Otras derivadas del terrorismo islamista

Dos días después del atentado perpetrado en París en febrero de 2015 por tres terroristas islamistas que provocaron la muerte de 12 personas —la mayoría periodistas de la publicación satírica Charlie Hebdo—, en varias tertulias políticas de radio y televisión se planteó como tema de discusión si la reacción de los políticos y los ciudadanos franceses […]

Texto de 22/01/16

Dos días después del atentado perpetrado en París en febrero de 2015 por tres terroristas islamistas que provocaron la muerte de 12 personas —la mayoría periodistas de la publicación satírica Charlie Hebdo—, en varias tertulias políticas de radio y televisión se planteó como tema de discusión si la reacción de los políticos y los ciudadanos franceses […]

Dos días después del atentado perpetrado en París en febrero de 2015 por tres terroristas islamistas que provocaron la muerte de 12 personas —la mayoría periodistas de la publicación satírica Charlie Hebdo—, en varias tertulias políticas de radio y televisión se planteó como tema de discusión si la reacción de los políticos y los ciudadanos franceses nos provocaba envidia a los españoles. Se establecía así una relación implícita entre lo ocurrido en París y lo que había pasado en Madrid en marzo de 2004, cuando varios terroristas atentaron en diversos trenes provocando una masacre en la que murieron 192 personas y mil 858 resultaron heridas. En el caso de París, hubo unidad en la condena y ni una fisura. En el caso español, algunos partidos cuestionaron la política del Gobierno del Partido Popular (PP) y la gestión de lo ocurrido, se alteró la jornada de reflexión (ocurrió tres días antes de las elecciones) y se produjeron manifestaciones multitudinarias contra lo que se consideraba una mentira del Gobierno, que en primer lugar imputó la autoría a eta, cuando en las horas siguientes se supo que se debía a terroristas islamistas.

Así expuestas las cosas —tal y como probablemente estén en la memoria de una buena parte de los españoles—, se podría tener la tentación de afirmar que la reacción de los franceses nos provoca envidia. Y, a partir de ahí, derivar la discusión hacia la descalificación de determinadas formaciones políticas, destacar la falta de madurez democrática del país, cuestionar si España es o no un gran país, con capacidad de reacción, unido ante un ataque de estas características.

Sin embargo, ¿es intelectualmente responsable participar de un debate planteado en esos términos? Un pensador crítico cuestionaría, en primer lugar, la pertinencia de la pregunta. En principio podríamos concluir que lo es. Pero no deberíamos perder de vista que no parece muy sólido, desde una perspectiva argumental, equiparar dos situaciones que pueden resultar parecidas pero que tienen elementos sustancialmente diferenciadores. En Francia se conoció la autoría de inmediato; en España, no; el atentado en Francia estuvo localizado y se dirigió a un objetivo que había sido amenazado; en España, la manera de atentar provocó el caos y el desconcierto; en Francia no se dieron versiones distintas de los hechos; en España, sí; en Francia no había unas elecciones a la vista —circunstancia que, objetivamente, altera el ritmo normal de los acontecimientos—; en España, sí; en Francia los medios no sintieron la obligación de verificar ni la autoría de los hechos ni las declaraciones del Gobierno; en España, sí.

No todas las diferencias son igual de contundentes, pero parece innegable que dibujan contextos distintos. Se podrá razonar que, en esencia, estamos hablando de la reacción ante un atentado terrorista. Pues no. Las cosas no son tan simples y las circunstancias que rodean a los acontecimientos introducen variables, matices, que afectan la “esencia” de lo que ocurre.

Una situación muy parecida se reprodujo el pasado mes de noviembre con motivo de los atentados en varios restaurantes, una sala de conciertos y las inmediaciones del estadio de fútbol de París.

Los ciudadanos europeos se están haciendo muchas preguntas; se ha extendido una sensación de inseguridad en toda la Unión Europea; los atentados que se han producido en el norte de África pueden contribuir a transmitir la idea de que estamos rodeados, la certeza de que habrá más, y una sola duda: ¿cuándo y dónde? Quizás esto forme parte de la estrategia de los grupos que utilizan el Corán para justificar los atentados. Los medios de comunicación tienen una extraordinaria responsabilidad al abordar el análisis de una situación tan compleja en su origen como en sus ramificaciones, juegos de interés y solución. Cualquier variable que se aleje de esas perspectivas puede ser admisible, pero habrá que determinar si resulta relevante y pertinente. Porque algunos de los medios que establecieron una falsa analogía (o sea, una falacia) entre lo ocurrido en París y en Madrid para cuestionar la actitud de ciertos ciudadanos y partidos políticos españoles fueron los mismos que no tuvieron problema para mostrar imágenes de los cuerpos destrozados en la estación de Atocha. Este autor no vio ni una sola imagen parecida difundida por los medios de comunicación franceses.

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