Vacuna… eres tú

Primero la pandemia, luego el confinamiento, luego la vacunación y así un periodo interminable de desconocimientos y reconocimientos de lo que somos como especie humana. Daniela Tarazona dio su brazo al piquete de la Cansino y eso la hace reflexionar sobre el experimento de nosotros mismos que somos.

Texto de 24/06/21

Primero la pandemia, luego el confinamiento, luego la vacunación y así un periodo interminable de desconocimientos y reconocimientos de lo que somos como especie humana. Daniela Tarazona dio su brazo al piquete de la Cansino y eso la hace reflexionar sobre el experimento de nosotros mismos que somos.

En el reino de la nueva normalidad se exigen hojas con vacunaciones recientes. Vamos siendo legibles para los otros. De regreso, en el mundo que desapareció, se levanta ante nuestros ojos el recién forjado entorno. Habrá que demostrar antígenos, habrá que ser poco tóxico o tóxica, habrá que recibir el hisopo en la nariz con gentileza. Nos encontramos vencidos por nuestro propio contagio.

“Hubo una época anterior, en el trance inicial de la pandemia, cuando soñamos en conjunto.”

Hubo una época anterior, en el trance inicial de la pandemia, cuando soñamos en conjunto. Si hablábamos con los semejantes, podíamos atestiguar que los sueños eran una actividad común. A mí me quedó ese resabio y, en días recientes, soñé que iba en una nave y que en la misma fila que yo estaban sentados varios personajes impresentables para la voz mayor de nuestra cuarta transformación. No quiero exculparme para decir que habito un mundo distinto a los impresentables referidos. Quiero, en cambio, destacar que la nave se encontraba habitada también por decenas de militares en funciones. Más de cien fuegos, habrían podido hacer miles de fuegos con todos nosotros a bordo. 

En un momento importante del delirio, voces no identificadas nos daban aviso a nosotros, los pasajeros, que atravesaríamos la cuarta pared. Y lo hacíamos. De pronto, yo veía con terror la manera en que el cuerpo de la viajera de enfrente se adelgazaba y estiraba y reducía y notaba que a mi cuerpo le ocurría lo mismo. Luego estábamos frente a una pared de colores que era, qué duda cabe, la cuarta pared.

“La vigilancia tiene lugar, oportunidad y dinero. La vigilancia es la publicidad o viceversa.”

Me gustaría conocer algunos sueños de personas extrañas. Que me contaran si han visto algún signo de cuartas paredes o dimensiones paralelas. Atribuyo este sueño a acontecimientos próximos como son: un viaje por venir, la aparición de mi tercera novela, la nueva normalidad y el cansancio propio del día a día. Los militares son cosa obvia —ya se sabe que buena parte del presupuesto federal ha ido a dar a las arcas de ellos—. La vigilancia tiene lugar, oportunidad y dinero. La vigilancia es la publicidad o viceversa. (No por azar, el rockero Roger Waters fue convocado por el señor Zuckerberg para comprarle una canción y usarla en el Facebook a placer. Pero, ya se supo que Waters mandó al cuerno al señor Zuckerberg).

En el reino de la nueva normalidad ya importan poco los datos personales. Es decir: como en la vida digital estamos convertidos en productos de compra y venta, la vigilancia se ha concentrado en los cuerpos. Nuestros organismos sudorosos y salivosos, nuestras mucosidades, son ahora la única fuente de la verdad. Las células que sí rifan, las escoriaciones que siempre dicen algo cierto. El gen, el escupitajo, la información única de los cuerpos vivos.

Yo supongo que la convivencia de los impresentables y los militares que iban a bordo de la nave que soñé indica algo de esto que digo: los poderosos son policías de los policías y estos, a su vez, vigilan los movimientos de los poderosos. En medio de ellos está la clase media hecha sándwich… Podríamos (sí, sí hubiéramos podido) hacer algo al respecto, pero que se nos disculpe porque nos distrajimos dando likes. Ya es demasiado tarde para salvar el recuerdo de la película The Wall, ¿es demasiado tarde, Roger Waters?

“Pienso que somos un experimento de nosotros mismos. Las vacunas son muestra de que podemos sobrevivir al virus del demonio, pero no conseguiremos eludir la malévola influencia de otros virus orgánicos y mentales.”

Yo creo que la película del momento es parecida a Gattaca. Mis pelos revelan mi identidad y mi alcance verídico. Las escamas de piel que dejo sobre el escritorio hacen constar a cualquier perito experimentado que estuve aquí escribiendo. Por eso dije que sí a la vacuna. Entregué mi brazo al piquete de Cansino y que los dioses me acompañen (además de la historieta de El Fisgón acerca de las porquerías que tragamos y que nos dejaron en la silla de observación mientras esperábamos no afiebrarnos). Pienso que somos un experimento de nosotros mismos. Las vacunas son muestra de que podemos sobrevivir al virus del demonio, pero no conseguiremos eludir la malévola influencia de otros virus orgánicos y mentales. Por eso, a estas alturas del año y medio post y ultra pandémico, no queda otra alternativa más que hacer grupos de Whatsapp, dar likes y dejar un espacio para salir a que nos dé el aire. Afuera se encuentra lo de siempre, pero es nuevo y es normal, es decir, ocurre que la saliva de los demás se encuentra ahora más tóxica y las gotículas citadas por el Dr. Gatell son referencia obligada para el asco. Tratemos de ver más allá, lectoras y lectores, tratemos de pensar con optimismo y decir: “yo ya me vacuné y estoy más cerca de las vacas que del cielo”. EP

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