No alcanza el agua

La escasez de agua es una realidad que cada vez se vuelve más grave, ¿qué podemos hacer? En este texto, Claudia Campero y Jimena Silva explican por qué este problema ha crecido y qué debemos hacer para abordarlo.

Texto de and 22/03/22

La escasez de agua es una realidad que cada vez se vuelve más grave, ¿qué podemos hacer? En este texto, Claudia Campero y Jimena Silva explican por qué este problema ha crecido y qué debemos hacer para abordarlo.

Rocío Zamora tiene 47 años y vive en Azcapotzalco. Ella, como muchas otras mujeres, dedica muchas horas a labores de cuidados y domésticas. En abril de 2021 nos compartió: “No nos alcanza el agua que recibimos. Cuido a mi mamá que es una persona de la tercera edad y a mis hijas. Falta muchísimo, muchísimo, el agua. Ya llevamos dos meses así”. 

La falta de agua en Ciudad de México (CDMX) está lejos de ser una novedad. Es una realidad que afecta a miles de habitantes de la ciudad en mayor o menor medida. La distribución del agua es muy desigual: hay colonias donde el acceso es continuo, pero otras donde llega una o dos veces por semana o menos. Al interior de estas viviendas donde no alcanza el agua son las mujeres quienes cargan con la responsabilidad de resolver el problema. María Lemus se dedica al hogar, tiene hijos y vive en Iztapalapa. Externa con preocupación: “nos llega cada tercer día, tengo un tinaco y debo checar que esté lleno… y no nos alcanza bien el agua”. 

El diagnóstico del problema frecuentemente se enfoca en temas de presupuesto e infraestructura que, sin duda, son relevantes. Sin embargo, olvidamos que el agua es parte de un ciclo. Este ciclo —que nos explican desde primaria— supondría que siempre habría agua; ¿qué falla?, ¿por qué no alcanza? Lo que sucede es que el ciclo del agua ha sido intervenido, las rutas del agua han sido modificadas: los ríos entubados, los suelos cubiertos de cemento, la vegetación reducida a su mínima expresión. Además, el agua es acaparada y contaminada indiscriminadamente.

“…el ciclo del agua ha sido intervenido, las rutas del agua han sido modificadas: los ríos entubados, los suelos cubiertos de cemento, la vegetación reducida a su mínima expresión”.

Estar en CDMX sin agua suficiente es vivir con estrés hídrico y es consecuencia de que el volumen de agua disponible no alcanza para todos los seres vivos que la necesitan. Cuando ocurre esto, nos apresuramos a buscar soluciones que desafortunadamente modifican aún más el ciclo del agua, como traerla de otras regiones o extraer más agua de los pozos. El abuso del uso del agua genera sobreexplotación y daña la Cuenca del Valle de México. 

Por ejemplo, el agua que no vemos es el agua subterránea y es de vital importancia para CDMX porque dependemos en más del 60% ((Lartigue Baca, Cecilia. Sobreexplotación de mantos acuíferos en la CDMX, causa fractura de tuberías y fugas de agua. Boletín UNAM-DBCS-212. Ciudad Universitaria, 2017.)) de esta para quitarnos la sed. Ese porcentaje de dependencia tan alto implica el bombeo diario de más de cuatro mil pozos para diferentes usos en la cuenca del Valle de México. ((El equilibrio hidrológico cuenta, A.C. Un nuevo paradigma frente a los retos del agua en el Valle de México. Fundación Río Arronte, UNAM, IPN, Gobierno de la Ciudad de México, 2020.)) Cuando sobreexplotamos esa agua, ganamos una falsa sensación de que estamos cubriendo los volúmenes de agua para satisfacer las necesidades de la población; sin embargo, la realidad es que al exprimir de más las reservas subterráneas, la cuenca solo recupera la mitad lo que representa una pérdida equivalente a un recipiente diario del tamaño del estadio Azteca lleno de agua. Una consecuencia directa es el hundimiento de la ciudad.

Por otro lado, en teoría, para evitar este hundimiento nos hemos vuelto dependientes de traer agua del Sistema Cutzamala, una compleja obra de ingeniería que requiere el bombeo más del 20% del agua que usamos a una altitud de mil metros para llegar a la ciudad. Todo este bombeo es electricidad que, en su mayoría, se produce quemando combustibles fósiles. Esta contaminación es la responsable del calentamiento global y la crisis climática que trae mayores retos a la gestión del agua. 

“la realidad es que al exprimir de más las reservas subterráneas, la cuenca solo recupera la mitad lo que representa una pérdida equivalente a un recipiente diario del tamaño del estadio Azteca lleno de agua”.

¿Qué hacemos? Necesitamos regenerar la cuenca que, junto con la justicia social, puede permitirnos atender esta crisis y redistribuir de manera más justa del agua. Y es que, además de cuidar y regenerar la cuenca, las soluciones implementadas deben considerar que la falta de acceso al agua potable es un problema de desigualdad manifiestado tanto en el campo como en la ciudad y va más allá de la disponibilidad física: incluye decisiones políticas, infraestructura y desigualdad de género. 

Para regenerar la cuenca necesitamos inspirarnos en el ciclo del agua y buscar cambios que permitan precisamente regresar esa función de aprovechar y devolver el agua para seguir su camino y que sea nuevamente utilizada. En términos prácticos, esto incluye diversas acciones como mantener las áreas verdes y los suelos de conservación, tratamiento y reutilización de aguas residuales, captación de agua de lluvia. Que sea la vegetación, los ríos y humedales los que le ganen espacio al cemento, en vez de lo que ha ocurrido desde hace décadas. Esto nos permitirá mejorar las posibilidades de la ciudad de que alcance el agua. ((Campero Arena, Claudia y Silva Pastrana, Elda Jimena. Guía agua y clima para involucrarte en tu ciudad. Greenpeace México y Colectivo Agua y Clima, 2021.))   

No obstante, insistimos en que además de todas estas acciones ambientales requerimos asegurar la distribución justa: el contexto actual debe cambiar. Ser parte del 70% de los capitalinos con menos recursos económicos que tienen menos de 12 horas de agua disponible por día, ((Dávila Lorenzo. Ciudad de México, sin agua. Ágora, 2019.)) agrega trabajo extra para las mujeres que cargan con la responsabilidad de obtenerla —ya sea realizando el trámite para obtener el servicio de pipas, acarrear agua o comprar garrafones de agua potable—. Aunque tengan poca agua, las mujeres buscan la manera de distribuirla para cocinar, para alimentar a la familia, para limpiar la casa, lavar la ropa, para las descargas del baño, para mantener la higiene de los hijos, cuidar a las mascotas y las plantas, sin olvidar también gestionarla para cuidar a las personas de la tercera edad, así como a personas enfermas. Esta importante gestión del agua que hacen las mujeres para que alcance el agua en realidad se da a costa de un promedio de 50 horas semanales invertidas sin remuneración económica, lo que casi triplica el número de horas que los hombres dedican a dicha actividad. ((Garfias Margarita y Vasiléva Jana. Trabajo y justicia social. 24/7 De la reflexión a la acción, por un México que cuida. Friedrich Ebert Stiftung, #YoCuido México y Red de Cuidados en México, 2020.)) 

Andrea Frías, vive en Coyoacán, dedica tiempo completo a labores de cuidado y a labores domésticas, su sentir nos permite entender mejor cómo la falta de agua afecta de forma diferenciada a las mujeres: “Cuido a mi familia, a mi esposo e hijo. Los mayores retos están en no poder tener un trabajo de tiempo completo, tardar más tiempo en concluir mis estudios, impedimento para dedicarme a actividades de mi gusto, es un desgaste mental y emocional… No tener agua me afecta económicamente pues tenemos que destinar a la compra de agua. Quedamos más propensos a enfermarnos de COVID y de cualquier enfermedad”. 

Efectivamente, con la pandemia, la situación se agravó. Sabina, de la alcaldía Benito Juárez, nos comentó: “Llevo varios años estudiando el tema del agua, pero nadie te prepara para no sentir miedo. Mi mamá planeó muchos meses para visitarme. Ese domingo sólo teníamos media cubeta para el baño; le dije, y ella respondió: ‘Bueno, te llevo un tambo de agua’. ¿Será que las visitas ya no serán de ‘te traigo algo’, sino de ‘te traje agua’?”.Con la crisis climática, el panorama será aún más difícil pues aumentan tanto sequías como inundaciones. Para alejarnos del día en que más y más personas se queden sin agua debemos actuar ya. En nuestro hogar podemos cosechar agua de lluvia, disminuir el consumo, aumentar el ahorro del agua, promover la educación socioambiental y la distribución equitativa de las tareas del hogar. En tu comunidad, la participación ciudadana es importante para exigir la regeneración de la cuenca, la conservación de ecosistemas y protección de suelos de infiltración. Para una justa distribución del agua y la regeneración de la cuenca necesitamos, además, exigir a las autoridades cambios sustantivos en el manejo del agua que aseguren que en las zonas de la ciudad que cotidianamente tienen problemas de acceso sí alcance el agua. EP


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