Boca de lobo: México: nuevo set de la miseria migrante

Aníbal Santiago escribe sobre la crisis migrante que atraviesa México.

Texto de 15/05/23

Aníbal Santiago escribe sobre la crisis migrante que atraviesa México.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Este gobierno —al que le disgustan los jueces, si no se pliegan al aplauso y la aprobación de sus mandatos que les arroja a esos jueces napalm, bombas molotov y misiles balísticos con tal de desmembrarlos— anunció el siguiente juicio sumario cuando en una de sus estaciones migratorias murieron carbonizados 39 migrantes y a otra treintena el fuego los envolvió con secuelas de por vida: los propios migrantes eran los culpables. Martillazo y cosa juzgada.

Los migrantes habían tenido la mala idea de quemar colchonetas, y eso te hace culpable de tu muerte. Desde luego, no eran responsables las autoridades que cerraron a sangre y fuego —literal— el albergue de Ciudad Juárez, y ni siquiera Francisco Garduño, titular del Instituto Nacional de Migración (INM) que a mes y medio de la tragedia sigue libre, firme en su puesto, avalado por el poder presidencial. 

Lo avala porque andar quemando colchonetas no son moditos para protestar por quién sabe qué y porque 39 muertos son pocos. ¿Cuántos son muchos muertos? ¿Cuántos sí justifican su separación del cargo? Quién sabe; lo que sí es que 39 son pocos y al funcionario, amigo entrañable del presidente desde hace al menos un cuarto de siglo —cuando fue su secretario de Transporte capitalino—, hasta hoy le pagamos del erario. Ya lo dijo clarito Andrés Manuel: “no mentir, no robar, no traicionar”. Y a los amigos no se les traiciona. 

Cuando inició este sexenio, una de las grandes promesas de la nueva era fue el trato humanitario y la integración a nuestra sociedad de los miles de expulsados por países del Caribe y Centroamérica. “Nuestros hermanos”, se llenó la boca de poder, y aclaró: “Donde come uno, comen dos”.

Pero nuestro verdadero hermano fue otro, no moreno, sino rubio platinado: Donald Trump exigió que la Guardia Nacional se arrodillara ante su país y fuera un primer muro de salvaguarda de su frontera. A los migrantes el gobierno mexicano debía perseguirlos y reprimirlos por órdenes del republicano, y se les reprimió. 

Y entonces, llegó mayo de 2023, y de manera menos espectacular pero igual de cruel el gobierno mexicano hizo un anuncio en voz bajita, es decir, mediante una “ficha informativa”: debía ser oída por los migrantes para que se anden con cuidadito, pero en la medida de lo posible tenía que pasar desapercibido en los medios. El INM instruyó a todas sus representaciones en el país no otorgar ni un solo permiso que tolere el tránsito de migrantes por México. Y hay más, desde el miércoles sus 33 estancias provisionales están cerradas. Es decir, “los hermanos” no pueden circular por el país y tampoco dormir, comer, permanecer en los albergues del “gobierno humanitario”. Al hermano que tanto querías lo echaste de tu casa a patadas.

Por supuesto, el fenómeno migratorio no se detendrá. México es el maldito trampolín hacia Estados Unidos, el verdadero destino soñado, y aunque avisemos a los migrantes que habrá incluso guillotina o castigos peores si pisan nuestro territorio y pretenden vivir, alimentarse y descansar en él (Más si osare un extraño enemigo / Profanar con su planta tu suelo / Piensa ¡oh patria, querida! que el cielo / Un soldado en cada hijo te dio) ni todos los soldados de nuestro ejército los detendrán. ¿Por? No existe otro modo de llegar a la franja fronteriza. Contra la desesperación, el hambre, la amenaza de muerte que sufren multitudes en sus países, cualquier intimidación oficial es una canción de cuna.

Sin embargo, el cierre definitivo de estancias y permisos para circular sí tendrá efectos: la indigencia, cuyos escenarios atestiguamos en calles, esquinas, avenidas. México ya ve hombres boteando en las calles, extendiendo la mano por una limosna, mujeres con hijos en las espaldas con cartones escritos a plumón explicando que son de Honduras o El Salvador y necesitan unos pesos para arroz y frijoles. Y también ya vemos jóvenes de otros países durmiendo en los bajo puentes de las grandes urbes. El castigo oficial empuja al migrante hacia un túnel de tinieblas.

Somos el nuevo set de la miseria de “nuestros hermanos”: eso es lo mejor que se le ocurrió a la administración “humanitaria”. EP

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