Perímetro de Seguridad

La Guardia Nacional, otro nuevo proyecto de seguridad   El término Guardia Nacional ha sido utilizado en muchos países. El ejemplo más cercano a México es el de Estados Unidos, en donde la Guardia Nacional está formada por milicias organizadas por los gobiernos estatales. Sin embargo, en algunos países como Rusia y Portugal tiene mayor similitud […]

Texto de 23/01/19

La Guardia Nacional, otro nuevo proyecto de seguridad   El término Guardia Nacional ha sido utilizado en muchos países. El ejemplo más cercano a México es el de Estados Unidos, en donde la Guardia Nacional está formada por milicias organizadas por los gobiernos estatales. Sin embargo, en algunos países como Rusia y Portugal tiene mayor similitud […]



La Guardia Nacional, otro nuevo proyecto de seguridad  

El término Guardia Nacional ha sido utilizado en muchos países. El ejemplo más cercano a México es el de Estados Unidos, en donde la Guardia Nacional está formada por milicias organizadas por los gobiernos estatales. Sin embargo, en algunos países como Rusia y Portugal tiene mayor similitud con una gendarmería, encargada de llevar a cabo labores de seguridad pública en las localidades. En el caso de México se busca fusionar al Ejército, la Marina, la Policía Federal, las policías ministeriales, estatales y municipales, para que todas estas corporaciones integren la nueva Guardia Nacional. Se pretende que esta nueva fuerza atienda no sólo delitos federales, sino también del fuero común, como asaltos y robos a casa habitación. Esta figura es distinta a todo lo que se ha implementado, tiene elementos de la Gendarmería Nacional, del Mando Único Policial y de la Ley de Seguridad Interior.

En México, cada sexenio cambian las instituciones de seguridad. Calderón sustituyó la Policía Federal Preventiva por la Policía Federal y creó la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). Peña Nieto disolvió la SSP y creó la Comisión Nacional de Seguridad, haciendo que la Policía Federal dependiera de la Secretaría de Gobernación. Además creó la División de Gendarmería Nacional y fue durante su sexenio cuando se aprobó la Ley de Seguridad Interior, que finalmente fue rechazada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Todos los presidentes quieren mostrar lo que pueden hacer y, definitivamente, ésta no será la excepción. Todo indica que regresará la Secretaría de Seguridad Pública, bajo el nombre de Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, y se creará la Guardia Nacional.

Un problema consistente a lo largo de los últimos años ha sido el combate al narcotráfico y al crimen organizado, pero no ha quedado claro cómo hará frente a esta cuestión la Guardia Nacional. Una de las grandes dificultades ha sido que las distintas instituciones tienen serios conflictos para coordinarse, a todos los niveles. Existen recelos entre el Ejército y la Marina, entre las policías estatales y locales, entre la Policía Federal y las estatales: es una situación muy compleja. Y esto no es algo exclusivo de México, pues en todos los países hay conflictos entre las instituciones de seguridad. Por ejemplo, en Estados Unidos, antes de 2001 había una gran rivalidad y la CIA no compartía la información sobre el terrorismo con el FBI. Esa falta de coordinación contribuyó a la fatalidad de los atentados del 11 de septiembre.

Aquí entra al juego la política burocrática y se vuelve imposible hacer que las dependencias trabajen juntas, pues los funcionarios toman decisiones con el fin de promover los intereses de su propia institución sobre los de otras. Las distintas agencias se pelean porque se consideran dueñas de un asunto, porque eso significa mayor presupuesto y todas las dependencias gubernamentales del mundo quieren más recursos. Es difícil que una burocracia le ceda poder a otra. Un claro ejemplo de esto es el fracaso del Mando Único Policial que, por ausencia de coordinación, tuvo que ser sustituido por el Mando Mixto. Muy pro-bablemente eso es lo que ocurrirá con la Guardia Nacional.

Otra razón por la que las dependencias no cooperan en México es la constante rotación de personal. Esta práctica no permite que se genere confianza entre las distintas instituciones. Es difícil que los miembros de una burocracia se coordinen cuando no se sabe con quién se está trabajando ni cuál será el futuro cargo de esa persona. De la misma manera, es menos probable que los funcionarios se comprometan con su cargo si existe la posibilidad de que sean trasladados a otro en cualquier momento. La rotación disminuye la productividad y la confianza, además de ser costosa para el Estado. Si no se resuelve este asunto, una Guardia Nacional nunca va a funcionar.

La otra posibilidad, aunque menos probable, es que la Secretaría de la Defensa Nacional cuente con grandes recursos y sea capaz de crear un mecanismo para dominar al resto de las instituciones de seguridad. En caso de que eso ocurra, México entrará en una situación permanente de “Ley de Seguridad Interior”, en la que el Ejército estará cumpliendo funciones de seguridad pública con una falsa apariencia de pluralidad. EP



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