Sinapsis: Demodé

“El alejamiento de lo real es mi manera de salvarme.”

Texto de 20/01/20

“El alejamiento de lo real es mi manera de salvarme.”

Ludovica Squirru ya había dicho, desde octubre pasado, lo que podía prever para el 2020 (año de la rata de metal en el horóscopo chino). Pero lo que viene apenas empieza, se sabe. Recuerdo los meses de enero durante la infancia, me parecía inquietante volver a clases después de Navidad. Me miro sentada en la casa de Coyoacán con la vista puesta en el piano negro. Era una joyita de instrumento que no sé en dónde terminó. Decía París y decía 1900 en alguna parte. Mis hermanos y yo fuimos a clases de piano. Yo le tenía miedo a la maestra Florelia porque me regañaba si no me sentaba con la espalda bien recta. No di una a pesar de asistir durante un par de años a sus lecciones. Tiempo después, quise ser cantante, pero no me admitieron en la Escuela Superior de Música por razones que no alcanzo a rememorar.

La música me conmueve, aunque tengo los mismos discos desde los años noventa y me quedé en aquella época sin saber que el mundo seguía su camino. Lo mismo me ocurre con otros temas. A veces pienso que soy talentosa para ignorar que el tiempo pasa. Es decir, sé que el transcurso del tiempo es un hecho, pero bajo el tiempo real se desliza, a la manera de una serpiente, uno distinto que me lleva a aislarme e ignorar los lugares que son comunes, incluso para quienes tengo cerca.

El alejamiento de lo real es mi manera de salvarme. Supongo que si atendiera lo que se le reclama hoy a una mujer de casi cuarenta y cinco años me volvería loca. Por eso escucho todavía a mi tocaya Daniela Mercury, en particular su disco Frijol con arroz; por lo mismo espero que Cerati siga cantando desde mi computadora “quiero que me trates suavemente”. Las clases de solfeo deben haber servido de algo para mi estructura melódica, me digo. Asumirse como persona demodé tiene sus complicaciones. Antes de alguna de las sesiones de piano con la maestra Florelia, me pinté las uñas con plumón rojo. Había olvidado que por la tarde tenía clase y, en el camino a la escuela, me dediqué a lamerme los dedos para eliminar la tinta de las uñas. No tuve suerte, mi saliva no fue efectiva y la maestra Florelia me lanzó su mirada de rayo sobre los dedos condenándome a la ruina.

La rectitud de la espalda en las mujeres está relacionada con el uso del corsé en mi imaginario emocional. La espalda derecha y la cintura angosta. Las uñas pintadas de rojo en las manos de la estudiante de piano representaban el mal gusto para la maestra. Por aquella época, me dio también la gana de usar colorete e iba a la primaria con los pómulos iluminados de rosa pastel. Se lo robaba a mi madre: era un estuche precioso del color del nácar con el polvo comprimido y desgastado por el uso. Otra maestra, en la escuela de cada día, me reprimió por llevar fleco y cruzó el salón para engancharme un pasador en la cabeza. No recuerdo su nombre, pero tenía el pelo rizado y los ojos con rabia antigua.

En la preparatoria tuve la mejor maestra de literatura. Me expulsó de su clase porque fui demasiado inquieta. También me dijo que no me soportaba, y que yo a ella tampoco, así que lo mejor era separarnos, no vernos más, irnos al examen extraordinario y no volver a encontrarnos en un salón de clases.

Pasó el tiempo real y di clases en secundaria cuando cumplía mis veintiséis años. Al fondo del salón, le reclamé a cierta alumna por su comportamiento y le dije: ¿Crees que estás en tu casa, verdad? Y ella jaló la silla para subir los pies y me respondió: Ahora sí estoy en mi casa. Estuve tan preocupada en aquella época que conseguí fraguar en las palmas de mis manos una dermatitis nerviosa. El trabajo duró poco. Yo sustituía a la profesora titular que se había enfermado de gravedad.

El piano tenía las teclas de marfil. Debía sentarme al centro, por supuesto. Debía pensar que las notas eran la expresión de mi talento. Las maestras que tuve se parecen ahora a mí misma o yo me parezco a ellas. Pero seguiré sin atender las lecciones porque aprender no es supeditarse a las instrucciones, sino quebrarlas. La rata de metal del año 2020 andaba desde antes por el interior del piano negro. Feliz año nuevo. EP


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