Merlin Donald y el Rubicón cognitivo

Merlin Donald es un neurocientífico y psicólogo de la Queen’s University de Ontario, Canadá, donde ha sido distinguido como profesor emérito. Ha publicado dos libros, Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition (Harvard University Press, 1991), y A Mind So Rare: The Evolution of Human Consciousness (Norton, 2001), que han sido merecedores […]

Texto de 22/11/17

Merlin Donald es un neurocientífico y psicólogo de la Queen’s University de Ontario, Canadá, donde ha sido distinguido como profesor emérito. Ha publicado dos libros, Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition (Harvard University Press, 1991), y A Mind So Rare: The Evolution of Human Consciousness (Norton, 2001), que han sido merecedores […]

Merlin Donald es un neurocientífico y psicólogo de la Queen’s University de Ontario, Canadá, donde ha sido distinguido como profesor emérito. Ha publicado dos libros, Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition (Harvard University Press, 1991), y A Mind So Rare: The Evolution of Human Consciousness (Norton, 2001), que han sido merecedores de un amplio reconocimiento internacional. En ellos explora los orígenes de la cognición humana en su doble dimensión filogenética e histórica.

En Origins of the Modern Mind, Donald propone su tesis sobre la evolución cognitiva de nuestra especie destacando una secuencia de tres etapas esenciales: mimética, mítica y teórica. La fase mimética se articula alrededor de la memoria voluntaria y del control consciente de los movimientos del cuerpo. La producción y reproducción de herramientas líticas, por ejemplo, se explica, según el neurocientífico, por una combinación de estas capacidades: un observador se lleva en la memoria la herramienta que vio producir a otro y puede entonces, voluntariamente, copiarla. Pero la capacidad de transportar en la memoria un proceso conlleva una dimensión representacional que eventualmente se desarrollará como sistemas de comunicación simbólica. El mismo cuerpo irá desarrollando, a través de su gestualidad, sistemas de comunicación entre nuestros ancestros que les permitirá cruzar el “Rubicón cognitivo”, expresión que Donald aporta para indicar que, en cierto momento, aquellos antepasados fueron capaces de romper esa especie de prisión cognitiva propia de la incapacidad para comunicarse intencionalmente entre ellos.

La fase mítica sucede a la mimética y, esencialmente, se articula alrededor del universo que abrió la puerta a la presencia de la lengua oral. La oralidad no inhibió la mímesis, sino que la incorporó como pieza importante de sus recursos simbólicos y comunicativos.

Finalmente, la fase teórica abandona ya el decurso filogenético y entra de lleno en el desarrollo social y cultural a partir de la creación de soportes externos de la memoria. Desde luego, la posición de centralidad aquí la detenta la escritura que, con el paso del tiempo, se tornó un espejo metacognitivo. El producto más importante de esta fase es el pensamiento teórico.

En un capítulo de su autoría, “The Central Role of Culture in Cognitive Evolution: A Reflection on the Myth of the ‘Isolated Mind’”, Donald cuenta que su toma de conciencia de la importancia de la cultura para el desarrollo cognitivo fue tardía y ocurrió al darse cuenta de que su disciplina de base, la neuropsicología, estaba anclada a la hipótesis de una mente solipsista, como si todo estuviese escrito en los genes.

En A Mind So Rare, el psicólogo de la Queen’s University argumenta con mucha intensidad sobre el papel protagónico de la cultura en la cognición humana. Aquí es tangible la influencia de Lev Vygotsky, quien sostenía que la mente humana es resultado de un proceso de interiorización de los recursos culturales del medio en que tiene lugar el desarrollo de una persona. La educación, entonces, sería una sistematización (parcial) de este proceso de interiorización. La escritura y el sistema numérico posicional, por ejemplo, terminan siendo parte consustancial de una mente educada. Desde luego, la apropiación de la lengua oral es una manifestación temprana de ese proceso de interiorización que Donald describe como “afuera/adentro”. Antes, empero, hay un primer “afuera/adentro”: a lo largo y ancho de nuestra dilatada ruta filogenética, el universo trabajó como un escultor sobre el sistema nervioso fijando en él su propia imagen y arrojando como consecuencia que éste pudiera generar respuestas viables frente a su entorno. Ése es el nivel de inteligencia analógica tan caro a Merlin Donald.

Ahora bien, desde los conglomerados más simples hasta las megaciudades de hoy, la acción incesante de nuestros ancestros y contemporáneos ha saturado el espacio con nuestra propia imagen; allí la inteligencia simbólica alcanza un considerable grado de autonomía creando la impresión de que ella genera nuestro campo semántico.

La obra de Donald se desarrolla entre esos polos que permanentemente la tensan, ofreciendo al final un puerto intermedio: la naturaleza híbrida de la condición humana. Somos seres simbólicos pero no somos ángeles. EP

1. En L. Nucci (ed.), Culture, Thought and Development, Lawrence Erlbaum Associates, 2000, pp. 19-38.

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Luis Moreno Armella es doctor en Ciencias y es jefe del Departamento de Matemática Educativa   del Cinvestav.

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