratificarlo. Lo propio tendrá que hacerse en el Senado mexicano. Hasta el 22 de enero del presente, dos días después de la toma de protesta de Biden, la Cancillería mexicana publicó un comunicado en el que se da a conocer la noticia. Esto es de llamar la atención ya no se extendió el mismo día 19. Pareciera que se quería transmitir que fue el gobierno de Biden quien lo aprobó.  

Ante los actos de violencia del 6 de enero en el Capitolio, el día que estaba reunido el pleno de representantes y senadores para ratificar la victoria de Biden, México no desaprobó los hechos. A diferencia de Trudeau, quien fue el primero, y los principales mandatarios que inmediatamente los calificaron como un atentado a la democracia, además de que el Primer Ministro canadiense culpó y responsabilizó a Donald Trump de lo sucedido, el presidente mexicano dijo que no intervendría en la política interna de Estados Unidos. No sólo no se sumó a los líderes del mundo, sino que una vez que los dueños de Twitter y Facebook cancelaron las cuentas de Trump y de más de 70,000 de sus seguidores, López Obrador apoyó al expresidente y criticó el hecho, diciendo que le estaban coartando su libertad de expresión. Sabemos que fue Trump quien convocó a la violencia del Capitolio para evitar que Biden fuese ratificado. En un acto inexplicable, una vez más, el presidente mexicano se puso de su lado.

El 20 de enero, el día de la toma de protesta de Joe Biden y Kamala Harris, el presidente mexicano dijo que estaba muy triste de no haberse podido despedir de su amigo Trump. El 22 en la mañana comentó que no era necesario hablar con el nuevo presidente una vez que se supo que ese mismo viernes, Justin Trudeau y Biden tendrían su primera llamada. En el transcurso del día esto se revirtió ya que Estados Unidos retornó a lo que históricamente se había hecho y que Trump canceló, las dos primeras llamadas son para sus vecinos: Canadá y México. Se dieron grandes diferencias en estas dos llamadas.

En la primera con Trudeau, fue en un tono muy amable y de camaradería. Biden le enfatizó que eran aliados estratégicos y a pesar de que canceló la construcción del gasoducto Keystone XL, que llevaría petróleo de la provincia de Alberta, al Norte de Canadá  hacia el Golfo de México, hablaron de todos los temas de la agenda en los que piensan cooperar constructivamente. Empezando por el de energías limpias, cambio climático, en materia multilateral, en comercio y desarrollo industrial, apoyo a sus pueblos indígenas y hasta de cooperación para acabar con la pandemia de la Covid 19. En cuanto a este último, Biden le ofreció empezar desde ahora la exportación de las vacunas de Pfizer, que se producen en su planta de Kalamazoo, Michigan. Las mismas que en principio México recibe de la planta de Bélgica que ahora está cerrada por una ampliación. La llamada no solo abordó todos los temas bilaterales sino que agendaron un segundo encuentro para este mes de febrero. A los diez minutos de haber terminado, la Casa Blanca sacó un comunicado en el que se detalla la conversación. Efectivamente, Canadá es un socio y aliado estratégico de Estados Unidos. Así se demostró.

La llamada a López Obrador, fue una llamada de cortesía. Biden fue muy profesional y abordó sobre todo, el tema de migración y las caravanas centroamericanas. Enfatizó la importancia de atacar la causa del problema que es la falta de desarrollo. Hablaron de la necesidad de controlar la pandemia y de la importancia de respetar la soberanía. El mandatario mexicano le deseó suerte en su mandato. Del resto de los temas de la agenda, nada. Pensar en una próxima reunión, menos. Somos altamente interdependientes en todo: en seguridad, comercio, infraestructura, frontera, cadenas de valor, comunidad de mexicanos en Estados Unidos, medio ambiente, inversión, energía y remesas, por decir algunos. Ninguno de estos temas se tocó. Biden cumplió con su vecino, pero el mensaje que manda es que habrá una relación institucional. Los diferentes aspectos no los llevará él sino sus representantes de cada cartera. El diálogo, aunque amable, fue corto. A diferencia del comunicado sobre Canadá, la Casa Blanca emitió el de México al día siguiente: Esto quiere decir que el gobierno de México no es prioridad para Biden. Sobra decir que el desarrollo del país depende de su relación con Estados Unidos.Por último está el mensaje de la iniciativa de Ley para la reforma en la generación de electricidad que es totalmente adverso a la política de cambio climático y energías limpias del gobierno de Biden. Así el comienzo con el nuevo gobierno de Estados Unidos. EP

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