Perímetro de seguridad. Es tiempo de volver a pensar en la bomba atómica

Con el fin de la Guerra Fría y en especial con el proceso de desarme que tuvo lugar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en los años noventa, la preocupación por las bombas atómicas disminuyó. Durante la Guerra Fría, la amenaza del uso de armas nucleares sirvió para dos propósitos: aterrorizar a la […]

Texto de 17/01/17

Con el fin de la Guerra Fría y en especial con el proceso de desarme que tuvo lugar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en los años noventa, la preocupación por las bombas atómicas disminuyó. Durante la Guerra Fría, la amenaza del uso de armas nucleares sirvió para dos propósitos: aterrorizar a la […]

Con el fin de la Guerra Fría y en especial con el proceso de desarme que tuvo lugar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en los años noventa, la preocupación por las bombas atómicas disminuyó. Durante la Guerra Fría, la amenaza del uso de armas nucleares sirvió para dos propósitos: aterrorizar a la población del país enemigo y como una forma rápida de destruir la capacidad de comando del otro país. Hoy en día, con el desarrollo de armas convencionales de alta precisión, no se requiere la bomba atómica para destruir la estructura de comando del enemigo. Vimos cómo en dos ocasiones (1990 y 2003) Estados Unidos deshabilitó por completo la capacidad de respuesta de Irak ante las invasiones norteamericanas, únicamente utilizando armas convencionales. Otra cosa que se evidenció con el uso de armas convencionales de precisión fue el no estar constantemente aterrorizados por un ataque nuclear.

Pero, a pesar de que durante la Guerra Fría nos encontrábamos al borde de un holocausto nuclear —puede sonar a una locura— había una “estabilidad nuclear” que se conocía como destrucción mutua asegurada (MAD por sus siglas en inglés). MAD significaba que, si un país atacaba a otro, la víctima del primer ataque siempre tenía la habilidad de contraatacar. Esto se llamaba capacidad de respuesta nuclear. De alguna manera, lo anterior mantenía un balance de terror. En los últimos tres años, sin embargo, la situación se está empezando a parecer de nuevo a la Guerra Fría, pero esta vez con una gran diferencia: no contamos con la estabilidad nuclear que existía entre 1945 y 1989.

MAD funcionó por las siguientes tres razones. La primera condición era que muy pocos países tenían armas nucleares, principalmente los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Los gobiernos de estos cinco miembros permanentes, afortunadamente, eran estables y actuaban de una manera responsable durante la Guerra Fría. Buscaban a toda costa evadir un holocausto nuclear. La segunda condición fue la existencia de los mecanismos internacionales de la no proliferación como, por ejemplo, el Tratado de Tlatelolco en México. La  tercera se refiere al control del desarrollo tecnológico de las armas nucleares. Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron varios acuerdos diseñados no sólo para limitar el número de armas, sino también para limitar el despliegue de tecnologías que pudieran desestabilizar el balance de poder.

Hoy en día, estas tres condiciones ya no existen. Para empezar, durante la Guerra Fría, la mentalidad de los líderes era la de no usar sus armas nucleares y su único propósito era de disuasión. Hoy tenemos líderes psicológicamente inestables que han amenazado con usar sus armas nucleares, como los de Irán y Corea del Norte. Segundo, la proliferación de armas nucleares se ha multiplicado. El peligro es que varios de estos líderes tienen disputas territoriales constantes con sus vecinos como India y Pakistán, Corea del Norte y Corea del Sur, así como Irán con varios países del Medio Oriente. Aparte, debido a que hoy en día se ha vuelto muy fácil la construcción de estas armas, no sabemos en realidad quién las tiene. Es factible que grupos terroristas puedan tener acceso a ellas. En tercer lugar, la tecnología ha avanzado tanto que, para el caso de los Estados Unidos y Rusia, sus armas nucleares son tan precisas que pueden destruir los comandos de control, así como eliminar la posibilidad de que el otro país pueda responder ante un ataque nuclear.

Además, destaca el hecho de que muchos de los países que tienen ahora armas nucleares no cuentan con sistemas de redundancia para poder manejar apropiadamente los lanzamientos de misiles nucleares. Estos países (como Corea del Norte y Pakistán) están utilizando tecnología de comando nuclear que los estadounidenses y soviéticos desarrollaron durante los años cuarenta y cincuenta. Los sistemas de comando avanzado son muy importantes para poder identificar falsas alarmas. En varias ocasiones, durante la Guerra Fría, los estadounidenses y soviéticos recibieron falsas alarmas sobre lanzamientos. Pero como tenían sistemas de redundancia y sistemas de comando avanzados, podían identificarlas a tiempo y evitar un lanzamiento basado en información incorrecta.

Parece entonces que estamos ante una nueva carrera armamentista, pero esta vez más alarmante. Varios poderes nucleares cuentan con líderes inestables y tenemos una proliferación masiva al punto de no saber si grupos terroristas tienen armas atómicas. Finalmente, los avances tecnológicos han hecho imposible el mantenimiento de la estabilidad nuclear. Crecí en Canadá durante la Guerra Fría teniendo miedo de un holocausto nuclear, pero con la esperanza de que MAD mantuviera la paz. Ahora ese miedo ha vuelto, ya que esta vez MAD no va a funcionar. Me preocupa el futuro que le espera a mi hijo de 13 años. EstePaís

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Athanasios Hristoulas es profesor-investigador en el Instituto Tecnológico Autónomo de México.

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