Recomendaciones y reseñas

Recomendaciones Académicos e historiadores se dan cita en este libro para analizar la biografía y el legado de Francisco Xavier Clavigero. Radicado en Italia a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús, su orden, del territorio de la Corona española en 1767, Clavigero escribió en el exilio un texto que se convertiría en […]

Texto de 23/03/16

Recomendaciones Académicos e historiadores se dan cita en este libro para analizar la biografía y el legado de Francisco Xavier Clavigero. Radicado en Italia a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús, su orden, del territorio de la Corona española en 1767, Clavigero escribió en el exilio un texto que se convertiría en […]

Recomendaciones

Académicos e historiadores se dan cita en este libro para analizar la biografía y el legado de Francisco Xavier Clavigero. Radicado en Italia a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús, su orden, del territorio de la Corona española en 1767, Clavigero escribió en el exilio un texto que se convertiría en pieza fundamental de nuestra cultura: Historia antigua de México, obra en 10 tomos que ofrece una visión fascinante de los pueblos indígenas antes de la Conquista. Su exhaustiva labor de investigación y su capacidad expositiva, pero también su faceta científica y su pensamiento humanista son materias de los textos aquí reunidos. Los autores se refieren también al carisma del religioso veracruzano y a la complejidad del mundo que le tocó vivir, y destacan su contribución al conocimiento de las lenguas indígenas. Se trata de un valioso homenaje a un “hombre ilustre de la nación”.

Redacción Este País

Este libro reúne textos que surgieron de “la necesidad de hacer una revisión crítica y analítica de aquellas manifestaciones religiosas que se presentan en el contexto mexicano y latinoamericano”. Los especialistas en el estudio de las religiones que aquí participan muestran cómo las formas tradicionales de análisis de la religión han ido cambiando a lo largo del tiempo ante los distintos modos de apropiación, identificación y práctica. Los materiales compilados son resultado de los trabajos presentados en el xvii Encuentro de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (Rifrem), que se llevó a cabo en la uam en 2014. Abordan la diversidad religiosa, el papel de las mujeres en el ámbito religioso, la Iglesia católica y los medios de comunicación masiva, y las creencias relativas al culto de la Santa Muerte, entre otros temas. Sin duda una valiosa aportación al estudio de las religiones.

Redacción Este País

Reseña

¡Qué horror! El libro Orfandad, que acaba de editar Alfaguara, me ha hecho caer en la cuenta de que han pasado ya 30 años desde que se nos fue don Jesús Reyes Heroles. Lo he leído con la mayor devoción, no solo porque trata de un personaje por el que profesé gran admiración, sino también porque me puedo poner con menos dificultad en los zapatos de su hijo, el autor de la obra, en virtud de que mantuvo una relación con su padre de una intensidad similar a la que yo tuve con el mío. Lo mismo que Federico, yo me sigo sintiendo huérfano.

Además de enriquecer al lector con la valiosa información del propio bolsillo de Federico —junto con la que procede del archivo personal de don Jesús y del recuerdo de probos informantes—, Orfandad nutre el terreno sentimental con la transmisión del significado que tiene para su vástago el recuerdo de un hombre de tan gran valía.

Pero lo más bello del libro es que una cosa y la otra no corren por separado. Como se dice en la cuarta de forros, “ambas historias —la privada y la pública— llevan al lector por los laberintos personales y del porqué de ciertas decisiones públicas”. Es decir, se trenzan de una manera natural en un discurso terso como el néctar del agave.

Conste que, aunque podría serlo, pues al hombre de cuya vida habla le sobran méritos, este libro no es un homenaje propiamente dicho. Creo yo que se trata de un análisis subjetivo —que resulta de una pluma tan lúcida como lo es la de Federico— sobre un hombre de enorme y benéfica influencia en el México de la segunda mitad del siglo xx, lo mismo antes que incluso hasta mucho después de su fallecimiento.

Lo cierto es que don Jesús no aparece en estas páginas como un personaje de bronce, sino por completo de carne y hueso, moviéndose con su característica calma en los intríngulis de una política que, si bien le apasionaba, se solía practicar con un estilo alrevesado, muy diferente al suyo, que era prácticamente geométrico. Tal vez sobrevivía el antecedente claro y catalán que puede verse aún hoy entre los pobladores de aquellas bravas rocas mediterráneas de Vinarós.

Por cierto que, precisamente respecto a sus orígenes, surge uno de los poquísimos pelos en la sopa de este libro. No sé quién preparó el índice onomástico, muy útil para ulteriores consultas, pero es el caso que se olvidó de poner en él los nombres de don Jesús Reyes y don Vicente Heroles, llegados de España a fines del siglo XIX. Y de la hija de este último, Juana, ya nacida en Tuxpan, quien, además de casarse con el primero, resulta que engendró a nuestro personaje.

Hay también una ausencia que, personalmente, me hubiera gustado que no ocurriese: el papel fundamental de don Jesús en la creación del benemérito Sistema Nacional de Investigadores y en su concepción inicial que, para bien o para mal, se ha perdido un tanto de vista. Supongo que, según la experiencia de cada quien, todo mundo podría señalar sus propios faltantes. En este sentido valdría la pena recordar aquella expresión de mi maestro José Gaos: “A todo trabajo le falta el infinito menos el trabajo mismo”.

Un error que detecté, que no podría ser más dactilar, es el que se refiere precisamente al dedo con el que los refugiados españoles golpeaban la mesa para enfatizar su aserto: “Este año cae Franco”, y que se iba achatando de tanto hacerlo, según el genial caricaturista Abel Quezada. No era el pulgar —como dice el libro— sino el índice…

Personalmente, me dio un gran gusto saber de algunos modos íntimos de ser de don Jesús, como su torpeza manual y su dificultad para hablar otros idiomas. Me solidarizo porque es mi caso también. Tal vez eso haya coadyuvado a que don Jesús tuviera buena prosa. Ojalá se pudiera decir lo mismo de mí.

En cambio era ducho para leer en francés e italiano, por ejemplo, supongo que atendiendo a su ansia de saber lo que pasaba, se decía y se pensaba más allá de nuestras fronteras. De ahí su admiración por Mirabeau y los preciosos textos que nos legó sobre este, además, claro está, del chorro de luz que vertió sobre el liberalismo mexicano del siglo XIX y algunos de sus representantes, como es el caso de mi paisano Mariano Otero.

Esta oportunidad de adentrarme en el personaje —incluso más allá de lo mucho que permitió la recopilación de prácticamente toda su obra que hizo Eugenia Meyer, con su característica eficiencia, para el Fondo de Cultura Económica—, esta ocasión de acercarme al “padre y el político”, como dice Federico Reyes Heroles, me ha permitido recordar intensamente un mediodía inolvidable en el que tuve la dicha de compartir con él, hombro con hombro, la atmósfera de la tumba de don Jesús, con el rumor del Viaducto como música de fondo, y hacer una remembranza íntima de lo mucho que le debo como ser humano y, mayormente, como mexicano que soy por encima de todo.

José M. Murià

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