La carroña del chacaleo

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 03/11/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Los chacales, mamíferos parecidos a los coyotes, se alimentan de carroña. De carne podrida, atestada de bacterias que se reproducen en la descomposición y causan hedor. Pero en el español la “carroña” ha ampliado su alcance: además del inmundo alimento de esos chacales significa, también, “persona, idea o cosa ruin y despreciable”.

Por eso dudo que exista en el periodismo y en cualquier profesión una palabra más denigrante que “chacaleo”: una manada de reporteros que rodean, impugnan, atropellan, acosan a una persona pública, lo mismo luminosa como Malala Yousafzai que siniestra como Harvey Weinstein.

Pero no debe ser fácil encontrar en el planeta un periodista que nunca haya hecho un “chacaleo”, que es el nombre de esa acción. Tarde o temprano, al menos una vez en años o todos los días durante años, nos hemos visto alargando la grabadora o el micrófono para atrapar de perdida un “sí” o un “no” o inclusive cualquier cosa, un estornudo, para luego llevar ese audio -sea un gruñido, un monosílabo, una frase furiosa, una tontería, una mentira- a la redacción para auto engañarnos en la falsa creencia de la misión cumplida. Es decir, los periodistas al menos en ese instante actuamos como “chacales” persiguiendo a quien en este caso no tiene escapatoria: a la carroña, al ser atacado no con mordeduras, lengüetazos, dentelladas, sino con preguntas que son parecidas a todo eso. Es decir, fuente informativa = carroña, “persona ruin o despreciable”, según el diccionario. Si nos ajustamos a la semántica hay una especie de juicio sumario implícito en el chacaleo: el individuo al que se exigen palabras suele ser una persona non grata (sobre todo porque rechaza hablar), aunque sea un ángel con alitas, aureola, túnica blanca y sandalias doradas. En nuestro favor, no conozco un solo periodista que me haya dicho que disfruta chacalear; al contrario, es una condena, un espantoso derecho de piso a pagar, y más que estirar la mano con la grabadora quisiéramos que nos trague la tierra. En nuestro favor podemos decir que en un país cuyo poder oculta la verdad el chacaleo es una salida desesperada.

Ayer encendí la radio y escuché cómo Claudia Sheinbaum llegaba a Colima para la toma de protesta de la gobernadora Indira Vizcaíno. No había duda de lo que estaba viviendo la jefa de gobierno de esta capital. Por el griterío, las palabras arrebatadas, las preguntas encimadas, el audio deficiente, el ruido ambiente, supe que lo estaba padeciendo: “Un horrible chacaleo”, pensé. Humillante para ella y el gremio. 

Pero faltaba más, el calabozo de nuestra profesión apenas se vislumbraba. La pregunta de ese chacaleo que se escuchó nítidamente era ésta: “¿México está preparado para un presidente mujer?”.

En el año 2021, en el país que castiga sistemáticamente a la mujer con abusos de toda índole, resulta que esa pregunta, formulada por un reportero hombre, es válida. Ningún colega le dijo nada.

Uno entendería que un reportero preguntara, “¿México está preparado para un nuevo terremoto?”, “México está preparado para el ciclón que se aproxima?”, “¿México está preparado para la vuelta del PRI?”, “México está preparado para otra pandemia?”. 

Expliquémonos. Es razonable preguntarse y preguntarle a la autoridad, a los especialistas, si México (o cualquier sociedad) está preparado para un cataclismo. Porque prepararse es prevenir, y la prevención es la mejor estrategia ante el peligro. ¿Pero México tiene que prepararse con especial esmero para que una mujer, es decir una persona de sexo femenino, sea presidenta, solo por su sexo? Si hacemos esa pregunta, lo que estamos diciendo es que si una mujer nos dirige estamos frente una amenaza: asumimos que ella es, como todas las otras mujeres, un cataclismo en potencia (¿Por qué? ¿Por la ignorancia del género, por su incapacidad, por alguna tara de ese sexo que en el hombre no ocurre?). Y entonces, de ese cataclismo más vale prepararnos, cuidarnos.

México ha tenido 63 presidentes hombres, y somos este país que hace agua en proa, popa, babor y estribor. En todo caso, una pregunta algo más sensata sería si estamos preparados para tener un sexagésimo cuarto presidente hombre. ¿Por qué? Porque todos ellos (más la inmensa mayoría de quienes ejercen cargos públicos) han tenido genitales masculinos, y seguimos en el naufragio eterno. Estadísticamente y bajo la perspectiva que observa la competencia según el sexo, qué desgracia un falo más al poder.

A la pregunta que el reportero hizo en Colima, “¿México está preparado para un presidente mujer”, Sheinbaum respondió: “desde hace mucho”. Aunque pudo estallar de furia, soltar un insulto por todos los aires, la jefa de gobierno dijo eso, que implicaría que antes de ese “mucho” México no estaba preparado para una presidenta y tras ese “mucho” ya lo está. Seguramente ante el coraje guardó los modos.

Sin embargo, ¿el vacío neuronal de un reportero en específico y su pregunta violenta y discriminatoria es suficiente motivo para todo este texto? Quizá no. El verdadero problema fue que medios de comunicación a montones, nacionales e internacionales, replicaron en mil variables idéntico encabezado: “Dice Sheinbaum que México está preparado para una presidenta”. O lo que es lo mismo, “México ya está protegido del peligro de una mujer poderosa, según ella”. El encabezado masivo avaló el ataque a la mujer.

De esa magnitud fue la carroña en el chacaleo de Colima. EP

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