Boca de lobo: Mami, ponle a mi libro la etiqueta de Andrés Manuel

Aníbal Santiago escribe sobre los domingos de forrar libros de texto y los desalentadores datos sobre educación en México.

Texto de 31/08/22

Aníbal Santiago escribe sobre los domingos de forrar libros de texto y los desalentadores datos sobre educación en México.

Como si el mundo se fuera acabar si los útiles escolares no estaban listos para la mañana siguiente, en la sala de casa las madres, hijas e hijos preparábamos los útiles escolares a contrarreloj, sumergidos en la noche del domingo con la amenaza que se aproximaba con ese monstruo cruel y sigiloso llamado “Lunes”. Ahí viene, ahí viene… La víspera del primer día de clases era de una angustia desgastante, detonante de taquicardias, sudoraciones, discusiones entre chic@s y madres. “¡Pásame el Pritt, el Diurex; no, hija, el de Ciencias Sociales es papel lustre amarillo, no verde. Córtale aquí!”. Mucha tensión, como si ese monstruo, el lunes, nos fuera a estrangular en la puerta del colegio si los útiles no estaban impecables.

Dentro de ese agobio, sin embargo, dos señales indicaban que llegarías a tiempo, que en la tempestad tu barca ya divisaba la lucecita del faro: uno, forrar; dos, etiquetar. Si estabas forrando y etiquetando, ya estabas por acabar. 

Forrar era fastidioso; al cubrir de plástico los cuadernos y libros de texto, siempre salía algo mal. La portada quedaba doblada, habías dejado el polietileno translúcido demasiado flojo o apretado, o te estabas equivocando de tamaño. Era precisa una exactitud científica, una destreza suprema en la manualidad. 

En cambio, etiquetar era agradable y cuando terminabas hasta te sentías buen estudiante y sonreías tantito. 

Nombre: Raúl Abraham Ortega Domínguez.

Escuela: República Española.

Grado: 5to “B”.

Materia: Biología.

Maestro (a): Lupita Miranda.

Daba gusto pegar la etiqueta porque era tu sello de propiedad para un largo año educativo, y por otra gran razón: si tu santa madre era alivianada y cumplía tus caprichos, en la etiqueta estaban impresas a colores alguna de tus pasiones de Canal 5. Es decir, junto a los datitos arriba mencionados la etiqueta podía incluir (en mi generación) a He-Man, Don Gato, Mazinger Z o, si eras un pequeño muy avispado, la caricatura de un poderoso potro del Atlante con su casaca azulgrana a punto de explotar por los musculosos pectorales con que vencería al águila del América, el conejo del Cruz Azul o la chiva del Guadalajara. Supongo que las etiquetas noventeras incluyeron a Rugrats, y los de los dosmiles a Jimmy Neutron y Buzz Lightyear.

En fin, que la niñez, para los afortunados que fuimos a la escuela y tuvimos para útiles escolares, entregaba ese buen momento, colofón de la tormentosa noche previa al regreso a clases. Las madres quedaban extenuadas, al borde del vagido (y ni hablar si los hijos no eran dos, como en mi caso, sino 3 o 4).

La noche de este pasado domingo, mientras perdía el tiempo en Twitter para darme ideas sobre qué escribir en mi retorno a la revista Este País con mi espacio Boca de Lobo (que espero ustedes hagan suyo) vi un tuit del partido político Morena. Decía así: “Listas y listos para el regreso a clases. ¡Buen domingo a todas y todos! #CirculaEnRedes”.

¿Qué era lo que Morena quería que circuláramos? Seis etiquetas escolares, solo que en vez de Stranger Things o Peppa Pig, junto a los espacios para datos estaba la imagen 6 veces repetida de Andrés Manuel López Obrador. Etiqueta 1, en la época del desafuero. Etiqueta 2, joven y casual en los días de la toma de pozos petroleros. Etiqueta 3, sonriente con su esposa. Etiqueta 4: junto al Subcomandante Marcos. Etiqueta 5: como jugador de beisbol. Y etiqueta 6: riendo jocoso en la mañanera.

En una de esas se me hubiera activado una sonrisita (muy chiquita) por el tuit de no haber leído en las redes ciertos datos sobre el último ciclo escolar divulgados por organismos como INEGI, la Ibero y el Instituto Mexicano para la Competitividad:

* 5.2 millones de menores no ingresaron al pasado ciclo escolar.

* 2.2 millones de niñas, niños y adolescentes trabajan (fuera de la ley).

* Casi medio millón de mexicanos son analfabetos.

* Sólo 3 de cada 10 jóvenes acceden a la Educación Superior.

* Sólo 1.5% de los estudiantes que entran a Primaria ingresan con los años a un posgrado.

* Por cada 6 egresados sólo se genera un empleo.

* Sólo 10 de 32 estados tienen programas contra el rezago y la deserción masiva que detonó la pandemia.

* Somos el segundo país con mayor deserción escolar del continente.

Después de esos numeritos, mi mente volvió a las etiquetas de Morena. No sé qué me pareció más triste, si imaginar a una madre avisando a su retoño: “M’hijito, a tus útiles les voy a pegar la etiqueta del presidente” o a un niño pidiendo: “Mami, qué padre, vamos a pegar a mis cosas las etiquetas del presidente que nos regaló Morena”. 

Después me corregí: en realidad, Morena, en su culto a un monumento viviente según el cual todo crítico es adversario neoliberal y corrupto, al tuitear esas 6 etiquetas estaba, simplemente, haciendo una broma. Sí, en medio del desastre educativo, una broma (y que, para colmo, empañó mi dulce recuerdo del etiquetado. No hay perdón). EP

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